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| Autorretrato, Anders Zorn |
Hay veces que creemos tener controlada toda la información importante de nuestra vida y no es así.
La sensación de conocer lo necesario no es más que una ilusión de control, pues nuestra realidad es como un mantel sobre una mesa, en el que vemos extendido lo que conocemos, y hay numerosos pliegues, donde creemos que no se esconde nada importante, pero erramos.
Una sensación, entre la contrariedad y el alivio, la tuve en la exposición de Anders Zorn que se pudo ver hasta el 17 de mayo en la Fundación Mapfre. Porque no recordaba haber oído nada de semejante pintor, y su obra me pareció un auténtico descubrimiento.
¿Cómo es posible no haber sabido nada hasta entonces de tan importante y valioso artista?
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| Emma Zorn leyendo, 1887 |
Es verdad, también, que no hubiera ido nunca a ver la expo de Zorn a Mapfre si una alumna de Sueco de la Escuela de Idiomas no me hubiera llevado del brazo. Era el último día y yo volvía de un viaje muy largo a Fennoscandia, con una notable saturación de obra artística.
Ya en la entrada, un autorretrato en grande: impresiona.
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| Óscar II, por Zorn, 1898 |
La extensa exposición es una continua exhalación de asombro, obra tras obra, y más si ves que se trata de acuarelas, excepcionales, cálidas, con una profundidad nada habitual para esta técnica.
A medida que los cuadros se sucedían, saliendo los rostros de las sombras, nos acostumbramos al mate de la acuarela, y de repente aparecen los brillos refulgentes de los óleos, en una sabia manera del comisario de la expo para engancharnos a este pintor tan injustamente poco conocido en la propia España, a pesar de que tuvo buena amistad con artistas como Ramón Casas y Sorolla, con los que intercambió pinturas dedicadas.
Incluso, la influencia de Lundgren fue decisiva para la venida a España de Zorn, sojuzgado por la belleza y exotismo de sus mujeres y decepcionado después de venir varias veces, acostumbrado ya a que no era novedad.
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| Exposición de Andres Zorn en la Fundación Mapfre |
Zorn se ha convertido ahora en un inexcusable, y en un indispensable en el mantel de mi realidad, alisado ya uno de los pliegues que inexplicablemente lo contenía.
Mi próxima visitar a Suecia me gustaría que fuera a Mora, donde está su museo y el mismo sitio donde producen los famosos cuchillos, con los que, seguramente, muchos han tallado los caballitos de madera.
Notas
El nombre de la localidad Mora deriva de un vocablo arcaico nórdico, mor, que designaba un "bosque denso en terreno húmedo"; es una partícula frecuente en topónimos suecos.
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| Cuchillo diseñado por A. Zorn Fuente: Morakniv |
Hoy en día, tres de los cuchillos se encuentran en las Colecciones Zorn, tres son de propiedad privada —uno de los cuales pertenece a la ermpresa de cuchillos Morakniv, con sede en Mora—. En cuanto al paradero de los otros dos cuchillos, nadie sabe dónde están.
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Es emocionante saber que Zorn y yo compartimos la misma afición por los cuchillos de Mora. Mi colección de esta zona se reduce actualmente a dos: uno clásico de trabajo de los años 80 del siglo XX y otro de bushcraft o supervivencia, el Mora 2000, que es oficial en el ejército sueco.
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| Cuchillos Mora. A derecha, el Mora 2000 |
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Cuchillos Mora en el Ejército sueco






