sábado, 1 de octubre de 2016

Crítica a Siroco: recuerdos del Sáhara Occidental

Puesto de Guelta Zemmur en 1957,
a la izquierda el Jeep Willys
... de cuando en cuando, después de haber reposado con viveza de la vorágine laboral, repaso los cantos de algunos libros olvidados adquiridos en los años pasados, habitualmente releídos y furtivamente estudiados en partes; aquellos que necesitan una segunda y tercera lecturas profundas, y completar unas pocas páginas aún ignotas.

Uno de esos libros rescatados de su polvo es Siroco, escrito por un teniente de Grupos Nómadas destinado en un aislado puesto del tórrido interior del Sáhara Occidental hace 58 años.

El libro parece uno de tantos escritos por oficiales africanistas sobre los maravillosos y frugales años que vivieron en su juventud, con un par de recién otorgadas estrellas de 6 puntas, con todo el futuro por delante y subalternos a sus pies, en un mundo que ellos no sabían que se acababa para siempre.

He leído numerosas experiencias de esos oficiales de la General, que se dedican a escribir de sus recuerdos edulcorados cuando les llega la senectud o pasan a la Reserva. Pero todos adolecen de lo mismo: falta de calidad literaria, escaso sentido de la crítica y una irritante idealización de personajes y situaciones, que si bien tienen valor precisamente por su subjetividad, ésta acaba sepultando lo obvio y objetivo, convirtiéndose en poco más que remembranzas seniles de color sepia.

Siroco es una de esas obras no bien escritas, aunque el autor se esfuerce. Lenta, con destacables erratas y hasta faltas de ortografía. El fárrago de sus listados de palabras y frases en hasanía la hacen incomprensible al principio, hasta para un iniciado como el que suscribe.

Aceytuno escribe como para no dejarse nada de su erudición sobre el Sáhara en el tintero. Guelta (de) Zemmur y los otros puestos militares, sus pozos, sus montañas, sus nómadas, sus frases, sus indumentarias y sus costumbres, … y todo eso -de manera pormenorizada- agota la paciencia de cualquiera que no haya sido legía, haya vestido un uniforme color garbanzo o respirado el aire caliente y polvoriento del Sáhara.


Macho de Gacella dorcas
Sin embargo el libro tiene un doble valor extremo: es una experiencia directa y escasamente novelada de un joven teniente de 25 años al mando de una guarnición indígena en medio de una guerra colonial en África y, además, su minuciosidad sirve para contrastar nuestras experiencias previas y filtrar lo espurio y hasta lo estúpido y sectario de los relatos orales, los recuerdos y lecturas de otros militares de carrera y de oficio, y de una caterva de civiles que, como chacales abrevando en una guelta, ensucian los manantiales puros de la verdad con esa pátina de inseguridades personales, barrigas siempre llenas y cráneos donde hacen eco sus 3 ó 4 ideas sobre lo que son la milicia, la política y los gobiernos en cada circunstancia, viendo el pasado bajo el prisma amanerado de sus intoxicadas y ajedrezadas pupilas peninsulares.

El autor patina en ofrecernos una obra literaria que perdure por ello, tal vez era consciente, pero se deja llevar por el lirismo. Sus escenas de amor son tan pueriles como risibles y desencajan el tono documental y paisajístico que tanto valor le otorga a esta obra, fundamental para entender qué pasó allí y por qué pasó.

El escritor no es un cualquiera: mandó un destacamento a camello de áskaris, se diplomó en Estado Mayor, asumió un regimiento en la Península y llegó a general de división.


El príncipe Juan Carlos en el Aaiún
De niño y adolescente residió en el África Occidental Española, y en sus primeros años de profesional volvió a esa franja desértica volcada al Atlántico, que el sultán de Marruecos ha ocupado en la actualidad, haciendo creer a todos una falacia, con la connivencia de un rey vendido y mendicante, unos políticos rastreros y una superpotencia protestante que prefiere aliarse con naciones de distinta fe para impedir que España domine el Atlántico a la altura del estrecho de Gibraltar.

Invito a leerlo a todo aquel que desee conocer el Sáhara en toda su esencia antes de la invasión marroquí y el motivo del exilio del pueblo saharaui, despojándose de los filtros ideológicos para disfrutar de un té ardiente y dulzón en una jaima, con el olor a cabra en el ambiente y los ojos de una mora misteriosa y bella detrás de un heike.


Título






martes, 27 de septiembre de 2016

Entrevistas


Entrevistas



Entrevista en 2013 a Marcos Rodríguez Pantoja

Marcos durante el rodaje de Entrelobos
Han pasado ya 3 años desde que tuve contacto personal con Marcos, el que fue niño lobo, y no he querido publicar este encuentro antes para retener conmigo ese momento mágico con un excepcional ser humano, un verdadero experto en supervivencia, no de esos que se calzan botas de Coronel Tapioca o llevan cámaras en ristre y la seguridad de las tecnologías modernas.

Tampoco he querido publicarla antes para no incomodar la intimidad de Marcos, al que le profeso admiración y afecto por su templanza, por su bondad natural y por permitirme certificar algunas informaciones que mi abuela me contaba cuando vivía en un pueblo de Extremadura, de paisaje muy similar al de la Sierra Morena donde sobrevivió.

Hoy, con 3 años ya de por medio, me inquietaba el no compartir con los demás esa admiración y respeto que siento por su persona y sus circunstancias desgraciadas, que lo llevaron a ser vendido a un cabrero anciano cuando sólo tenía 7 años para combatir la pobreza de sus padres durante la prolongada y mísera posguerra española.

De 1953 a 1965 vivió solo en plena naturaleza, sin contacto con otras personas, siendo la compañía de los lobos y otros animales la que forja su personalidad y sus habilidades, después de haber pasado unos años de sufrimiento entre las personas de su familia.


Entrevista en la cafetería de la cineteca de El Matadero

Conocí a Marcos posteriormente a la presentación del documental Marcos, el lobo solitario, complemento de la película Entrelobos (2010) de Gerardo Olivares, basada en hechos reales de su impresionante existencia.

Cuando terminó el coloquio, Gerardo Olivares lo acompañaba y le proporcionó algo de comer y de beber, como un cariñoso tutor que guía a un forastero. Permaneció de pie y se comió la pizza de una manera un tanto tosca y bebió coca-cola. Se quejó en numerosas ocasiones de las copas vacías, aunque los que estaban con él eran atentos y hasta cariñosos.

Estuvo unos momentos solo y aproveché para acercarme a él y darle las gracias por el documental.

Gerardo, el director, le habló antes de sentarse en una mesa donde no había sitio para Marcos. Estaba llena de autosuficientes, hombres y mujeres jóvenes muy arreglados y con mucho estilo. Tal vez Marcos desentonaba en esa mesa o tal vez no quiso sentarse a ella.

Le di la mano, una mano grande y suave, como una enorme zarpa de lobo por la forma de sus dedos, y no por haber convivido y cazado con ellos, sino porque un accidente con una hormigonera –como relató en el coloquio- se la deformó.

Marcos en su juventud, intentando reinsertarse 
Allí también contó que los padres de una novia que tenía en Palma se negaron a que siguiera con ella porque no podría trabajar debido a su accidente –y mantenerla, se entiende-.

Marcos se burla de los habitantes del pueblo de Orense donde reside porque no saben lo que es una jara, ya que allí no hay.

Hablamos de que se encuentra cansado y se lamenta. Pero le digo que unos niños tienen infancias felices y vejeces llenas de dificultades –sin pensiones dignas- y otros, como él lo pasan muy mal de niños y luego de mayores disfrutan de su tiempo.

Se lamenta de lo mal que lo pasó en Palma, pero lo pasó muy bien en la mili, que hizo en Cerro Muriano, Córdoba. Y me indica cómo disparaba contra el monte.

Marcos con el naturalista Luis Miguel Domínguez
Sierra de la Culebra, Zamora
Parece un hombre cansado, de aspecto juvenil, nada curtido, sin cicatrices en la cara y de aspecto muy poco montaraz, aunque se notan su escasa cultura, su aspecto de hombre de pueblo, su gran locuacidad y una inteligencia muy despierta.

Su aspecto ese día era algo circense, como un hombrecillo muy tosco al que lo visten de manera algo grotesca, con un sombrero negro, que no se sabe bien si lo eligió él, pero que no se quitó en ningún momento del que estuvo conmigo.

Las dificultades en las rodillas me dice que son de trabajar tanto poniendo suelos en Mallorca.

Marcos actualmente da charlas a niños en colegios y el grupo de niños que apareció en el documental estaba en la casa de Gerardo, el director.

Siempre finaliza sus intervenciones públicas con el sobrecogedor aullido del lobo, que realiza con la maestría propia de quien convivió 12 años con los lobos ibéricos de Sierra Morena, hoy tristemente casi extinguidos, como la inocencia primigenia de Marcos.



Enlace

Marcos Rodríguez, el último niño lobo español


Las enseñanzas del caso de Marcos

Su experiencia nos enseña muchas cosas: que la pobreza de los adultos es cruel con los niños, que los primeros años son claves para el aprendizaje, que la Naturaleza se conservaba prácticamente virgen en la España de los años 50 y 60, que el hombre se puede troquelar con los animales, ... y que el acoso al que someten unos hombres a otros es más degradante para las personas que el que ejercen los animales sobre los hombres.

Los instintos de protección de los lobos por las crías salvaron a Marcos de una muerte segura, sin embargo los alimañeros han existido hasta la época de Marcos, arrebatando los lobeznos a sus madres para meterlos en un saco y pedir dinero por ellos a las autoridades.

Aquí dejo el relato de la existencia miserable de dos alimañeros, un padre y un hijo de corta edad, casi como Marcos cuando fue auxiliado por la loba en la cueva, sólo que ellos arrebataban cachorros para poder sobrevivir.

Juan Bravo, el cazador de lobos de Las Hurdes










Marcos Rodríguez, el último niño lobo español

Estamos a finales de 1965, cuando un cazador vio algo que se movía sigiloso en un paraje recóndito de Sierra Morena. Era un muchacho descalzo, vestido con pieles, con el cabello hasta la cintura que se defendió a bocados cuando la Guardia Civil intentó capturarlo.



Un humano troquelado por lobos: Marcos
Marcos Rodríguez Pantoja, el último niño lobo español

Su vida real, contada por el mismo Marcos, la recoge el documental Marcos, el lobo solitario (2013), y el relato de su experiencia en la sierra la película Entrelobos (2010) ambos de Gerardo Olivares.

El relato de Marcos en el documental sobrecoge por lo inusitado de su experiencia, en una época muy cercana a nosotros pero en la que era posible en los agrestes montes españoles lo que en otros lugares de Europa ocurrió siglos atrás.

En los años setenta, el escritor mallorquín y catedrático de Antropología Gabriel Janer conoció a Marcos Rodríguez  en Palma de Mallorca y basó su tesis doctoral en su caso: la historia real de un niño lobo español.

A Janer le fascinaba todo ese mundo interior que creó ese niño para sobrevivir, y que es la columna vertebral de su relato y de sus recuerdos construidos.


«Sigue siendo un crío, no un hombre adulto de 64 años»


Gerardo Olivares y Marcos Rodríguez
Cuando el director de cine Gerardo Olivares tuvo noticia de esa historia, también quiso conocer a Marcos: “Me llevé una cámara de vídeo doméstica por si acaso."


«Me encontré a un tipo ágil de 65 años»


De aquel contacto surgió Entrelobos (2010), pero pronto se dio cuenta de que podía ir más allá. “Hablé con mi productor, José María Morales, y decidimos que también montaríamos un documental”.

El resultado, Marcos, el lobo solitario, presentado el 10 de enero de 2013 en la Cineteca, de El Matadero de Madrid, es de un verismo conmovedor.



Marcos con un lobo troquelado
Presentación del documental Marcos, el lobo solitario

La invitación que me enviaron para presenciar la presentación del documental Marcos, el lobo solitario ha sido la mejor experiencia de cine que he tenido jamás en mi vida.

Acudí tarde a la taquilla por mis obligaciones laborales de siempre, y no llevaba encima la acreditación, que nunca he recordado de dónde partió. Así que, a toda prisa, expliqué la situación y exhibí una de mis tarjetas que indican que me dedico a esto del periodismo cultural. Y entré casi sofocado.

Ocupando un asiento en las últimas filas, con las luces aún encendidas, pude reconocer a casi media docena de famosos naturalistas; entre los que creo recordar al menos a Joaquín Araújo, apenas 3 metros más abajo en el patio de butacas. Y había muchos otros personajes del periodismo y las ciencias.

Al poco el director, un tipo corpulento y rubicundo, presentaba al protagonista de la historia.



Sierra de Andújar
Fuente; http://toni-miscosas.blogspot.com.es
La historia y la fantasía de un niño

A través de 89 minutos intensos, se documentan la infancia rural de Marcos en un pueblo de la provincia de Jaén, mezclada con su fantaseado recuerdo, su realidad de abandono y supervivencia solitaria en el monte, y la durísima adaptación posterior a la sociedad urbana del desarrollismo de su época.

Pensemos en el vértigo que puede sentir un joven del ámbito rural serrano que va a hacer el servicio militar a la capital de España en los años 60 del siglo XX.

E imaginemos ahora a un muchacho, Marcos, que pasó 12 años sin contacto con persona alguna, vestido de pieles, comiendo carne cruda y relacionándose con lobos, serpientes y rapaces, en medio de la naturaleza agreste y primitiva de lo más recóndito de Sierra Morena, donde aún los lobos campaban a sus anchas y la Naturaleza se expresaba con toda la fuerza del bosque mediterráneo virgen. 



El coloquio del documental

Después del documental, se abre un coloquio, en el que Marcos se explaya, y refiere que su mejor amiga era una serpiente a la que crió y le salvó la vida primero dándole latigazos con la cola para despertarle.

También opina sobre otros animales, como los jabalíes: “si estás dormido te muerden y te comen porque son unos guarros”. Tal vez sea una manía de Marcos, porque le pusieron a cuidar guarros de niño y le pegaban.

En el monte, comía las semillas de las abundantes jaras y utilizaba dos piedras blancas para hacer fuego. 

Marcos durante el servicio militar
Cuando lo capturaron para hacer el servicio militar lo mandaron al dentista para que le arrancaran los dientes “para analizarlos”.

Del servicio militar opina: “Muy mal hecho, porque allí también me arrearon de lo lindo”.

Una vez finalizado, dice que lo pasó muy mal en Palma de Mallorca, donde le gastaban bromas muy pesadas. Allí fue donde el antropólogo Janer se lo encontró.

Marcos se queja de problemas físicos en la rodilla y también de próstata, en claro contraste con el vigor que disfrutaba de su vida en el monte.

Vive actualmente en Rante (San Cibrao das Viñas) a 5 km. de Orense, a donde llegó en acogimiento por Manuel Barandela. A este policía, ya fallecido, lo conoció en Fuengirola, y lo llamaba jefe en vez de padre.

Allí, dice que vive en una casa sin calefacción, pero con estufa, y se ríe de los lugareños porque no saben lo que es una jara, que en Orense no abundan.



La película de Gerardo Olivares

Marcos tenía siete años cuando fue entregado por su padre a un cabrero para cuidar un rebaño en un perdido valle de Sierra Morena, llamado en la película Valle del Silencio. Al poco tiempo el cabrero murió y Marcos se quedó solo y completamente aislado.

En los doce años que permaneció en el monte -de 1953 a 1965- no tuvo contacto con humanos, vivió junto a una manada de lobos y sus amigos eran un hurón y una gineta.

La increíble experiencia vital de Marcos se desarrolla en la película en la serranía contigua a Fuencaliente (Ciudad Real), en las riberas del río Yeguas, dentro de lo que se conoce como Sierra Madrona y que hoy es el Parque Natural de la Sierra de Cardeña-Montoro. El puente del Obejo marca la frontera entre el mundo del lobo y de las personas, en uno de los lugares más remotos de esos agrestes parajes.


Notas

Janer recoge el caso de Marcos en su tesis La problemática educativa dels infants selvátics: el cas de Marcos (1979) y posteriormente en su libro L'Infant selvàtic de Sierra Morena (1999). También ha publicado una novela, He jugado con lobos (La Galera), que cuenta «la historia tal como fue».

Marcos Rodríguez Pantoja nació el siete de mayo de 1946 en Andújar (Jaén). Tenía cerca de siete años cuando se quedó abandonado en los bosques montañosos de la profunda y bella sierra andujareña. La ficción cinematográfica ha cambiado en el guión la ciudad jienense de Andújar y su serranía por un limítrofe pueblo cordobés y la Sierra de Cardeña- Montoro.


Enlaces



















martes, 26 de julio de 2016

Problemas de los estanques ornamentales en Madrid

Estanque de la avenida 25 de septiembre.
04/07/2013
24/07/2016

A veces, la falta de tiempo por las ocupaciones cotidianas y lo inabordable de una tarea por su dimensión o dificultad, hace que la pospongamos hasta tener la mejor de las disposiciones.

Hoy ese día ha llegado para un artículo que ha estado en el horno, semiabandonado, más de 3 años.

Ha sido mi artículo más deseado en este blog, y espero que aporte información valiosa a quienes lo lean, para que se tomen las decisiones más sensatas y adecuadas, cuales son: la defensa del medio ambiente y el cuidado de las láminas de agua ornamentales en la ciudad de Madrid.



Ecología de un estanque urbano madrileño 

28/03/16

Han pasado ya 2 años desde que descubrí el estanque de la avenida 25 de septiembre. Desde entonces, los distintos aportes hídricos, botánicos y faunísticos habían convertido un depósito de cemento en un ecosistema.

Allí proliferaban una nutrida colonia de gambusias (Gambusia holbrooki), algas, zapateros de agua (Gerris lacustris), notonectas, una rana verde (Pelophylax perezi), un galápago americano sin identificar, 2 carpas grandes (Cyprinus carpio), 2 carpas pequeñas, una de ellas posiblemente un koi (Cyprinus carpio) y otra un carpín o carpa dorada (Carassius auratus auratus) y numerosas libélulas rojas (Sympetrum fonscolombii ♂) se posaban en sus barandillas, poblando sus mudas los bordes de cemento.

De todos las anteriores, tan sólo Gerris, Pelophylax, Notonecta y Sympetrum son géneros autóctonos, lo que nos debe llevar a reflexionar sobre las consecuencias de ello.

Rana verde entre algas filamentosas
Después de ese tiempo, el deterioro de ese ecosistema se produjo por la falta de mantenimiento por parte del Ayuntamiento de Madrid, que permitió que las ramas, papeles y latas arrojados por el viento y las personas más marginales al vaso del estanque lo ensuciaran de tal modo que se decidió su vaciado, con la consiguiente destrucción del hábitat y la desaparición o muerte de todas las especies animales presentes.

Las terribles imágenes de un carpín dorado yaciendo brillante e inerte entre el barro y los detritus extraídos del estanque, con su vientre picoteado por las aves, expresan bien a las claras la insensibilidad de los operarios de limpieza del Ayuntamiento de Madrid y sus responsables técnicos y políticos.

Pero veamos cómo comenzó la historia.


Almendros en Quinta de los Molinos 10/03/2014
El Parque de Quinta de Los Molinos

19/09/2013

He descubierto el parque de Quinta de los Molinos hace sólo un par de años, en 2011. Acudí a un proceso selectivo en unos edificios de oficinas contiguos y me metí un rato en sus caminos para descansar a su sombra.

El parque no es ni el más bonito ni el más grande de Madrid, premios que se llevarían, casi sin dudarlo El Capricho y El Retiro, dejando aparte otros menos conocidos y el enorme Parque Juan Carlos I, una solanera inhóspita en verano y una heladora estepa rusa en invierno.

Molino de viento para
extraer agua
Durante mis decenas de recorridos por el parque de Quinta de los Molinos, he sido perfumado por los cientos de almendros que en febrero ofrecen la floración más abundante y bella de Madrid, equiparable a la Rosaleda de El Retiro. Y por la fragancia asfixiante de los innumerables lilos que florecen en mayo en muchos de sus caminos.

He recorrido sus veredas de tierra flanqueadas de arces de montpelier, de encinas, de pinos, de eucaliptos frescos, de lilos fragantes… sus parterres y su gran charca de aguas oscuras y muertas.

He oído picos picapinos  repicar en lo alto, visto a los mirlos correteando entre los arbustos, a las urracas, las palomas torcaces, … incluso a un carbonero garrapinos en una conífera cercana al parque comiendo sus acículas.

El lugar es ideal para correr, para perderse. No hay aglomeración de turistas ni de corredores sudorosos, tan sólo paseantes de perros y algún que otro vecino deportista. Hay incluso una pequeña pista de atletismo contigua al parque. 

Parterre, 09/04/2014
Hacia la calle Juan Ignacio Luca de Tena se agolpan las construcciones … y los dos molinos, unos pequeños y vulgares generadores eólicos que una vez sirvieron para extraer agua de un pozo.

En derredor, los parterres conforman la imagen más íntima y amable de este parque singular que merece una mayor atención para dotarlo de una mejor ordenación y mayor atractivo paisajístico.

Hoy, ya 2016, se estrena un paseo con unos pocos alcornoques esbeltos, granados, nuevos bancos y papeleras y actuaciones en caminos y árboles, que si bien a veces resultan algo abigarradas y poco espontáneas en un parque de estas características, es mejor que dejarlo a la dictadura incontrolada de pinos laricios y eucaliptos.


Estanque grande del parque 09/04/2014
El estanque muerto

En lo más escondido del parque, cerca de unas mimosas y de sus conocidos molinos de viento, había un estanque de aguas oscuras y tenebrosas, que me daba pavor, imaginándome la profundidad de su aguas y sus fangos atrapadores, con sus hojas secas flotando como en un lago de alquitrán.

Hoy está felizmente recuperado para la vista y la nariz, y ya se le ve la luz de su fondo prístino.

Un chorro chato e insulso le confiere la extraordinaria belleza de la sencillez los días soleados y transparentes, surcado de cardúmenes de peces anaranjados como las cortezas de las mandarinas más jugosas.

Mide unos 60x30 m y tan sólo 50 cm de profundidad y está rodeado de grandes cedros y acacias.

Posteriormente descubriría que existe otro estanque a pocos cientos de metros, de forma ovalada de unos 35x20 m y apenas 30 cm de profundidad, rodeado de resinosas Cupressus arizonica, y situado fuera del muro junto a la avenida 25 de septiembre.


Estanque pequeño, fuente Google
El estanque pequeño o estanque 1

Aunque este artículo versa sobre el estanque pequeño (1), el más grande es de capital importancia porque existen las mismas especies descritas en el menor.

Ello me hace suponer que los mantenedores del parque bien han podido repoblar el estanque pequeño, con las motivaciones más peregrinas y carentes de sentido, pues excepto el ornamento que representan unos kois y carpines expuestos a la depredación glotona de foráneos, no tiene ningún sentido introducir ranas, gambusias o tortugas acuáticas debido a su forma de depósito de paredes altas, del todo inapropiado para que se soleen quelonios y batracios.

Bien harían en adornarlo con una bonita fuente de rocalla en uno de sus extremos.


Las gambusias y las algas del estanque pequeño

Las gambusias que frecuentemente se encuentran en el estanque pequeño no surgen de la generación espontánea. No hay corrientes de agua que las traigan, ni aluviones de ríos cercanos durante las crecidas, porque los arroyos de Madrid están lejos y canalizados.

Alguien las echa allí periódicamente, tal vez con la esperanza de que aniquilen posibles puestas de mosquitos. Y se reproducen de una manera vertiginosa.

Es fácil diferenciar entre las panzudas hembras y los diminutos machos, pero no tanto saber a qué especie pertenecen, o sí ... 


Hembras de Gambusia holbrooki del estanque 1
Identificación de Gambusia holbrooki

Son numerosos los problemas que se encuentran los naturalistas a la hora de describir e identificar la especie, debido a la similitud que presenta con sus parientes americanas Gambusia affinis y Gambusia patruelis. G. holbrooki ha sido considerada como subespecie de Gambusia affinis (Gambusia affinis holbrooki) hasta 1988 (Wootten et al., 1988).

G. holbrooki y G. affinis pueden ser diferenciadas por el número de radios que poseen en la aleta dorsal, pues G. holbrooki cuenta con 8 radios mientras que G. affinis posee sólo 7.

A través del análisis de secuencias del ADN mitocondrial de muestras de poblaciones europeas y americanas, se ha establecido que el haplotipo más abundante en Europa de G. holbrooki proviene de Carolina del Norte y se corresponde con la introducción de la especie en España en 1921 (Vidal et al., 2009), con objeto de combatir el paludismo de algunas zonas.

Por ello entendemos que es G. holbrooki frente a quien nos encontramos.


Carpín en el estanque
Interacción con otras especies

En el estanque de nuestro estudio, la gambusia  no interactúa con otros peces, pues ha sido durante varios meses la única especie piscícola. Sin embargo, a finales de agosto de 2013 se elevó artificialmente el volumen del agua embalsada y se introdujeron tres ciprínidos: un koi (Cyprinus carpio) o carpa ornamental de unos de unos 15 cm. y color naranja brillante uniforme y dos carpas comunes (Cyprinus carpio) de variedad diferente, una común de unos 40 cm. y otra algo menor de grandes escamas. Posteriormente se incorporó un carpín (Carassius auratus).

Después de que un visitante de aspecto eslavo estuviese mirando insistentemente el vaso del estanque, no he vuelto a ver la más grande.

No descubro nada si digo, por ejemplo, que el estanque de la Casa de Campo ha sido esquilmado por pescadores furtivos de la misma procedencia, según me indican veteranos pescadores madrileños.


Gambusias  entre las algas del estanque 1
Comportamiento de Gambusia holbrooki

En el estanque pequeño se podían ver, al principio, unos pocos alevines que después de crecer aparecían con dos rayas verdosas metálicas longitudinales en el dorso y grandes ojos saltones. Entre esos alevines había unos peces barrigudos de unos 2 ó 3 cm. del mismo aspecto, son las hembras.

Durante los mediodías del mes de agosto he observado grupos de 5 ó 6 machos persiguiendo a una hembra por el estanque a gran velocidad y no he visto agresividad entre ellos. Habitualmente las hembras se mueven entre los numerosos machos sin verse molestadas.

Las gambusias detectan la presencia humana por la sombra, visualmente,  y tal vez por las vibraciones del suelo al aproximarnos y las voces, por lo que se hace necesario no hacer ningún tipo de ruido y acercarse lentamente para observarlas. Son peces que se pueden detener completamente y arrancar a velocidad vertiginosa a la menor señal de alarma.

Gambusia hembra se refugia bajo las algas
Las hembras son más precavidas y aprovechan las algas filamentosas de la superficie para situarse debajo y creer que no las vemos. Es el momento de pescarlas con una pequeña red circular de mango largo, cogiendo las algas, muy a nuestro pesar. 

Las gambusias son muy resistentes al estrés después de pescadas, pudiendo sobrevivir unas horas en un bote ancho de cristal con tapa, pero debemos tener cuidado con la subida de temperatura, evitando solear el bote, pues pueden morir si sube de 35º C. El rango de temperaturas que ofrece la bibliografía más general oscila entre 1 y 40ºC.


Carpín en el estanque 1
En un acuario

Con objeto de poder seguir con la observación del comportamiento de la gambusia, trasladamos unos cuantos ejemplares machos y hembras a un acuario de agua fría con filtro que acondicionamos especialmente.

Finalmente desechamos la idea de introducir hembras por la posible competencia entre machos en ese pequeño estanque artificial y por la posibilidad de que sus posibles puestas acabaran en la red de alcantarillado con el vaciado del acuario.

Utilizamos un tanque de 15 litros para 5 gambusias (G. holbrooki) macho, de unos 17 mm.


Carpa, carpín y algas filamentosas, estanque 1
El ciclado del acuario

La aclimatación de las gambusias al acuario pasa por su ciclado previo. 

Llenaremos el acuario con agua corriente del grifo y trataremos con un acondicionador de agua para neutralizar el cloro. Durante un mes, el filtro va a estar trabajando para generar nitrobacterias, que se alimentan de la comida de pez que cada dos días depositamos en el acuario, como si alimentáramos un par de pequeños peces imaginarios.

Al acuario deben incorporársele las plantas que elijamos al menos una semana antes, para que también participen del intercambio de nutrientes. La luz debe apagarse y encenderse en ciclos de 12 horas para un correcto desarrollo de las plantas.

Nosotros pusimos dos plantas sumergidas: una ambulia (Limnophilia sessiliflora) y una preciosa y resistente Anubia nana.


Sympetrum fonscolombii 
El tanque provisional

Mientras duraba el ciclado, mantuvimos las gambusias en un jarrón de cristal con unos 3 litros de agua filtrada al carbón, con una planta aérea, la Spathiphyllum wallisii, alimentándose a través de sus raíces sumergidas de los excrementos de los peces disueltos en el agua.

Cada dos días incorporábamos comida de tortuga pulverizada (insectos y barritas). Así las gambusias complementaban su alimento con los microorganismos que producen las raíces de la planta.


Algas filamentosas en el fondo del estanque 1
Decoración del acuario

Elegimos un sustrato de grava gruesa volcánica de unos 5 mm. de diámetro por estética, aunque un suelo más menudo y rico daría mejores resultados. 

Introdujimos una raíz de manglar, que tomamos del acuario de una rana común (Pelophylax perezi). Simplemente la lavamos, raspando un poco con los dedos para quitar algo de algas.

Deberíamos haberla hervido, pues vimos diminutos gusanos blancos de menos de 1 mm. en las paredes del acuario.

Si la raíz fuera nueva, es obligado hervirla para que se desprendan los taninos y no nos tiña el agua del acuario.

La anubia la dejamos en su maceta, semienterrada en la grava, y la ambulia la encajamos en los huecos de la raíz usando la estopa que la acompaña.

A los pocos días de incorporar las plantas al ciclado aparecieron unos velocísimos y diminutos caracoles marrones, los Physa acuta, que se paseaban por las paredes limpiando de algas el acuario.

Tal vez vinieron con la misma anubia que compramos, pues les gusta realizar las puestas en plantas de hoja ancha. No son perjudiciales, excepto para el filtro, que pueden llegar a atascar.


Estanque 1 cubierto de algas
Las algas en el estanque

El escaso mantenimiento de las fuentes y estanques que existen en Madrid produce fenómenos del todo indeseables como es el crecimiento de algas filamentosas, de gran desarrollo e impacto visual en el estanque pequeño.

El  detritus que vemos flotar con el aumento de las temperaturas y sumergirse con la disminución de las  mismas  son algas verdes filamentosas  mezcladas con desechos orgánicos.

Se desarrolla en el sustrato de los estanques y los acuarios y está compuesto por tierra, polvo, restos de vegetales y animales en descomposición, materia fecal de los peces y restos de comida de los mismos, sobre los que se asientan las algas.

A veces se le denomina mulm, por su similitud con el "polvo grueso formado por agregados de la superficie del suelo, muy pequeños, duros y angulosos producidos en suelos turbosos por desecación fuerte", según definición del glosario contenido en mapa.gob.es

Esos sedimentos semidegradados poseen muchos poros, los cuáles se calientan cuando les da el sol, se expanden y suben a la superficie. Durante la noche y el invierno, con los cambios de temperatura, regresan al fondo.

Mulm o detritus en el estanque 1
A veces se las llama algas de espuma y son muy difíciles de eliminar. Lo mejor es esperar a que suban a la superficie y retirarlas con redes finas como las de los cazamariposas.

Pero se ve que a las alcaldesas de Madrid, presente y pasada, el tema de la higiene de las láminas de agua de Madrid las trae al pairo. Realmente da una muy mala imagen de una ciudad el que sus estanques y fuentes parezcan vertederos de basura. Y a mí me irrita bastante.

Aunque no podemos esperar mucho de unas regidoras municipales que han hecho de la basura el santo y seña de Madrid, una ciudad en la que las contratas de basuras riegan aceras y asfalto con los desechos de los madrileños porque se les caen de los propios camiones y no los recogen.


Carbonero común entre el mulm de estanque
Con el hábitat no se juega: la hepatotoxinas

Pero volvamos al tema. Las algas no sólo son antiestéticas, sino que a veces son también peligrosas por trasmitir su toxicidad al agua a través de las hepatotoxinas.

Las hepatotoxinas son producidas por varias especies de los géneros Microcystis, Anabaena, Oscillatoria, Nodularia, Nostoc y otros.

La mayor parte de las hepatotoxinas son microcistinas, siendo producidas mayoritariamente por la especie Microcystis aeruginosa, un alga cianofícea que forma espumas en superficie que desprenden olor a insecticida. 

Microcystis en un estanque
Fuente: Internet
Las microcistinas o microcystinas son toxinas de estructura heptapeptídica producidas por las floraciones de esas cianobacterias tóxicas que crecen en aguas superficiales eutróficas. Son tóxicas para los humanos y dan lugar a alteraciones gastrointestinales, reacciones alérgicas e irritaciones.

Microcystis aeruginosa y Microcystis flos-aqua, por ejemplo, están presentes en Madrid en el lago grande de El Retiro al menos desde 1901.

Tirar alimentos al agua como migas de pan y aperitivos para que se los coman los peces provoca la excesiva proliferación de algas, lo que agota el oxígeno del agua y produce el envenenamiento de los peces.

Otros irresponsables abandonan en muchos estanques sus peces de colores y tropicales, galápagos y hasta pirañas, como se han encontrado en el lago de El Retiro, lo que debería conllevar multas cuantiosas y hasta penas de cárcel.


Gambusia holbrooki hembra en el estanque 1
Significado ecológico de la gambusia en España

La Gambusia holbrooki es un pez exótico peligroso para el medio ambiente español. Sobre los posibles beneficios aparejados a su introducción para combatir el paludismo a principios del siglo XX hoy se ha demostrado que fue un grave error ecológico, pues afecta negativamente a especies de peces autóctonas, como el fartet (Aphanius iberus), el samaruc (Valencia hispanica), el salinete (Aphanius baeticus) y el espinoso (Gasterosteus aculeatus) al competir directamente por los recursos alimenticios y depredar sobre las puestas y alevines. La gambusia también depreda sobre renacuajos y puestas de anfibios. 

La Gambusia holbrooki está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras Norma: Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto. Fecha: (BOE nº 185): 03.08.2013, por lo que debemos extremar las precauciones para evitar su difusión en el medio natural y en las redes de saneamiento de pueblos y ciudades.







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