viernes, 4 de septiembre de 2026

PRIMERA VEZ EN LA LAGUNA DEL OSO, ÁVILA

Laguna de El Hoyo, lagunas de El Oso, 01/09/2026

Una laguna esteparia en La Moraña

1 de septiembre de 2026, de 13 a 19 horas.


28ºC a medio día; día despejado y caluroso a pesar de la moderada temperatura que marca el termómetro. El aspecto es de sequedad extrema en las suaves laderas de la cubeta, con campos segados y otros labrados, escasa vegetación arbórea y edificios agrícolas e industriales dispersos, con la torre de la iglesia neomudéjar de El Oso dominando la llanura.

El Hoyo es la laguna principal de El Oso y de toda La Moraña, con una lámina de agua permanente, puede llegar a tener 20 Has. y 70 cm. de profundidad los años más lluviosos.

Se trata de una cubeta arcillosa endorreica y estacional que recibe aportes por filtración del acuífero, las lluvias de otoño y primavera, los sondeos artificiales y los aportes de la embotelladora de agua que se encuentra en sus límites.


Área recreativa de las lagunas de El Oso
Ornitofauna de las lagunas

Las primeras aves que veo al acercarme son dos buitres leonados sobre el pueblo, dos cernícalos vulgares cerniéndose y una bandada de estorninos negros. Los cernícalos utilizan de apostadero las cajas de madera que esconden las cámaras de la reserva en el área de inundación.


En principio, no veo agua por ninguna parte. Me acerco hasta el área recreativa y hay una fuente rectangular maltrecha con macetas de plástico de plantas acuáticas y un aspecto muy descuidado, sin anfibios ni interés alguno.

A la derecha del área de bancos de madera se ven unas compactas espadañas (Typha latifolia) con los puros bien desarrollados, que ocultan una zona encharcada con una veintena de azulones hembras y machos en eclipse.

Hay álamos negros plantados y una hilera alterna de escaramujos y majuelos junto a la alambrada, también de repoblación.

Continúo con el coche por la pista de tierra, con profundos surcos por las recientes lluvias, aunque ya secos, conduciendo con mucha precaución a unos 20km/h.

Primer observatorio de la laguna de El Oso

Alcanzo el primer observatorio, muy grande y en buenas condiciones, con mucha propaganda de los programas que participan en la conservación de este hábitat.

Dispone de una rampa de acceso para evitar la zona inundable, pero los alrededores están secos y el observatorio cerrado, con una llave de combinación y una cerradura. No veo agua por ninguna parte y la luz solar es muy potente, lo que dificulta la observación debido a la refracción de la luz sobre el suelo. En las inmediaciones hay unos pequeños tarayes mezclados con espadañas, lo que indica la humedad continua del sustrato.

Continúo en coche por el camino y llego hasta los restos de algún tipo de observatorio, y sigo adelante, hasta llegar a un cruce de caminos, donde una nueva pista sigue a la izquierda. Me paro en ese lugar frente a una valla gruesa pintada de verde y veo a lo lejos una zona de agua con un nutrido grupo de avocetas y ánsares, que luego se confirmarán desde el otro observatorio, que veo enfrente con los prismáticos. Es una posición muy mala para ver aves, porque no está elevada.

Laguna de El Hoyo desde el observatorio 1

Doy la vuelta y vuelvo al primer observatorio, lo subo y ahora descubro desde arriba, y sin poder entrar, que se ve una pequeña lámina de agua entre espadañas, pudiendo ver anátidas inidentificables y los ánsares, como una masa informe gris. Se ve realmente mal, especialmente con el telescopio. Vuelvo a ver los cernícalos posados y una hembra de aguilucho lagunero buscando alguna presa.

La jornada me está pareciendo decepcionante.

Salgo del camino y giro a la izquierda, hacia la planta embotelladora de agua Ursu, justo al lado se encuentra el segundo observatorio que había visto.

Es mucho más pequeño y está muy elevado, también con combinación y cerradura, por lo que me instalo en las inmediaciones, a ras de suelo y de pie.

Observación al pie del observatorio 2

Con el telescopio diviso, a duras penas, 4 garzas reales; varias docenas de ánsares comunes, con el pico naranja bien visible; casi un centenar de avefrías en vuelo y posadas; un centenar aproximado de ánades sin identificar; un chorlitejo; algunos andarríos; una decena de avocetas, y me costó identificar unas 15 garcetas comunes, creyéndolas espátulas en primer lugar, por su blanco níveo, pero su corto pico negro con el que se limpiaban el plumaje del pecho me sacó de dudas. También vi 3 flamencos de color gris, evidenciado la carencia de carotenos procedentes de Artemia salina y Dunaliella salina.

De un pequeño talud adyacente sale un caño casi a ras de suelo del que vi que una niña y un padre cogían agua en garrafas. 

La supuse potable y además pregunté en el bar y a un ornitólogo habitual, y me lo confirmaron. En casa pude combrobar eso de que el agua es: inodora, incolora e insípida.

Sobre los cables del teléfono se ven un par de abejarucos, y otros 3 ó 4 van a ras de las mieses cortadas intentando cazar insectos.

Ahora me dirigí hasta el pueblo, para tomar algo en un bar y preguntar por las llaves, pues en el observatorio más pequeño así lo indicaban.

En ese bar o en el ayuntamiento puedes informarte de la manera de acceder a los observatorios, que no indicaremos aquí para evitar lo que ocurre con la mayoría de los que están abiertos: pintadas, pernoctas, suciedad y deterioro. Lamentable, pero cierto. Recomiendo la tapa de mollejas.

Se pueden pedir las llaves allí y los números de la combinación, pero van a cerrar el bar por problemas con el alcalde y habrá que preguntar en el ayuntamiento.

Pregunté también sobre la potabilidad del agua y me lo confirmó la camarera.

Caño de agua posable a ras de suelo

Volví a segundo observatorio y recogí dos botellas de agua, que probé, asegurándome de que las botellas no tocaran la boca del caño por higiene con respecto a los animales.

Allí había un pequeño vehículo y el cajetín del observatorio estaba abierto, así que empujé la puerta.

Un sorprendido señor mayor con un pedazo de telescopio Carl Zeiss estaba instalado allí con total dedicación, y sentado en el banco bueno, todo hay que decirlo, porque el mío prácticamente rotaba sobre sí mismo. 

Conversamos sobre las aves de la laguna y nuestra experiencia en otros lugares, y pude ver a través de su telescopio, que para tener una óptica de lo mejorcito del mercado, no se notaba apenas nada de nitidez mejor que la de mi telescopio Vanguard, por lo que deduje que quizá se estaba inventando lo que veía, porque distinguir un chorlitejo grande de uno chico a esa distancia a mí se me antoja imposible.

También afirmó distinguir dos tipos de andarríos, el grande y el chico, tal vez algo más creíble para ese observador, que lleva 30 años acudiendo a la laguna. Afirmó ver paloma bravía y torcaz (yo certifico una doméstica) y un águila calzada, cuya silueta, centenares de metros alejada, podría ser absolutamente casi cualquier rapaz. Supongo que antes pararía más cerca.

Insistió en haber visto combatiente y una canastera, la cuál yo no pude enfocar ni en su telescopio. El ojo entrenado, la experiencia, y la adaptación ocular permite esa calidad en la identificación que a mí me falta todavía con el telescopio, pues me cansa el ojo izquierdo de observar durante horas y de tanto guiñar el otro.

En un momento determinado lo llamaron por teléfono los ornitólogos que iban a extender una red para capturar, creo, carricerín cejudo para anillarlo. Tengo su contacto y volveré a esta laguna, posiblemente en octubre con el grupo de este amable, experto avistador de aves, con el que compartí casi media hora interesantísima.

A continuación, pongo las especies observadas e identificadas por mí durante esta, ya sí, interesante jornada de observación de aves.

Por razones obvias, no incluiré las identificadas por mi experto compañero de hide, y espero poder ver y certificar algunas de ellas este mismo otoño. 


Hembra y macho de ánade real,
junto al área recreativa

Buitre leonado (2)

Cernícalo vulgar (4)

Aguilucho lagunero ♀ (1)

Estornino negro (+20)

Ánade real (+15)

Flamenco común (3)

Avoceta (+14)

Garceta común (15)

Ánsar común (+50)

Garza real (6)

Avefría (+100)

Chorlitejo spp. (1)

Rey moro (Brintesia circe),
junto a la iglesia
Andarríos spp. (1)

Abejaruco (6)

Paloma doméstica (1)

Golondrina común o avión común descabezado (1), por, posiblemente, alcotán europeo, autillo o búho chico.


Otras especies

Mariposa rey moro (Brintesia circe hispanica)





ENLACES RELACIONADOS

Laguna del Oso, Ávila

Relación de aves avistadas en la laguna del Oso, Ávila


Otro lugares para ver aves en Castilla y León

El azud de Ríolobos en Tierra de Peñaranda, Salamanca


Iglesia y oso de la localidad
abulense de El Oso

El Oso, intrahistoria de una localidad peculiar

El nombre de «El Oso» se considera una derivación del latín lutosus («lodoso» o «barroso»), referido al terreno, pues la localidad se encuentra junto a una gran laguna natural y estacional, actualmente alimentada por los excedentes de una planta embotelladora de agua y otros aportes.

La tradición popular, sin embargo, relaciona el nombre con un oso de piedra que se encuentra frente a la iglesia, que no es sino un verraco vetón. Su aspecto no concuerda con ganado vacuno, especialmente por el lomo curvado de la representación, y su vientre tampoco con el de un jabalí, por lo que tal vez pueda tratarse realmente de un oso, especie que seguramente habitó la zona hasta hace pocos cientos de años.

En la puerta norte de la iglesia de la Natividad de San Juan Bautista, en Navacepeda de Tormes (Ávila), se encuentra clavada una auténtica mano o garra de oso pardo desde hace unos 400 años. Y las últimas citas de osos en la zona de Gredos son de mediados del siglo XIX.



Labores ganaderas en el entorno de la laguna de El Oso. Pacas de paja para alimentar ganado vacuno.



Espadañas (Typha latifolia) e la laguna de El Oso












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