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martes, 12 de agosto de 2014

Cangrejos de río a la mostaza finlandesa

Cangrejos de río a la mostaza finlandesa
Esta inusual y simple receta de cangrejos es un elaborado producto de experiencias, conocimientos y prácticas culinarias de años. Nunca un plato de cangrejos me supo tan sabroso y redondo.

Los había probado en casa de un buen amigo palentino, abogado ilustre, con pimientos verde, rojo y amarillo, sin nada de tomate, y me parecieron excepcionales.

También en decenas de bares y restaurantes, durante años. Pero creo que estos me gustan más, tal vez por haber salido de mi propia fábrica.

El secreto de esta receta es una simple cucharada de mostaza finlandesa fuerte. Yo he utilizado la de la marca Auran Sinappi, porque mi anterior -y mítica- marca favorita, Turun Sinappi, la compró la multinacional británica-holandesa Unilever. Y tengo derecho a sentirme un purista. Aunque ambas son de Turku, que es lo importante.


Ingredientes para una persona

Mostaza
finlandesa
-Media docena de cangrejos rojos de río grandes y vivos.

-Un chorrito de aceite de girasol.

-1/2 cebolla buti, medio grano, la de Cuenca me encanta.

-2 dientes de ajo blanco, preferible de Madrid.

-Una guindilla mediana (pimienta de Cayena).

-Tomate frito Hacendado (marca blanca de Mercadona).

-Una cucharadita de mostaza de Turku Auran Sinappi väkevä (fuerte).

-Sal


Veamos cómo se hacen

Se capan los cangrejos y se lavan.

En un wok o sartén honda, se ponen en aceite de girasol a freír dos dientes de ajo aplastados, antes de que se doren se añade ½ cebolla buti de buena calidad picada en dados.
Se añade algo de sal. Se incorpora una guindilla mediana.

Se agregan los cangrejos dejando que se hagan un poco.
Añadimos el tomate frito y meneamos la cazuela.

Echamos media cucharadita de mostaza Turun Sinappia y removemos con cuidado con una pala de madera para no romper pinzas ni patas.
Dejamos que se hagan, tapando y añadiendo algo de agua cuando sea necesario.

Estarán hechos cuando estén completamente rojos.




Presentación

La idea de la presentación la saqué de un plato posiblemente elaborado en un concurso de cangrejos de Isla Mayor (Sevilla).

En una tabla, se cortan por la mitad longitudinalmente con un cuchillo ancho y afilado. Les damos la vuelta y empezamos a cortar desde la cola hasta la cabeza, con cuidado. Después se sirven con estilo, añadiendo el resto de la salsa, y se acompañan de un chupito de vodka finlandés o cerveza pilsen española muy fríos.


Cangrejo macho,
véanse las dos patas
adicionales
Capar un cangrejo de río

El objeto de esta práctica es matar al cangrejo de río antes de cocerlo, y tal vez no transmitirle más sabor que el de su carne. Para sujetar al cangrejo hay que tener un poco de cuidado.

Separaremos uno a uno y lo cogeremos por detrás de la cabeza, evitando las pinzas y las contracciones de la cola. Lo pondremos sobre una tabla de cortar y presionaremos al animal contra la tabla con el índice de nuestra mano no dominante, inmovilizándolo.

Cogeremos ahora con los dedos de la mano dominante la aleta central de la cola con firmeza, quebrándola por la base con un ligero movimiento hacia arriba.

Después, otros pequeños movimientos giratorios cuidadosos nos permitirán arrastrar con dicha aleta la tripa del crustáceo. No es difícil con un poco de práctica.

Nos deshacemos de esa tripa y ponemos los cangrejos a remojar. En unos 5 ó 10 minutos ya no se moverán.

Esta práctica es obligatoria para los pescadores de cangrejo rojo o de las marismas (Procambarus clarkii), ya que se trata de una especie invasora y perjudicial para el cangrejo autóctono. Pero en absoluto lo es para los cocineros.




sábado, 3 de mayo de 2014

Torrijas del convento: una receta tradicional de Castilla y León

Maravillosas torrijas
En el calendario semanasantero, la torrija es la oración gastronómica más directa con el Cielo.

Si los humeros plateados de incienso saturan de santidad nuestras pituitarias, y cornetas, tambores, paños de terciopelo y luminarias mortecinas doman e incardinan el resto de nuestros sentidos, es la bendita torrija la más humilde y completa de las sensaciones, y la que menos hartazgo genera.

Desde siempre las he tomado en casa y en la de los vecinos, pero nunca me generó entusiasmos. Tal vez aquellos corpachones blandurrios, henchidos de leche con canela, que se desplomaban contra el suelo, me aterraban. En la época de torrijas te abofeteaban con ellas en todas partes.

Pero mi amor con las torrijas germinó, como germinan el amor y el sexo cierto día en el cuerpo de los adultos más vitales. Fue en Cuenca, la olvidada, esa  de Castilla donde hay casas colgadas, resolí e higadillos con perdiz.

Fui a ver una tamborrada y me comí todo lo que había de raro por cada rincón de la ciudad vieja. Al día siguiente, harto de tanta transgresión de la Cuaresma, decidí santificar la fiesta y en la zona nueva evangelicé mi estómago con un par de rotundas y rubias torrijas de pastelería casera.

La Virgen Niña se me apareció, surgiendo desde el interior de una torrija … ¿Quién eres tú, torrija, que mi amistad procuras? La torrija me hablaba como me podría haber hablado Santa Teresa, aunque luego supe que pudo ser el espectro de Lope el que me tentaba.

Un gusano hambriento devoratorrijas me recorre desde entonces cada Semana Santa en León y en Castilla, en las aceñas de Zamora, en la calle Tentenecio a orillas del Tormes, en las pedregosuras de Aliste y junto a las Cadenas de San Gregorio vallisoletanas. Ya no puedo más … voy en pos de la torrija …



Ingredientes de las torrijas
La receta de las torrijas

Durante el segundo visionado de la procesión de El Silencio de Zamora, engullía chipirones en el escaparate de un bar, mientras veía desfilar a los cofrades, más atentos al televisor de dentro del bar que de mirar para no tropezar con el hábito. Fútbol, chipirones a la plancha y procesiones: ¡La Santísima Trinidad!

A la mañana siguiente, después de una dormida en la Balborraz más villana, bajé a encontrarme con los capirotes blancos de La Esperanza, con mis brazos zombificados hacia adelante y las fauces babeantes, sorteando fieles ya desayunados … yo moría por una torrija …

Como la torrija es ese alimento simple y extraño que siempre se me resiste a la memorización –la leche me reblandece también el cerebro- he debido copiar la receta de un libro de monjes.

Es como las hago yo,  sin persignarme, pero reverenciando ese pan mojado en leche y frito, con el que ya Viriato debía desayunar cuando estaba con las cabras, y la emprendía a torrijazos contra los romanos enfundado en una capa alistana.


Por fin, la receta

-9 rebanadas de pan bombón, especial torrijas, o viejo de barra.
-Un cuarto de litro de leche entera.
-2 cucharadas y media de azúcar blanco.
-1 huevo.
-Harina.
-Canela en rama y en polvo.
-Aceite, preferible de oliva, pero no necesario.


Se calienta la leche en un cazo con el azúcar y un palo de canela. Antes de que hierva, se retira el cazo del fuego y se vierte el contenido con cuidado por toda la superficie de las torrijas, dispuestas en una fuente. Las dejamos media hora en remojo.

Después se rebozan las torrijas, en la harina primero y luego en el huevo batido. Se fríen en abundante aceite caliente hasta dejarlas doradas. Después se escurren y se dejan reposar sobre papel absorbente de cocina. Se pasan a una fuente y se espolvorean con azúcar (en polvo o no) y canela molida.

Si nos han quedado poco dulces, se pueden untar ligeramente con miel.


Nota

Recordemos que el pan puede llevar sal o no, por lo que deberemos ser conscientes de ello al añadir el azúcar: si nos quedamos cortos, sabrá más a pan frito que a repostería (que es el objetivo) y si nos pasamos, sabrá más a pastelería.

Y en cuanto a la leche, la medida ideal es cuando ya el pan no absorba más.


OTRAS RECETAS DE TORRIJAS ¡áins!





Enlace

Diferencias entre repostería y pastelería




sábado, 25 de enero de 2014

Cocina científica de fin de semana

Para tíos españoles solteros y divorciados


Espaguetis con animales marinos
La cocina para solteros y desemparejados no sólo es una necesidad vital, transitoria o elegida, sino también una especialidad gastronómica que es a la vez egoísta y hedonista, y no está condicionada por la opinión de otros comensales, que desvirtuarían su objetivo, que es el de experimentar y comer a nuestro antojo sin otros ojos y paladares críticos encima. 




Ingredientes para un sólo comensal (y pon el móvil en modo avión)

  • Un manojo de espaguetis de Triticum spp.
  • ¼ de Capsicum annuum tipo lamuyo rojo, crudo
  • 2 ½ dientes de Allium sativun de variedad fina, de Chinchón
  • 10 Loligo japonica pequeños, crudos y congelados
  • 12 Mytilus chilensis machos y hembras cocidos y congelados
  • 20 Parapenaeopsis stylifera crudas y congeladas
  • H2O
  • NaCl
  • Piper nigrum molida
  • Zumo fermentado de Vitis vinifera de Cilleros
  • Zumo exprimido en frío del fruto del Olea europea, virgen extra
  • Emulsión preparada de Capsicum frutescens u otra especie con el compuesto de nombre sistemático 8-metil-N-vanillil-6-nonenamida o fórmula general C18H27NO3
  • Pan de Triticum spp. del bueno.
  • Tenedor de campaña del Ejército Español, años 90
  • Servilleta con la bandera pirata


Modo de preparación

Descongelar en agua lo que procediere y escurrir.

Se cuece el manojo de Triticum en H2O abundante con media cucharada de NaCl, se escurre y se reserva.

Se limpian los Loligo japonicum, separando la cabeza y quitando picos y plumas. También se vacía el contenido estomacal apretando con los dedos, pues en ocasiones contienen restos duros de Echinodermata.

Se pican finamente 4 Mytillus chilensis hembras y el Capsicum annuum en cuadraditos.


Haciendo la salsa

Vino de Cilleros
En una sarten amplia se ponen una cucharada del zumo de Olea europea y se fríen los Allium sativum aplastados.

Un minuto después se añade el Capsicum annuum. Se deja hacer lentamente. Se añaden los Mytilus hembra picados y se remueve hasta conseguir algo de líquido de las mismas.

Se incorporan las Parapenaeopsis y se dejan cocinar brevemente, añadiendo a continuación el resto de los Mytilus enteros. Se les da un hervor y se echa ⅓ de vasito del zumo cillerano.

Se deja hacer hasta evaporar el zumo anterior, evitando desecar demasiado los ingredientes. Se añade un chorrito de la emulsión de Capsicum frutescens.

Y se remueve todo en la sartén. Picamos muy fino ½ diente de Allium y lo incorporamos crudo al manojo cocido en la misma cazuela de cocción ya escurrida. Completamos con un chorrito del oro líquido virgen anterior.

Le vertemos todo el contenido de la sartén a la cazuela y removemos con cuidado de no estropear los bonitos Mytilus.


Aguardiente de mora ártica
Presentación

Por último, vertemos en un plato hondo el Triticum cocido y así condimentado. Lo hacemos acompañar del Cilleros frío y los flanqueamos con la bandera pirata y el tenedor militar.

A comer.

De postre, un buen chupito de Rubus chamaemorus casi helado. Y ya has hecho la tarde.

Disfruta de que hoy estás soltero y sonríe, pocas libertades son tan baratas.








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