miércoles, 19 de marzo de 2025

Crítica a «Nosferatu», de Robert Eggers

Lo gótico sobre todas las cosas

Si queremos saber si una película de miedo es de ambiente gótico sólo tenemos que preguntarnos tres cosas: si atiende al medievalismo, al exotismo y al orientalismo propios de la sensibilidad romántica.

Y la referencia a lo sobrenatural debe estar presente, indefectiblemente, porque para ser gótica primero ha de ser romántica, que se opone con todas sus fuerzas al racionalismo, desde el que surgió como reacción.

La película Nosferatu, de Robert Eggers, cumple con esos requisitos y con muchos más, casi diríamos que con todos.

El propio Eggers cita como una de sus primeras influencias para dedicarse al cine la película expresionista Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (1922) de F. W. Murnau. El antecedente de su adaptación al cine fue una representación teatral sobre dicha obra cuando tenía 17 años en su escuela secundaria.

Los elementos folclóricos, mitológicos e históricos que tanto le interesan a Eggers aparecen con profusión en su Nosferatu (2024), donde los gitanos folclorizados, los habitantes de los Cárpatos y su religión ortodoxa mezclada con la magia, el vampirismo, las supersticiones locales y las referencias a un pasado convulso, remoto y cruel son constantes en el largo pero intenso y entretenido metraje de más de dos horas y doce minutos.


Trasfondo psicológico

El ambiente de la película nos introduce desde el principio en la pulsión entre lo espiritual y lo sexual de una adolescente, que es el eje y la explicación de todo lo que va a ocurrir a lo largo del metraje. Cerebro y útero, mente y cuerpo en conflicto.

Lo psicoanalítico está muy presente en cuanto que los conflictos del pasado púber afloran en el presente de la vida adulta y tienen que ver con el deseo y la consiguiente represión sexual de la sociedad de la época (1838). Pero luego iremos más allá para concretar y ampliar todo esto.

Y Nosferatu, el monstruo, el vampiro, es el alter ego maligno de lo masculino, la parte sucia, irracional y voraz del deseo sexual del varón, obsesivo, irrefrenable, que atrae a la joven, a las jóvenes, a muchas jóvenes, …


Apuntes histórico-geográficos

Alemania se ha identificado tradicionalmente con lo gótico, sin embargo los propiamente denominados godos provenían del este de Europa, con asentamientos en las actuales Polonia, Ucrania, Crimea, Rumanía y Bulgaria, aunque de origen probablemente en la isla de Scanza o Gotlandia, en la costa oriental de Suecia, desde donde se extendieron a lo largo del río Vístula (Polonia), penetrando profundamente en la llanuras del este europeo para abandonar la zona en el siglo IV D. C. y asentarse hacia el 410 en Italia y el 418 en España, constituyendo los ostrogodos y los visigodos, respectivamente.

Gutthiuda (actualmente territorio rumano) fue un territorio multiétnico ocupado y dominado por los tervingios, que algunos autores identifican con los visigodos. Los ataques de los hunos en 376 empujaron a muchos tervingios a buscar refugio en tierras de Roma, otros se quedaron entre los Cárpatos y el río Danubio, una zona que se llegó a conocer después como Valaquia.

En la película la acción de sitúa en una ciudad portuaria imaginaria llamada Wisborg, que parece querer hacer referencia al castillo de Visborg, en la isla de Gotlandia, en otro guiño más -interminables- al imaginario gótico.

St. Petri Kirche
En realidad las imágenes de la pujante ciudad portuaria representada, con las costas arenosas de un gran río navegable, podrían haberse inspirado en la ciudad alemana de Hamburgo, a orillas del Elba, con arquitectura civil parecida a la de la antigua ciudad hanseática, aunque en la vista general de la ciudad se ven las torres de la Holstentor y la peculiar torre gótica báltica de la iglesia de San Pedro, ambas en Lübeck, ciudad también de arquitectura hanseática en ladrillo rojo y con un importante puerto comercial. Muchas escenas se rodaron allí, como la impactante escena en la que las víctimas de la peste son transportadas en ataúdes por un callejón, que tiene lugar en la calle Depenau, que ha cambiado mucho desde la Segunda Guerra Mundial.

Creemos que el trabajo que se ha hecho de documentación es interesante, pues uno de los pueblos más importantes de la Transilvania del siglo XIX son los sajones de Transilvania (Siebenbürger Sachsen), llamados allí por el rey Géza II de Hungría en 1141 para la defensa de la frontera sureste del Reino de Hungría. 

Hace años se creía que la región de origen de esos sajones (y posiblemente en 1922 se pensaba así) tuvo su epicentro en Holstein, muy cerca de la representada Lübeck, y en una especie de conexión telepática Ellen se comunica con los espíritus de la región transilvana inconscientemente.

Esto se debió, probablemente, a identificar la zona lingüística sajona primitiva con el origen migratorio posterior o a un error de identificación de los funcionarios húngaros de la época, que denominaron “sajones” genéricamente a quienes no lo eran.

Actualmente se sabe que esos “sajones” de Transilvania, que llegaron en varias migraciones, procedían primeramente de Lorena, y secundariamente de Brabante, Turingia y Baviera, y hablaban fundamentalmente dialectos germánicos como el franco, pero no sajón.

Fueron llamados a ayudar a los szeklérs (sículos) para defender la frontera oriental de su reino contra los invasores, y también se requerían sus habilidades mineras para desarrollar la economía de la región. La mayoría de los primeros colonos llegados durante esta época procedían de Luxemburgo y de la región en torno al río Mosela, lo que podemos denominar Lorena, y se instalaron en lo que sería conocido como Altland o Hermannstadt Provinz (provincia de Sibiu).




Referencias psicológicas:
Ellen, piedra angular de la película

La película puede entenderse perfectamente en clave jungiana. Los llamados arquetipos del psicoanalista Jung los define éste como comportamientos del inconsciente colectivo, innatos y legados por nuestros ancestros. Aquí el arquetipo “sombra”, que representa el sexo y los instintos, emerge en forma de dragón o demonio en los sueños de Ellen.

Sus antepasados sajones de Transilvania están conectados con ella a través de esos canales inconscientes compartidos. Tal vez Orlok se introdujo en ese canal como una interferencia pestilente, de la manera en la que los espíritus no invitados entran en el cuerpo de los médiums. O tal vez, si son convocados directamente, acudan …

Por otro lado, según las referencias a la reencarnación de Jung, el proceso de individuación, que condiciona el desarrollo de la autonomía personal hacia la adultez, puede implicar una muerte simbólica y el renacimiento de uno mismo o algunos de sus aspectos. Esto significa que Ellen debe enfrentarse y dejar viejos patrones de pensamiento y comportamiento que ya no le sirven, y abrirse a nuevas experiencias y formas de ser.

Ella desea amar a Thomas y vivir una vida normal, libre de las horribles pesadillas como las que tenía antes de conocerle, funcionando su amor como un disolvente del mal atávico o un sublimador, hacia un plano más elevado.

Este proceso puede ser difícil y doloroso, ya que obliga a desprenderse de viejas identidades y enfrentarse a lo desconocido. Se considera un paso necesario en el proceso de individuación. Ellen acaba muriendo realmente en el intento y se convierte en una mártir para la salvación de su ciudad, infectada por la peste y el caos que siguió a la llegada del monstruo que ella convocó.


Una revelación o spoiler

Diríase que cada guionista masculino se reconoce en Nosferatu, y Eggers no es la excepción, pues, de manera patética, el insondable demonio, conde redivivo que es Orlok, se rinde ante el poder de la palpitante vagina juvenil y el pecho de Ellen Hutter y concluye con un acceso carnal alejado de la brutalidad sexual, pero hozando y absorbiendo la sangre del corazón de la muchacha como un lobo feroz. Toda esa destrucción previa de la Humanidad para esto …

Es lo peor de la película, sin duda, porque es intensa, bella en su fotografía y con momentos de verdaderos escalofríos, y con sustos … los justos.

La justificación del amor del conde Orlok, atravesando mares, creando peste y destrucción por donde pasa, para poseer a una joven es un argumento demasiado pobre y simplista, absorbido el personaje por el de Ellen.

Entretenido como estaba el ominoso ser, poseyéndola a horcajadas, no se dio cuenta de que cantaba el gallo. Y su marido Thomas, que ve al ser deformado y purulento sobre su ‘inmaculada’ esposa, no se aterra (un amor más fuerte que los celos y la repugnancia ...), y entiende su sacrificio de mártir para salvar al mundo, cogiendo su blanca mano inerte con una desesperanza más simbólica que emocional.


Una interpretación

El complejo equilibrio de la psicología humana asociado al deseo más animal y a la razón más humana, mezclado todo con la devoción a las reglas del matrimonio, la virginidad y la fidelidad que se les exigía a las mujeres de esa época romántica, quedan hechas pedazos por las peculiaridades mediúmnicas de Ellen, poseída ya en sueños en su adolescencia, antena de atracción de espíritus malignos, una especie de bruja, ya reflejada por Eggers en su aclamada película La Bruja (2015).

El vestuario pensamos que es excelente, tanto en Alemania como en los Cárpatos, y la recreación de la ciudad también, aunque demasiado pulcra, no correspondiéndose con una activa ciudad portuaria internacional, plena de mercancías, desperdicios y trasiego de gentes y buscavidas de todo tipo.

El conde Orlok  de Eggers
Icónicamente, el Orlok de Eggers es más el voivoda Vlad Tepes que el conde Orlok de Murnau (1922), y también más Vlad que el Drácula de Browning (1931), el de Fisher (1958), el de Herzog (1979) y el de Coppola (1992), sin murciélagos, pero sí con aterradores lobos negros, raído capote militar de piel y mostacho a la turca, pavoroso en su presencia, confundido en la oscuridad, alejado de la fragilidad, espiritualidad y sutileza del Orlok de Murnau, y mucho más bestia humana que espíritu sobrenatural, alejándose esta vez sí, de las máximas góticas con el único objetivo de infundir más horror en una sociedad cada vez más laicizada y desacostumbrada a los miedos sobrenaturales.

Y uno de sus grandes logros es la voz gutural del vampiro, terrorífica en la versión española que vi, y en la que Eggers ha querido representar al desaparecido idioma dacio en los sortilegios de Orlok, a pesar de que ya en tiempos inmediatamente premedievales desapareció.

Volveré a ver de nuevo el Drácula de Coppola (el más fiel al libro de Stoker), para comparar, odiosamente, películas tan distintas sobre el mismo personaje de ficción, nacido en 1897, cuando ya lo gótico era literatura popular y Stoker preparó su exitoso refrito basándose en el Carmilla (1872) de Sheridan Le Fanu.

El antecedente de los Nosferatu de Murnau y Eggers son claramente el Drácula del irlandés Bram Stoker, pero los de este libro inspirador son, también, El extraño misterioso, un cuento publicado en 1844 del escritor alemán Karl von Wachsmann, la aterradora historia de Vlad III y la vida criminal de la condesa húngara Erzsébet Báthory, que a su vez sirvió de inspiración para Carmilla. Tampoco Stoker pudo desconocer Transylvania: The Land Beyond the Forest (1890) de Emily Gerard, una descripción muy completa y sugerente sobre las peculiaridades del paisaje y el pensamiento misterioso en Transilvania.


Profesor Albin Eberhart von Franz
Conclusión y resumen

El Nosferatu de Eggers es altamente recomendable, tanto para los amantes de lo gótico, como del terror, del cine mismo y de la belleza plasmada en imágenes por sí misma.

Mi crítica va en la necesidad de más decadencia, miseria y suciedad en personas, vestuarios y escenarios, demasiado pulcros y teatrales en casi todo el metraje. En el error de la dulcificación final del vampiro, cegada su maldad por el amor, sucumbiendo a una sacerdotisa como Ellen -quizá se quiso destacar el poder femenino sobre la maldad masculina apaciguando a la fiera con un coito-. Y el papel de Willem Dafoe como el profesor Albin Eberhart von Franz, al que se le va la pinza queriendo interpretar un personaje de experto ocultista que le viene grande, y al que parece que Eggers dejó bastante libertad como para estrellarse, llegando a rozar el ridículo en la escena de la quema de la tumba.

La ausencia de la menor lascivia frente a Ellen – que debería haber sido también más sugerente- lo convierte en un educado mentor más que en un excéntrico ermitaño medio loco por la soledad y la lectura de los libros más extraños.

Castillo de Hunyad en Hunedoara
Este personaje suizo es más que un guiño al psicoanalista Carl Jung y a su teoría de los arquetipos:

Los arquetipos de Jung son patrones de imágenes y símbolos recurrentes que aparecen bajo diferentes formas en todas las culturas y que tienen una vertiente que se hereda de generación en generación. Un arquetipo es una pieza que da forma a una parte de este inconsciente colectivo que es parcialmente heredado. Creo que Eggers ha hecho referencia a esto cuando ha conectado a dos seres como Ellen y Orlok a través de un arquetipo ancestral de un inconsciente compartido por ambos. El mismo von Franz hace referencia a la diosa Isis cuando se refiere a una Ellen que hubiera existido en otros tiempos como una de sus sacerdotisas.

Podemos pensar que esto es nuevo, pero la egiptóloga real Dorothy Louise Eady (n. 1904) se creía la reencarnación de una de las sacerdotisas de Isis y recibía visitas nocturnas del faraón Seti I, con el que tenía encuentros amorosos. Y esto le pasaba desde que se cayó de niña por las escaleras, quedándose inconsciente y a la que dieron por muerta sus padres.

Por otro lado, si queremos alguna prueba de esta intencionalidad de Eggers, Marie-Louise von Franz fue una destacada analista jungiana y Albin Grau un artista y ocultista alemán miembro de la sociedad rosacruciana Fraternitas Saturni, que fue el diseñador y productor de la película Nosferatu de 1922. La combinación de nombres nos da la denominación del personaje Albin Eberhart von Franz como un homenaje a ambos y a la inspiración recibida.

Hay mucho que escarbar en esta película ...


Apéndice

No he encontrado referencias claras sobre la supuesta palabra rumana nosferatu.

La palabra nosferatu es citada por primera vez por Emily Gerard, asegurando que es rumana, una palabra arcaica para decir “vampiro”.

Se cree comúnmente que Gerard introdujo la palabra impresa en un artículo de revista de 1885, Supersticiones de Transilvania, y en su libro de viajes La tierra más allá del bosque, (1890).

Sin embargo, la palabra ya había aparecido en un artículo en alemán de 1865 escrito por Wilhelm Schmidt. El artículo de Schmidt trata sobre las costumbres de Transilvania y apareció en una revista austrohúngara, que Gerard pudo haber leído cuando residía en el antiguo territorio del imperio austro-húngaro.

El artículo de Schmidt también se refiere a la legendaria Șolomanță o academia de magia negra rumana, y aunque no identifica el idioma explícitamente, usa la palabra «nosferatu» con una tipografía que indica que se trata de un idioma distinto del alemán en el que escribía.

El periodista especializado Peter Haining identifica una fuente anterior para la palabra «nosferatu» en Supersticiones rumanas (1861) de Heinrich von Wlislocki, un experto en folclore y lingüística de la región transilvana, aunque este último autor naciera en 1856, demasiado joven para haber escrito ese libro.

Una etimología alternativa es que el término deriva originalmente de la palabra griega nosophoros (νοσοφόρος), que significa "portador de enfermedad". En el film clásico Nosferatu, de F. W. Murnau, se enfatiza fervientemente el tema de la enfermedad, y la dirección creativa de Murnau en el film pudo estar influenciada por esta etimología.


Emily Gerard

Las novelas de Gerard se centraban con frecuencia en personajes y escenarios europeos. Aprovechó su estancia en Hermannstadt y Kronstadt para escribir sobre la cultura y el paisaje de Transilvania. Su familiaridad con el folclore transilvano se debió a que su marido militar estuvo destinado en esas ciudades entre 1883 y 1885.

Su libro The Land Beyond the Forest y el ensayo anterior Transylvania Superstitions se consideran la inspiración de Bram Stoker para escribir Drácula, y también dieron a conocer a Stoker el término «nosferatu» para describir a los muertos vivientes.

Gerard escribe:

«Más decididamente maligno es el nosferatu, o vampiro, en el que todo campesino rumano cree tan firmemente como en el cielo o el infierno.

Emily Laszowska (Emily Gerard)
Hay dos clases de vampiros, los vivos y los muertos. El vampiro vivo es generalmente el vástago ilegítimo de dos personas ilegítimas; pero incluso un pedigrí impecable no asegurará a nadie contra la intrusión de un vampiro en su bóveda familiar, puesto que cada persona asesinada por un nosferatu se convierte igualmente en vampiro después de la muerte, y continuará chupando la sangre de otras personas inocentes hasta que el espíritu haya sido exorcizado abriendo la tumba de la persona sospechosa, y clavando una estaca en el cadáver, o disparando un tiro de pistola en el ataúd.

También se supone que es eficaz para confinar al vampiro caminar humeando alrededor de la tumba en cada aniversario de la muerte. En casos muy obstinados de vampirismo se recomienda cortar la cabeza y colocarla en el ataúd con la boca llena de ajos, o extraer el corazón y quemarlo, esparciendo sus cenizas sobre la tumba.

El hecho de que incluso hoy en día se recurre a menudo a tales remedios está bien atestiguado, y es probable que haya pocos pueblos rumanos en los que no se hayan llevado a cabo tales prácticas en memoria de sus habitantes. Tampoco hay aldea rumana que no cuente entre sus habitantes con alguna anciana (generalmente una comadrona) versada en las precauciones que deben tomarse para contrarrestar a los vampiros, y que hace de esta ciencia un floreciente comercio.»


Strigoi

Además de «nosferatu», Abraham Stoker también usó la palabra «strigoi» en su obra Drácula. Cuando falleció a consecuencia de la sífilis a los 64 años, en sus últimos minutos de vida no paraba de pronunciar «strigoi» mientras señalaba a una esquina de la habitación.


Karl von Wachsmann

Autor de El extraño misterioso (Der Fremde) (1844), es considerado, por algunos autores, el libro donde aparece el primer vampiro, si bien J. W. Polidori escribió su El Vampiro en 1816, relato fundacional del vampiro romántico. Von Wachsmann escribió también un diario de viajes a Heligoland con un tratado histórico y topográfico, así como una descripción de la historia etnográfica y natural de la isla.

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Carl Gustav Jung

Jung, médico de profesión, se debatía en la duda de encaminar sus pasos hacia la cirugía o la medicina interna. A punto estaba de comenzar esta última, cuando se topó con el Manual de psiquiatría del psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, lo que de manera entusiasta le llevó a la psiquiatría como en una revelación.

«Me hallaba en la más viva excitación, pues fue para mí como una fulminante revelación de que no había para mí otra meta más que la psiquiatría. Sólo aquí las dos corrientes de mi interés podían confluir y encontrar su cauce por medio de un declive común. Aquí se hallaba el campo común de las experiencias de los hechos biológicos y espirituales, que por todas partes yo había buscado sin encontrarlo. He aquí, por fin, el lugar en que el cruce entre mi naturaleza y espíritu era ya un hecho.»

Carl Gustav Jung. Recuerdos, sueños, pensamientos



Enlaces

El terror gótico y la novela de terror

Paracelso

Scholomance

Gothiscandza

El pueblo godo

Sajones de Transilvania

Crítica a Nosferatu en la revista Fotogramas

Dorothy Eady, la egiptóloga que creía ser una sacerdotisa de Isis reencarnada



Leer 

The Land Beyond the Forest: Facts, Figures, and Fancies from Transylvania

Transylvanian superstitions

Carmilla de Sheridan Le Fanu