jueves, 16 de abril de 2020

Diario del confinamiento, recetas para pasar un Covid19

Diario del COVID19
Empezar a escribir un diario no es fácil: hay que encontrar el soporte (físico o virtual) y estar motivado para escribir.

Durante la cuarentena forzada de esta enfermedad mundial y cruel que se ha denominado COVID19 se me han ocurrido muchas cosas para aprovechar el tiempo, pero me he dado cuenta de que no dispongo de mucho más que antes para ello.

Teletrabajar por la mañana y quedar estresado y taquicárdico, con aumento de presión arterial e indignación por las consultas de los ciudadanos que piden ayuda, entre desesperados, confusos y cínicos, hace que busque en el café descafeinado, las siestas y el ajedrez por Internet el necesario asueto.

Después, Twitter y los memes ocupan mis horas, aunque me haya prohibido a mí mismo ver el aparato propagandístico del Nuevo Orden Mundial versión local llamado mierdavisión (TVE, La Sexta y basuras del mismo percal).

Sánchez Castejón mostrando a los españoles
cómo usar una mascarilla
No quiero ver las comparecencias de un presidente del Gobierno inepto y narcisista sermoneándome en plena crisis sobre si el consumo de keroseno ha bajado o los niños han aprendido a lavarse más las manos, mientras se acumulan los muertos en los hospitales, los domicilios y las residencias de ancianos hasta los 20.000.

Tampoco a un vicepresidente abyecto rebañar cuotas de poder aprovechando la confusión de una oposición acojonada y acusando al anterior gobierno de falta de inversión en asistencia sanitaria mientras intenta medrar en los escombros del país.

Ni tampoco soy capaz de soportar la arcada emética de ver al ministro de Fomento hacer una cobra de chiste a la portavoz del Gobierno como si fuera a besarla en plena pandemia.

Es una aberración democrática tener a un tipejo como Tezanos al frente del Centro de Investigaciones Sociológicas, simplemente porque es un conocido afín al gobierno caótico y errático del PSOE, así que rechazo ver también esas encuestas y el goteo incesante de muertos.


Portada del disco de Estopa
Hay muchas más cosas que hacer durante este confinamiento que no sean aplaudir como soplapollas en los balcones a las 8 de la tarde, ni reventar el silencio con la invasiva y machacona cantata de Resistiré, cuando debiera ponerse Tonto de Estopa a volumen moderado.

Algunas de ellas son escribir cosas que se nos ocurran, llamar a los familiares y amigos con los que estábamos distanciados, hacer un nuevo grupo de Whatsapp para poner paridas o hacer recetas y publicarlas.

A mí me han salido tres, a ver si os gustan. Y si no, seguro que tendréis tiempo de sobra para buscar otras.

Las dos primeras se enmarcan dentro de lo que son las recetas más populares de la Semana Santa castellana.

Una es una revisión del potaje de bacalao para hacerlo asequible a los paladares más impresionables y la segunda es la receta clásica desde hace centurias, y que ha trascendido desde los pucheros populares hasta los conventuales y desde éstos a las cocinas de vitrocerámica. 

La tercera es una receta kitsch de la tortilla de patata, en versión antimateria. Es decir, una receta vulgar aunque pretenciosa, ni sencilla ni clásica, sino de mal gusto, infantiloide y regresiva.


Imagino a una adolescente de Homo antecessor llevando unos huevos de perdiz y pegando un tropezón, cayendo los mismos sobre la concha al fuego de un pelomedúsido fósil donde se hervían un puñado de nabos. Y así debió de surgir la tortilla, o mejor, la antitortilla, una precuela de nuestra tortilla de patata universal.

Luego iré añadiendo otras, hasta que dure este encierro.


Recetas para un confinamiento 







martes, 14 de abril de 2020

El potaje de vigilia modernizado

Potaje de vigilia con merluza
Muchos somos los que de niños hemos sufrido la Cuaresma en forma de restricciones alimentarias.

No por la falta de comida, porque nuestras madres solían ser muy generosas y muy esforzadas amas de casa en exclusiva, sino porque nos  prohibían comer carne y nos obligaban a comer cosas tan raras como garbanzos con hojas verdes y pegajosas y un pescado asqueroso de sabor fuerte, con piel gris, terriblemente salado y lleno de espinas.

Afortunadamente, la cultura y la experiencia con muchos sabores, nos hace llegar a poder disfrutar de adultos de cosas decididamente asquerosas, como el café, la tónica, el vino, la cerveza, la fabada asturiana casera o el mismísimo potaje de vigilia, aunque sigo sin poder con el lacón con grelos, verdadero crimen con el que la gastronomía gallega asetea los paladares de los hombres rudos y confiados y las ancianas desdentadas.

Reconozco que han debido pasar muchos años para olvidarme del sabor de ese mejunje extraño de sabor tan acre llamado potaje de vigilia, que sustituía a los riquísimos macarrones con carne picada, a los filetes de ternera duros de entonces, o a las consistentes albóndigas que hacía mi abuela cuando estaba en casa.


Alimentación Heras echa el cierre después de
81 años vendiendo bacalao en Valladolid
Fuente: Internet
Cuando esto ha sucedido, han mediado muchas jornadas de Semana Santa practicada en muchos lugares de Castilla, muchas probaduras de sabores nuevos y muchos conocimientos de la gastronomía popular y sus motivaciones.

Mi primer respeto por el denostado bacalao de Islandia, ingrediente básico del apestoso potaje, sucedió en una urbanización cercana a la Manga del Mar Menor, hace ya más de 5 lustros.


Cuesta del Bacalao, Sevilla
Fuente: Internet
Una pareja alemana nos había acogido en su casa por vacaciones y tuvimos largas conversaciones en su enorme terraza con cerveza y gaseosa.

Ella, muy limitadita, a pesar de ser profesora, y achispada a pesar de los pocos grados, era una gran defensora de regalar Canarias a Marruecos por estar frente a sus costas, así, con una alevosía como la que se gastan los alemanes que quieren comprar las Islas Baleares para sus juergas.

Tal vez esto suceda porque los alemanes no tengan demasiadas islas y son muchos, y regalando Canarias a los marroquíes las vacaciones les saldrían más baratas. 

Como me quedé con ganas de mandarla a tomar por culo y no podía hacerlo por no ofender a la concurrencia, opté por apartar a su marido de la mesa y hablar de otras cosas con él.

Él era
Fausto Oria Coloniales, Salamanca
Fuente: Internet
 antropólogo de la comida, según le entendí en mi exiguo alemán, re-explicado por su español en clave india y el limitado inglés con acento sajón que se gastaba el tipo, por ser de la casi recién incorporada Alemania Oriental, y me pormenorizaba a trompicones qué era eso que hacía en la Universidad de Murcia.


Al final me enteré de que era antropólogo de la alimentación y me habló de la falta de pescado en el interior de Alemania en el pasado, de que aún no había patatas en esa época y sólo tomaban pan, carne -cuando podían-, nabos y zanahorias, y de que comían en general de pena, algo así como en la Castilla de antaño, me dijo el tío.

Sin embargo, recordé las grandes piezas enteras de bacalao en salazón que veía colgadas de los comercios de ultramarinos de mi infancia cuando visitaba los pueblos embarrados de las provincias fronterizas de Salamanca y Zamora y lo comentamos.

Así descubrí la gran importancia del bacalao de Islandia en la dieta de los castellanos antes de la difusión del frigorífico y sobre todo durante el período de Cuaresma. No había pescado fresco porque no llegaría en condiciones a las ciudades y aldeas del interior.

Incluso las autoridades eclesiásticas llegaron a decretar restricciones al consumo de carne por motivos religiosos durante casi la mitad del año, lo cuál beneficiaba enormemente a los pescadores de bacalao vascos.

Y pienso que, habida cuenta de que había muchos obispos y nobles venidos de las Vascongadas para realizar tareas de gobierno en los obispados de Castilla, ¿no estarían favoreciendo a sus paisanos a cambio de untamientos dinerarios?

Bueno, después de la receta citaré algunas notas históricas sobre el uso del bacalao. De momento ahora os dejo aquí la receta de la que salió el plato de la foto de más arriba.


Un buen Alentejo de uvas
trincadeira, aragonez y alicante bouschet
para acompañar
La receta del nuevo potaje de vigilia

-Un bote de garbanzos sin EDTA (Ácido etilendiaminotetraacético), cocidos y lavados.


-Media cebolla buti o similar


-Acelgas, como media bolsa grande


-Dos filetes sin espinas de merluza de El Cabo congelada


-2 dientes de ajo grandes, preferibles blancos de Chinchón


-Un poco de pimentón dulce de la Vera


-Una pizca de pimentón picante de la Vera


-Una cucharada de tomate frito envasado


-Una pizca de sal



Modo de preparación

Se hace un sofrito con la cebolla, el ajo bien picados y las acelgas en trozos algo mayores.

A continuación se añade la merluza sin espinas troceada y se remueve con una cuchara de madera para que impregne del sofrito, luego se añaden los garbanzos, medio vaso de agua tibia, las dos clases de pimentón, el tomate frito y la pizca de sal.

Se deja a fuego suave tapado unos 10 minutos.

Se trata de un plato delicioso, sin el sabor a pie sudao del bacalao en salmuera. Os gustará.


Pescadores vascos a la caza de la ballena
en una pequeña chalupa
Fuente: Internet
Breve historia del bacalao

Dicen los propagandistas noruegos que ellos inventaron el bacalao curado al aire cuando sus descendientes llegaron hasta Islandia y emprendieron los largos viajes a Groenlandia y Norteamérica en el siglo x.

Se pasaban horas mascando esa especie de tasajo de pescado que les daba tanta autonomía alimentaria en una época donde era todo un problema conservar los alimentos, especialmente en el mar, porque en tierra ahumaban los pescados como el salmón, de menor durabilidad.

Bacalao secándose con sal en Lofoten
Fuente: Internet
Los pescadores vascos de ballenas salaban su carne para venderla en los puertos franceses y aplicaron también esta técnica cuando se dedicaron a la pesca del bacalao en Terranova.

Esa técnica no estaba disponible para los vikingos de la época porque los vascos utilizaban la sal de las costas mediterráneas españolas.

El apogeo del consumo de bacalao en Europa empezó cuando la Iglesia medieval impuso los días de ayuno, aquellos en los que estaban prohibido mantener relaciones sexuales y comer carne. 


Secando bacalao en las Islas Lofoten
Fuente: Internet
La Iglesia llegó a prohibir comer carne la mitad de los días del año. Así, cuanto más viernes de ayuno había, más negocio para los vascos.

Por ese motivo, el consumo de bacalao, que era un alimento de calidad y barato, se disparó y se transformó en un icono religioso, a la par que en un elemento de riqueza.

Según Mark Kurlansky en su libro Biografía del Pez que cambió el Mundo, durante la segunda mitad del siglo XVI el 60% del pescado consumido en Europa era bacalao, en su mayor parte capturado en Norteamérica.

El principal enemigo del bacalao en salazón fue el tren, porque con la construcción de las grandes líneas ferroviarias, el pescado fresco llegaba envuelto en hielo a las zonas de interior, y ese seco y curado bacalao perdió su atractivo, no así en el occidente de España y el oriente de Portugal hasta los años 70, donde se generó una rica cultura gastronómica asociada al bacalao ya desligada de su sentido religioso.

El bacalao tiene dificultades de aceptación por su excesivo sabor salado, por lo que el cocinero Santi Santamaría aconseja desalar el bacalao a una temperatura baja, entre los 4 y los 6 grados centígrados; cambiarle el agua cada 8 horas y siempre poner el doble de agua que el peso de la pieza a descongelar; y hacerlo siempre con la piel hacia arriba, si se quiere tener un bacalao esponjoso.


Enlaces

Historia del bacalao, más que un pescado de Cuaresma

Receta de alquien que jamás ha preparado un potaje

El bacalao de tierra adentro

Tipos de cebollas

European guide to good practice for smoked and/or salted and/or marinated fish

El clima en tiempos de los vikingos

Los balleneros vascos


Pesca sostenible del bacalao en las Islas Lofoten

Bacalao con natas y otras delicias en la Raya de Portugal


Alimentación Heras cierra después de 81 años en Valladolid





domingo, 12 de abril de 2020

Errores más comunes a la hora de hacer torrijas

Coronavirus SARS-CoV-2
Microfotografía coloreada
National Geographic
El confinamiento al que nos han sometido el Gobierno por su incapacidad de previsión y la maldad intrínseca del virus SARS-CoV-2 que provoca la enfermedad COVID19 ha conseguido que la Semana Santa no saque a la calle sus desfiles procesionales este 2020 tan aciago.

Pero como en el año sin verano de 1816, en el que Byron, Shelley, Polidori, Claire y Mary se reunieron para dar a luz monstruos, muchos de los confinados en nuestras casas durante semanas hemos experimentado guisos, fritos, postres, bizcochos y hasta ... torrijas, con suerte muy dispar -y hasta aterradora- esta Semana Santa, tan atípica que hace 102 años que no ocurría nada parecido, como la gripe americana de 1918.

Torrijas castellanas
Hoy os hablaré de los errores que suelo cometer al hacer las torrijas cada año por primera vez, pues nuestra memoria nos falsea los recuerdos y tendemos al olvido y a la tergiversación.

Las recetas que uso son las de mi madre, de ancestros zamoranos y monásticos; las de mi abuela extremeña, campesina rica y excelente cocinera, y la sabiduría popular castellana de mi experiencia en las provincias de Salamanca, Zamora y Valladolid, refundidas en una, que ha resultado ser la misma -en ingredientes y procedimiento- que aparece en La Cocina de los Conventos de la Academia de la Cocina Española, un libro que presume de haber rescatado de viejos pergaminos olvidados en conventos recetas que sólo existían en la tradición oral.

Pero vayamos con los errores, que es a lo que hemos venido.


El aceite de girasol no debe estar
muy caliente para no quemar el huevo
El primer error

No echar la suficiente cantidad de leche en el cazo, si te sobra ya se la echarás al café del día siguiente. 

Porque las torrijas deben quedar empapadas, es decir, que ya no puedan absorber más leche.


El segundo error

Cuando caliento la leche y le pongo el palo de canela ... ¡me olvido de echarle el azúcar! Después es muy difícil corregir el error a no ser que en vez de espolvorear azúcar le eches un chorro de miel por encima a la torrija ... y ni aún así.



El dorado de la torrija le da
su aspecto apetitoso
El tercer error

Se trata de dejar hervir la leche, lo que le da cierto sabor amargo. Así que cuidado, hay que estar atento y no abandonar nunca la cocina.


Los aciertos

Poner un dedo de aceite de girasol caliente pero no muy caliente ayuda a que el huevo se dore y no se queme.

Después hay que escurrirlas y ponerlas sobre papel secante.

Y aún en caliente, y ya sobre el plato de presentación, se le vuelve a espolvorear azúcar, aunque se pegue menos cantidad que con la torrija aceitosa.



Las torrijas perfectas
Espolvorear después un poco de canela por encima y listo.

Si la torrija no ha salido suficientemente dulce podemos echarle un hilo de miel del país, por ejemplo de tomillo o encina si quieres que te queden muy castellanas, o de azahar para los paladares menos recios.




Debajo dejo el enlace a la receta como debe ser. 

Torrijas del convento, una receta castellana ancestral


Otros enlaces

Fotografías reales del coronavirus SARS-Cov-2





miércoles, 1 de abril de 2020

La receta de la anti tortilla


La famosa antitortilla Madrid,
 décimo quinto día de confinamiento
 por la cruel pandemia de virus de pangolín.


La famosa antitortilla de Madrid
No puedo recordar  una situación semejante a la vivida en estas semanas: 

Sin salir a la calle más que para sacar la basura a la esquina y comprar viandas y papel higiénico cada cinco días (ya no sé dónde meterlo).

Con mucho tiempo libre en casa, ahorrándome las dos horas largas de ida y vuelta al trabajo más las cañas que puedan caer.

Sin posibilidad de catar más vinos que las pocas botellas baratas de buen Ribera que quedaban, dejando solas en el botellero de celdas a los Alentejos, Abadías de Retuerta y Dehesas de los Canónigos que no abriré para no tener que desperdiciarlas en solitario, pues no se pueden recibir visitas y no es plan de abrirlas frente al Skype reuniendo a mis amigos cerveceros.

El teletrabajo me agota más que en directo, pero me da pie a pasar más horas sentado delante del ordenador, que no descansa, viendo Whatsapp web, tuiteando, leyendo "coronavirus" en cada noticia, ... y haciendo cursos de mindfulness para combatir la ansiedad, y de pandemias para contrarrestarlos.

Añoro el olor a fritanga rancia de los bares cutres de Madrid, ... de los que quedan, claro, fagocitados por compradores chinos de todo a cien reconvertidos en hosteleros; y las copas amplias de las pocas vinotecas, donde el caldo de uva resbala dejando lágrimas felices al trasluz de su transparencia.

En casa hay algunos libros, tantos que podría tapizar las paredes con ellos por completo con dos capas y así aislarme de los regatones y flamenqueos de mis vecinos exóticos y borderline, y me ha dado por hurgar en los lomos, portadas e índices de algunos.

Así, por ejemplo, he redescubierto un libro de guisos castellanos casi olvidado con una receta de crestas de gallo, también  que tenía libros de pescados nunca abiertos, recetas indonesias perdidas, ... y dos libros muy interesantes que hacía un lustro que no abría más que para hacer torrijas y sesos rebozados: La cocina de los conventos y La Cocina de los Monjes.

En la página 96 del segundo libro citado aparecía una breve receta de la tortilla de patatas que deseché enseguida por facilona. ¿Cómo era posible que a la joya gastronómica de los bares españoles le dedicaran apenas 10 líneas?

La razón tal vez es que, como en el caso de los expertos buscadores de setas que nunca revelan sus predios favoritos, los conventos y las amas de casa son los reservorios secretos del arte de la buena tortilla de patata.

De hecho, el jesuíta Carlos Conde, en su introducción del libro La Cocina de los monjes, alude a la famosa "tortilla de Orduña" con su tratamiento peculiar de la patata ... ¡sin decir cómo se hace!

Pero al abrir el primero, en un pliego bastante viejo de papel escrito a máquina y con manchas de grasa con los caracteres desiguales de tanto aporrear mal los macillos, descubrí una receta de tortilla de patata.

Pero ¿quién habría puesto allí aquella receta? ¿Se trataba de algún legado familiar de mi abuela María copiado a máquina con esmero adolescente? ¿O tal vez era la receta secreta de mi madre, inaccesible a su revelación por mi adolescencia montaraz y despreocupada?

No lo recordaba, pero por alguna buena razón estaba allí, esperando, como una obra de teatro redescubierta en legajos, ser interpretada de nuevo.

Era emocionante tener entre mis manos un testimonio del pasado, directamente de los tiempos en los que la tortilla de patatas sabía a tortilla.

Qué tiempo precioso había perdido probando la tortilla en las casas de los familiares políticos más variopintos, más ufanos y fatuos, que me decían "nunca has probado una tortilla igual".

Y salía siempre decepcionado, pues, o chorreaban huevo, destilaban aceite o las patatas estaban tan acartonadas o blandurrias como las dejan los que no saben que esto de la cocina va de tiempos, de temperaturas, de proporciones, como en la Alquimia, más que de volcar ingredientes al fuego.

Al fin, entonces, creía yo que había encontrado la receta de la Tortilla de Patatas a la antigua, como debe ser.

Y aquí dejo la receta tal y como me la encontré, y como tal, al pie de la letra la hice:



Anti Tortilla

Ingredientes

- 3 patatas medianas 
- 5 huevos
- 1 cebolla 
- Aceite de oliva (equivalente al volumen de 2 dedos en la sartén) 
- Sal y pimienta 


Instrucciones

Corta las patatas y la cebolla en pequeños trozos, vierte todo en una sartén con el aceite de oliva templado.

Después de añadir las patatas y la cebolla, mantener temperatura de la placa a fuego medio.

Tapamos la sartén y dejamos entre 4 y 5 minutos de cocción, destapamos, revolvemos y volvemos a tapar, esperamos 4 ó 5 minutos para destapar y otra vez revolver, repetiremos este ciclo hasta que las patatas estén tiernas.

Cocidas las patatas y la cebolla, las pasamos a un colador y dejamos escurrir el aceite.

Mientras batimos los huevos, salpimentamos y agregamos las patatas escurridas.

Mezclamos. Ponemos la sartén al fuego, si como en mi caso aún está mojada de aceite, no necesitarás poner más aceite, vierte la mezcla de patatas-huevo y cuaja a fuego medio durante 6 minutos de un lado, da vuelta la tortilla con una tapa o un plato y del otro lado, dejar cuajar 4 minutos. Si te gusta más desastre puedes variar los tiempos.


La antitortilla redescubierta en un domicilio de Tetuán
No han pasado ni 8 horas desde que acabé con los últimos restos de la antitortilla y ya la añoro.

Lejos quedan aquellos restos de las antitortillas que comí en un restaurante portugués de Hamburgo que decía ser español como si el atributo del frasco bastara para definir el perfume.

Lejos de aquellas en el bar Barcelona de Helsinki, con sus bonitas tapas de antitortilla tan cubistas que si te dicen que son croquetas te lo crees.

Esta es la verdadera antitortilla, que no es una deconstrucción de la misma, sino un prodigio de la Alquimia en el que con los mismos ingredientes no sabe a tortilla, ni a Bauernfrühstuck su alter ego alemán, pero es que tampoco a un revuelto de patatas con huevo o a huevos  revueltos con patatas, y eso la convierte en una receta nueva que merece la convocatoria inmediata de un concurso interbarrios en Madrid y una declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad al que la presidenta Ayuso debe aspirar antes de que los Juegos Pandémicos se celebren en Madrid y los chinos nos quiten la receta.

Por mi parte, guardaré esta receta primigenia de la anti tortilla como oro en paño para usarla en pandemias varias, actuales y por venir, con un vasito de vino de los caros frente al Skype para sugerir envidias en mis cada vez menos amigos (por eso de la distancia).

Y para no añorar demasiado la atmósfera de los bares, que son las verdaderas bibliotecas madrileñas, os dejo un enlace con música ambiente de bar, para que la pongáis en vuestras cocinas durante esta pandemia.


RUIDO DE BAR







martes, 10 de marzo de 2020

De la Hiruela a El Cardoso, Sierra del Rincón

Afloramiento de esquistos en el Puerto de La Hiruela
26/10/2019
Desde que existe la aplicación Wikiloc las cosas han cambiado enormemente en esto del excursionismo. La preparación de las salidas de antes, usando mapas del Servicio Geográfico del Ejército, comentarios vistos en revistas, por Internet u oídos en anteriores excursiones, unidos a la pericia, la orientación y la experiencia ya tienen poco valor. Con esta aplicación móvil seleccionas una ruta y por GPS te lleva por la misma con una precisión de escasos metros de error. Ahora los domingueros lo tienen de lujo para llegar a los sitios más recónditos de nuestra naturaleza.

En la sierra de Madrid me he encontrado tantos extranjeros y urbanitas en bici y a pie como antes lugareños y esforzados excursionistas y montañeros.

Esta es mi segunda experiencia con Wikiloc y lo que más claro me ha quedado es la facilidad extrema en “preparar” una excursión complicada por los vericuetos, cruzando caminos, carreteras e intersecciones … y que necesitas una batería auxiliar aunque tengas un teléfono con una batería de 4.000 mAh.

Ya había realizado una ruta similar sin GPS hace un par de años, subiendo desde La Hiruela hasta el helipuerto, por el barracón para el retén de bomberos y el apostadero de caza de palomas, pero esta vez giramos por el camino de la derecha una vez alcanzado el barracón. Esta ruta circular discurre a través de unos 16 km.

Matamoscas (Amanita muscaria) bajo los helechos
Caminamos unos centenares de metros y subimos la ladera a la izquierda para tratar de conseguir algunas setas. Había abundancia de especies pero pocas comestibles.

Tan sólo enormes nízcalos semienterrados brotando; muchas amanitas muscarias en diversas fases de crecimiento, unas descoloridas por la lluvia y otras pequeñas de rojo brillante y escamas blancas. Había también alguna macrolepiota, seta de los caballeros (Tricholoma equestre), bastantes setas de puerco (Suillus luteus) y otra Suillus muy babosas y saturadas de agua en la cuneta de la pista forestal, cuescos de lobo, rúsulas de varios tipos (rojas, moradas, blancas) y varias especies parásitas de la madera en putrefacción.

Tremella mesenterica
El ámbito forestal es el del pino silvestre, de piñas y acículas pequeñas; enebro rastrero y enebro común; algunos robles mejolos (Quercus pyrenaica), unos de gran porte; encinas y acebos jóvenes y dispersos, y abundante brezo y jara (Cistus laurifolius) en las solanas. Hay algunos nogales a la entrada de las poblaciones y vimos la pequeña haya que hay a la entrada de la Reserva de Montejo.

El bosque parece maduro aunque los árboles son jóvenes y no se ven más arbustos con fruto que rosales silvestres, majuelos y zarzamoras en las lindes más soleadas. Bajo el dosel de pinos apenas crecen más seres que la setas, los musgos y algunos helechos. Existen muchas ramas esparcidas, lo que dificulta la marcha por las laderas y es un peligro para la época seca, pero proporciona más microhábitats para vegetales, animales y hongos.

Como en toda la sierra cubierta de pinares, los animales de sangre caliente son escasos. Sí que hay huellas de haber hozado los jabalíes en las laderas próximas a La Hiruela, y también algunos excrementos frescos de corzo pero poco más.

El dosel de pinos impide que lleguen los rayos de sol, lo que favorece un ambiente húmedo con una pluviosidad relativamente escasa de 700 mm, pero no evita que existan grandes concentraciones de helechos secos desde el verano.

La ruta va desde La Hiruela, pasando por Cardoso de la Sierra y el Hayedo de Montejo hasta volver a La Hiruela y se efectúa principalmente por caminos bien cómodos. Nos tomamos unas hidromieles antes de empezar en el mercadillo que había ese día.

El recorrido no es difícil por los desniveles, pero puede resultar bastante cansado si has conseguido una cesta repleta de nízcalos al principio y acarreas con ella durante casi todo el recorrido, especialmente molesta es la bajada de El Cardoso al Hayedo y la posterior subida, aunque sin estorbos en las manos es realmente un paseo largo no muy exigente para quien esté acostumbrado a salir al campo al menos una vez al mes.


Peral centenario de La Hiruela (M)
Árboles notables

En la Hiruela hay un peral muy añoso del que se conoce hasta el autor de la plantación. Se trata de un Pyrus communis de 15 m de altura y es uno de los mayores de España.

Otros árboles notables son el Rebollo de la Dehesa, de 800 años y 25 m de altura y el Roble Bastián, de unos 300 años y 20 m de altura. Pero nosotros seguimos otra ruta distinta, hacia Cardoso de la Sierra.

En nuestro recorrido hacia la caseta del retén de bomberos divisamos un enorme rebollo solitario de más de 300 años que es necesario proteger plantando otros rebollos que lo defiendan de los vientos, porque con los vendavales que estamos padeciendo estos años puede romperse hasta morir.

Roble de 400 años en Las Eras (La Hiruela)




Contactamos con Miguel Ángel, de la oficina de turismo de La Hiruela, y nos comentó que ese árbol se encuentra en la zona de La Eras, llamada así porque es donde se cultivaban centeno y cebada. Los vecinos llevaban allí a las cerdas para que se alimentasen con las bellotas, así que plantaban robles. El roble de la foto tendrá unos 400 años.



Enlaces













Bloque de cuarzo lechoso
La Hiruela

Bar El Tino
Cardoso de la Sierra

Hayedo de Montejo de la Sierra

Retén de bomberos, La Hiruela

Seta de los caballeros
(Tricholoma equestre)

Camino de Cardoso de la Sierra
a La Hiruela