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martes, 10 de marzo de 2020

De la Hiruela a El Cardoso, Sierra del Rincón

Afloramiento de esquistos en el Puerto de La Hiruela
26/10/2019
Desde que existe la aplicación Wikiloc las cosas han cambiado enormemente en esto del excursionismo. La preparación de las salidas de antes, usando mapas del Servicio Geográfico del Ejército, comentarios vistos en revistas, por Internet u oídos en anteriores excursiones, unidos a la pericia, la orientación y la experiencia ya tienen poco valor. Con esta aplicación móvil seleccionas una ruta y por GPS te lleva por la misma con una precisión de escasos metros de error. Ahora los domingueros lo tienen de lujo para llegar a los sitios más recónditos de nuestra naturaleza.

En la sierra de Madrid me he encontrado tantos extranjeros y urbanitas en bici y a pie como antes lugareños y esforzados excursionistas y montañeros.

Esta es mi segunda experiencia con Wikiloc y lo que más claro me ha quedado es la facilidad extrema en “preparar” una excursión complicada por los vericuetos, cruzando caminos, carreteras e intersecciones … y que necesitas una batería auxiliar aunque tengas un teléfono con una batería de 4.000 mAh.

Ya había realizado una ruta similar sin GPS hace un par de años, subiendo desde La Hiruela hasta el helipuerto, por el barracón para el retén de bomberos y el apostadero de caza de palomas, pero esta vez giramos por el camino de la derecha una vez alcanzado el barracón. Esta ruta circular discurre a través de unos 16 km.

Matamoscas (Amanita muscaria) bajo los helechos
Caminamos unos centenares de metros y subimos la ladera a la izquierda para tratar de conseguir algunas setas. Había abundancia de especies pero pocas comestibles.

Tan sólo enormes nízcalos semienterrados brotando; muchas amanitas muscarias en diversas fases de crecimiento, unas descoloridas por la lluvia y otras pequeñas de rojo brillante y escamas blancas. Había también alguna macrolepiota, seta de los caballeros (Tricholoma equestre), bastantes setas de puerco (Suillus luteus) y otra Suillus muy babosas y saturadas de agua en la cuneta de la pista forestal, cuescos de lobo, rúsulas de varios tipos (rojas, moradas, blancas) y varias especies parásitas de la madera en putrefacción.

Tremella mesenterica
El ámbito forestal es el del pino silvestre, de piñas y acículas pequeñas; enebro rastrero y enebro común; algunos robles mejolos (Quercus pyrenaica), unos de gran porte; encinas y acebos jóvenes y dispersos, y abundante brezo y jara (Cistus laurifolius) en las solanas. Hay algunos nogales a la entrada de las poblaciones y vimos la pequeña haya que hay a la entrada de la Reserva de Montejo.

El bosque parece maduro aunque los árboles son jóvenes y no se ven más arbustos con fruto que rosales silvestres, majuelos y zarzamoras en las lindes más soleadas. Bajo el dosel de pinos apenas crecen más seres que la setas, los musgos y algunos helechos. Existen muchas ramas esparcidas, lo que dificulta la marcha por las laderas y es un peligro para la época seca, pero proporciona más microhábitats para vegetales, animales y hongos.

Como en toda la sierra cubierta de pinares, los animales de sangre caliente son escasos. Sí que hay huellas de haber hozado los jabalíes en las laderas próximas a La Hiruela, y también algunos excrementos frescos de corzo pero poco más.

El dosel de pinos impide que lleguen los rayos de sol, lo que favorece un ambiente húmedo con una pluviosidad relativamente escasa de 700 mm, pero no evita que existan grandes concentraciones de helechos secos desde el verano.

La ruta va desde La Hiruela, pasando por Cardoso de la Sierra y el Hayedo de Montejo hasta volver a La Hiruela y se efectúa principalmente por caminos bien cómodos. Nos tomamos unas hidromieles antes de empezar en el mercadillo que había ese día.

El recorrido no es difícil por los desniveles, pero puede resultar bastante cansado si has conseguido una cesta repleta de nízcalos al principio y acarreas con ella durante casi todo el recorrido, especialmente molesta es la bajada de El Cardoso al Hayedo y la posterior subida, aunque sin estorbos en las manos es realmente un paseo largo no muy exigente para quien esté acostumbrado a salir al campo al menos una vez al mes.


Peral centenario de La Hiruela (M)
Árboles notables

En la Hiruela hay un peral muy añoso del que se conoce hasta el autor de la plantación. Se trata de un Pyrus communis de 15 m de altura y es uno de los mayores de España.

Otros árboles notables son el Rebollo de la Dehesa, de 800 años y 25 m de altura y el Roble Bastián, de unos 300 años y 20 m de altura. Pero nosotros seguimos otra ruta distinta, hacia Cardoso de la Sierra.

En nuestro recorrido hacia la caseta del retén de bomberos divisamos un enorme rebollo solitario de más de 300 años que es necesario proteger plantando otros rebollos que lo defiendan de los vientos, porque con los vendavales que estamos padeciendo estos años puede romperse hasta morir.

Roble de 400 años en Las Eras (La Hiruela)




Contactamos con Miguel Ángel, de la oficina de turismo de La Hiruela, y nos comentó que ese árbol se encuentra en la zona de La Eras, llamada así porque es donde se cultivaban centeno y cebada. Los vecinos llevaban allí a las cerdas para que se alimentasen con las bellotas, así que plantaban robles. El roble de la foto tendrá unos 400 años.



Enlaces













Bloque de cuarzo lechoso
La Hiruela

Bar El Tino
Cardoso de la Sierra

Hayedo de Montejo de la Sierra

Retén de bomberos, La Hiruela

Seta de los caballeros
(Tricholoma equestre)

Camino de Cardoso de la Sierra
a La Hiruela













viernes, 10 de noviembre de 2017

Los tejos viejos de Barondillo

Bajando al arroyo de la Angostura
Rascafría y los Tejos Milenarios

La salida fue a las 8:45 desde Plaza de Castilla y llegamos a Rascafría como una hora después; allí tomamos un café con churros congelados bastante sabrosos.

Iniciamos la ruta en coche unos pocos kilómetros más arriba de La Isla, en la segunda zona de aparcamiento junto a la carretera, margen derecho, y bajamos andando hacia el río de la Angostura atravesando la carretera hacia el lado izquierdo, bajando la ladera.

Los márgenes del río de la Angostura discurren bajo el dosel de grandes pinos silvestres (Pinus sylvestris), que protege enebros rastreros (Juniperus communis nana), algún piorno (Cytisus sp.), robles melojos (Quercus pyrenaica) aislados y jóvenes acebos (Ilex aquifolium) solitarios. Aparece algún gran abedul (Betula pubescens celtiberica) colgado sobre el cauce y también un sorprendente álamo temblón (Populus tremula), ambos con las hojas amarillas muy conspícuas entre el verde perenne del bosque y algunas marcescencias de medianos melojos.

Álamo temblón en el arroyo de la Angostura 
Atravesamos el río por el puente de la Angostura y después los arroyos de Valhondillo y del Paraje, éste por dos veces, para subir por el recóndito y misterioso cauce del Valhondillo hacia los tejos añosos, aislados entre robustos pinos silvestres en partes aclaradas del bosque. A través de un escarpe de pendiente media y de una pluviosidad elevada, llegamos hasta los tejos viejos de Rascafría, un recorrido nada fácil, a no ser que vayas directamente a buscarlos con geolocalizador.

El arroyo Valhondillo es uno de tantos arroyos de montaña a las faldas de las Cabezas de Hierro, que pueden alcanzarse subiendo por este torrente de montaña entre rocas de gneis y granito.



Tejo en el arroyo Valhondillo
Los tejos en Europa

El tejo (Taxus baccata) es una especie rara que, según la clasificación de Rabinowitz (1986), se enmarcaría como especie con área de distribución amplia, pero tamaños poblacionales reducidos allá donde aparece. También hay que considerar su carácter de especie relicta, más extendida durante la última glaciación pero que, tras este último período glacial, ha quedado restringida a pequeñas poblaciones aisladas unas de otras (Thomas y Polwart, 2002).

Los acebos pueden considerarse competidores del tejo pero, en determinadas circunstancias, cuando el estrés ambiental es muy fuerte y las probabilidades de establecimiento de las plántulas lejos de los tejos madre son prácticamente nulas, puede surgir una interacción positiva entre el tejo que nace y el acebo que alberga al tejo naciente. En esos casos llamamos nodriza al acebo que alberga al nuevo tejo, al que proporciona una defensa mecánica frente a los depredadores.


Entrada al paraíso ignoto
Los tejos de Valhondillo

Se ubican en la zona alta del Valle del Lozoya, concretamente junto al arroyo de Barondillo o Valhondillo (afluente del río de la Angostura o río Lozoya), a 1.630 msnm, en la cara norte de la Loma de Pandasco y en el término municipal de Rascafría.

El entorno donde se encuentran los tejos está bien conservado y es muy húmedo y musgoso, con precipitaciones anuales ente 900 y 1000 mm, pero corre el riesgo de deteriorarse debido a la afluencia de visitantes, que con los geolocalizadores tienen muy fácil llegar hasta la zona.

Tejos en el arroyo Valhondillo
El llamado tejo de Barondillo es uno de los árboles más viejos de la Península Ibérica, un tejo hembra de una edad estimada entre 1500 y 1800 años. El habitual pisoteo de los visitantes apelmazaba el suelo y llegaban a arrancar trocitos de ramas, por lo que ha habido que protegerlo con un murete de piedra y un vallado de hierro, que rompe la estética extremadamente salvaje de la zona pero evita la proximidad de las personas, que sin embargo pueden contemplarlo en toda su majestuosidad.

El número de visitantes no es grande. "Igual ahora llegan 500 personas al año, mientras antes apenas llegaban a las 80", dicen … Aunque hoy, en menos de media hora, he visto 15 personas.

Al andar cerca del espécimen compactaban la tierra, dañando las raíces. El tejo de Barondillo produce frutos, porque en realidad es hembra. En esta especie los sexos están separados. Cerca del tejo hay un ejemplar macho que también es milenario. Alcanza los mil años justos, un mocito comparado con la teja.

Como parte de un proyecto cuyo objetivo es asegurar la supervivencia del tejo en la zona, se han plantado varios hijos del tejo de Barondillo, al que se le ha clasificado de fuente semillera. Ahora existen varios tejos jóvenes, de 9 ó 10 años que son hijos de la teja madre.



Abedul en La Angostura
Domingueros consumidores de experiencias naturales

Los árboles singulares, en general, suelen estar expuestos al vandalismo, los incendios, el pisoteo de su zona perimetral y el expolio de su corteza, frutos, flores, ramas y hojas. El patrimonio natural español debe protegerse de manera más efectiva que con vallados, creando zonas restringidas y poniendo vigilancia.

Entre los nativos, los inmigrantes y los turistas somos más de 100 millones de personas, cada vez con más ansias de consumir naturaleza, con grupos organizados cada ver más masivos y deteriorantes, en busca de ocio barato y de sentirse exploradores de fin de semana. Realmente son los nuevos domingueros, que son más peligrosos porque están más preparados y llegan más lejos.


El olmo de Rascafría


Árbol de la plaza en Rascafría
Rascafría cuenta con leyendas como la del Tuerto Pirón, famoso bandolero que se escondía en el Árbol de la Plaza, olmo de más de trescientos años que murió el 14 de enero de 2000 por grafiosis, como tantas olmas de las plazas de Castilla que se plantaran por orden Carlos III.

Se encontraba situado en la Plaza de España y en torno a él se hizo la vida de Rascafría. Hoy lo han sustituido por otro árbol que desconozco, que posiblemente llegará a ser grande, pero que carecerá de la veneración y significado del desaparecido.

La grafiosis ha acabado desde 1930 con 6 millones de olmos autóctonos en España. En el año 1986 el 82% de las olmedas españolas estaban afectadas. De las dos especies españolas, Ulmus minor o negrillo y U. glabra, la primera tiene cierta resistencia a la enfermedad. La conservación de semillas y su plantación artificial ayuda a evitar la extinción de la especie, pero no garantiza estirpes resistentes. Aún así, la selección natural puede encontrar la llave para su preservación.





Enlaces









lunes, 15 de abril de 2013

Árboles gigantes en La Granja de San Ildefonso

Sequoiadendrum giganteum, La Granja
Las secoyas de La Granja

El Rey y La Reina son los nombres de las dos enormes secoyas gigantes (Sequoiadendrum giganteum) que se encuentran delante del Palacio de La Granja de San Ildefonso.

La Reina fue desmochada por un rayo en 1991; afortunadamente hoy dispone de un pararrayos. Actualmente mide 38,5 m. y el Rey, a su diestra, imponente y con enormes tentáculos hasta el suelo, 45 m. de altura.

El jardín exterior posee además gigantescos abetos y un cedro del Líbano de dimensiones colosales. Una enorme haya conocida como "El Pulpo" da una idea de la profundidad y bondad de estos suelos.

Secoya de El Potosí
En la Granja existen más secoyas gigantes en el interior del Jardín. Al menos hay otras cuatro en el parterre de Andrómeda, dos delante de la caja de música (sic) y al menos otra en el jardín privado del Príncipe delante de la caja de música (sic). Fuera de los Jardines del Palacio hay otras dos en el Club de Tiro y al menos otras tres o cuatro en el jardín de la casona del Paseo del Pocillo.  Para esta referencia, ver secoyas en La Granja.


Parece ser que hay otra secoya en uno de los llamados “chalets de Madrid” al principio de la carretera de Navacerrada, en el conocido antiguamente “callejón del pobre”, pegado a la puerta de la Faisanera.


Plano de los jardines de La Granja
Pero yo realmente sólo he podido ver dos de buen porte en la casa aludida del paseo del Pocillo, bajándolo y a mano izquierda; y aunque bastante menores, no pasan desapercibidas, pues son también imponentes.

También he visto la gigantesca del parterre llamado Potosí, posiblemente la más alta de Segovia, con 50 m. medidos en 2000, que está cruzando el puente sobre el canal, ya dentro de los jardines del palacio. Y dicen que hay más en la Caja de Las Flores, cerca del anterior.


Un poco de historia

La primera noticia sobre la existencia de secoyas llegó a España de la mano del Padre Crespo, un franciscano que viajó como cronista de una de las expediciones a California en 1679.

Sequoiadendrum giganteum,
hojas
Las secoyas de La Granja parecen provenir de una importación masiva de semillas que recolectó en la Arboleda de las Calaveras (California) William Lobb, actuando como agente para el Vivero de Veitch en Budlake cerca de Exeter, llegando a Inglaterra en diciembre de 1853; las semillas de esta serie se distribuyeron extensamente a toda Europa.

Los árboles de La Granja se cree que se plantaron alrededor de 1870 a partir de esas semillas.


Secoyas en España

Otra secoya famosa, ésta una Sequoia sempervirens, crece desde el siglo XIX en el patio de Las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca. Tiene 137 años y fue plantada en 1876. El plantón fue donado por Federico Onís y Onís.
Secoya La Reina, con el pararrayos

Pero las más grandes de España, dicen, puede que sean las sequoias que se encuentran en los jardines de la Casa del Príncipe, en San Lorenzo de El Escorial, de unos 60 m de altura, un regalo de la reina Victoria de Inglaterra en 1853.

También hay unas modestas Sequoia sempervirens en El Retiro (2), en el paseo más cercano a las Escuelas Aguirre. Y hasta un interesante y bello bosque de más de 800 secoyas de unos 70 años de edad en Cabezón de la Sal (Cantabria).

En la Sagra (La Puebla de Don Fadrique) se encuentran los bosquetes de secoyas más famosos de Granada, aunque poco accesibles.
Entrada a El Potosí

Y en Guipúzcoa, la secoya de Arrasate, una Sequoiadendrum giganteum de 60 m. y un perímetro de 7 se encuentra en el Jardín de Monterrón, en Mondragón, junto a otras dos secoyas rojas (sequoia sempervirens) de menor porte. Si bien, en otras referencias, se habla de que sus alturas se encuentran entre 38 y 45 m. y su perímetro entre 11 y 18 metros.

Con todo, se considera que la secoya más alta de España es El Rey, en el Palacio de La Granja, una preciosa Sequoiadendrum giganteum de 41,90 metros de altura (aunque recordemos las notas anteriores). En la lista de árboles más altos, sólo se consideran los medidos por láser o caída de cinta, pero puede haberlos aún más altos sin catalogar.

Un eucalipto común (67 m.) en Vivero (Lugo), un pino canario (56,8 m.) en Vilaflor (Tenerife) -el árbol autóctono más grande de España- y un eucalipto rosado (54 m.) en Lourizan (Pontevedra), son aún más altos.

La isla de Tenerife tiene tres singulares plusmarcas de gigantismo natural: el mayor monte de España (El Teide), el árbol más grueso (El drago de Icod) y el árbol autóctono más alto de España (el Pino de las Dos Pernadas, de Vilaflor).


Secoyas del paseo del Pocillo, San Ildefonso.
Enlaces

Sequoiadendron giganteum, en Wikipedia


Secuoyas gigantes en la Granja de San Ildefonso


El bosque de secoyas de Cabezón de la Sal (Cantabria)

La secoyas de Arrasate, Mondragón

Los árboles más altos y gruesos de España

El Pino Gordo y el Pino de las Dos Pernadas, Tenerife

Las secoyas de El Escorial

Los otros reyes de la Granja de San Ildefonso

Bosque de secoyas en la provincia de Granada




Artículo actualizado el 24/08/2015