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jueves, 22 de marzo de 2018

Dibújame despacio, que tengo snell. Jaime Sanjuán

Jaime Sanjuán
Miércoles, 21 de marzo de 2018

La expresión y la duda

Cuando un comercial te vende algo, duda de él y de lo que te está vendiendo, y cuanto más vehemente es, duda más todavía. La venta es el arte de engañar y, previamente, el vendedor necesita creerse el producto (engañarse), o por lo menos hacerlo durante el periodo de tiempo de la venta, aunque el producto sea una filfa.

Pocos productos hay que sean realmente fantásticos y sobresalientes, pero lamentablemente tampoco se venden solos. Necesitamos nuevamente que un comercial sonriente cacaree las excelencias del producto y nosotros debemos tener un poco relajadas las defensas, desarmados voluntariamente por nuestra experiencia.



Ilustraciones con efecto Snell
La galería La Ley de Snell   

Algo de todo esto me sucedió hoy tarde en la nueva galería de Malasaña La Ley de Snell. Un atento vendedor esperaba a un ¿periodista? y me confundió con él. Aún así, empezó a explicarme los pormenores de la vida y obra expuesta de Jaime Sanjuán, que me imaginaba ignoto y misterioso, incluso con barba templaria, trazando sensible y esclerotizado con el dedo de ET sobre una tableta.

Sus mensajes arcanos aparecían en varias obras: agujeros negros, leyes ópticas, relojes de arena y otros más indescifrables. También pequeños volátiles como verdecillos, pinzones, jilgueros y petirrojos; viejos juveniles, astronautas de naranja; barbudos varios; pupilas e iris replicantes; naturalezas notablemente muertas; una vanitas de un pez que jugó a tragarse unos dados; gatos enfrentados y frutas refractadas …

Random
Jaime Sanjuán es un artista que traza el camino inverso a una venta. Las críticas a su obra primaria hiperrealista –por serlo demasiado- le llevaron a deformar algo la realidad, lo que sus críticos de galería le afearon también, por ser un ilustrador "que deformaba la realidad a partir de una fotografía", cuando realmente Sanjuán pinta con su dedo calloso desde cero sobre la pantalla de un iPad, usando un fondo negro no reflejante.

Así que, para tratar de convencer, Sanjuán empezó a fantasear con la pintura y colocó tabletas en las exposiciones para que se comprobara su honesto hacer, a semejanza de las nuevas cocinas de restaurante que todo lo muestran, es el signo de los tiempos ante tanto márketing estafador. Ya lo vimos en Patcas, que explica en sus tutoriales al alcance de todos. Así el autor pasó del hiperrealismo a un surrealismo discreto forzosamente, donde su obra ha ganado cotización y premios.

En un mundo en el que desde antiguo han existido negros para producir mucha obra con la que poder financiar a los grandes artistas, la muestra fabril de los trabajos de Sanjuán la dignifica y le da el valor añadido de la verdad y de la verdadera pintura de autor, alejándola definitivamente de la fotografía digital artística, pero buscando efectos parecidos.


Jaime Sanjuán
Petirrojo poniendo el cascabel al gato y
pie con cuatro dedos
La obra expuesta es variada y asequible

El vendedor nos dijo que cada una de ellas lleva el trabajo de un mes, aunque en el vídeo de más abajo Sanjuán nos habla de 100 horas (unas 12 jornadas de trabajo), atendiendo al formato. Asombran su tratamiento del vello y el iris, del pelaje, de algunos elementos técnicos, como bombillas y conectores, también el uso de una falsa profundidad de campo … y las omnipresentes mariposas y polillas.

Los precios son realmente comedidos, como corresponde a un casi novel de estilo, pero muy por debajo de su calidad pictórica y del trabajo empleado. Están entre los 605 € de Larga espera y los 2420 € de Vanitas y Ying y Yang. 


Dónde

Galería La ley de Snell
C/ San Joaquín, 6
Madrid



Jaime Sanjuán


Agujero negro
77x102 cm.


Mirada objetiva
77x102 cm.


Tempus fugit
77x102 cm.


Yin y Yang
77x102 cm.


Vanitas
77x102 cm.


Jaime Sanjuán


Índices de refracción (n1 y n2)
Ley de Snell
nsenθ1= nsenθ2

Oblivion
71x86 cm.



Enlace



Enlace: http://www.zgrados.com/la-pintura-digital-del-dedo-de-jaime-san-juan/









lunes, 5 de marzo de 2018

Una de street art con canapés: Misterpiro

Planchas de metacrilato coloreadas
De dentro hacia afuera,
pero sin perder la calle de vista
Madrid es muchas veces cutre, otras veces excelsa. Su gastronomía popular no está a la altura de otras zonas de España, ni siquiera de la periferia. Podría decir que siempre he comido mejor en otras regiones, excepto en Galicia, donde lo mejor son sus productos y lo peor sus elaboraciones.

Madrid no tiene catedral gótica, ni iglesias románicas, ni murallas conservadas. Pero el barroco dejó su impronta en la pintura y en algunos edificios notables, el romanticismo nos legó el discutido neomudéjar y del modernismo se conserva un legado muy escaso y poco significativo.

Tampoco tiene playa, ni siquiera fluvial … sin embargo, en cuestiones de arte, por tamaño, historia y acumulación de talentos, las cosas son bien distintas. 

Una ciudad de más de 3 millones de habitantes, que históricamente ha asumido el mecenazgo de artistas por parte de reyes y aristócratas, que cuenta con buenas pinacotecas, escuelas y academias de arte y atrae a miles de artistas españoles, latinoamericanos y europeos, deseando tener repercusión mediática, por fuerza tendría que ofrecer algo interesante.


Misterpiro sabe de color
El arte es morirse de frío … y de hambre

El arte es un trabajo sin utilidad práctica, que sirve para bienestar del espíritu, para expresar ideas y como forma de ejercicio intelectual. El arte no se come, no se puede viajar sobre él, no da abrigo ni refrigera, … No es, por tanto, una necesidad básica para las personas que no sean artistas, y adquirirlo depende de los superávits de cada uno en particular y de la sociedad en general.

El hecho intencionado o colateral de la reducción de las clases medias en España no permite despegar al coleccionismo privado, que se reduce a las empresas, instituciones y élites adineradas, también a extranjeros residentes y turistas de cuentas bien saneadas.

La crisis de 2008 castigó especialmente a los que vivían del arte, que tuvieron que buscar otras ocupaciones más prosaicas o emigrar. Los que se quedaron acumularon obra para mejores tiempos y otros simplemente emergieron con imaginación para elevarse sobre la mediocridad o el conservadurismo.

Interior-exterior
Una síntesis de Misterpiro
En este 2018 de cambios, casi 10 años después del inicio oficial de la crisis y 14 años después del punto de inflexión que la propició: 11 de marzo 2004, los hoteles, los restaurantes y la empresa privada han vuelto a apostar con fuerza por las exhibiciones de arte, no sólo para promocionar artistas, sino fundamentalmente para dar visibilidad a sus productos, habida cuenta de que el arte tiene tirón. Porque vuelven los mecenas.

En una sociedad madrileña aún poco entendida, pero con una legión de culturetas jóvenes, ávidos de arrimarse a eso del Arte, hace que algunas presentaciones sean verdaderos acontecimientos mediáticos.





Culturetas en diversas poses
disfrutando del ecosistema
El Hotel Emperador y
el Lobby Art Gallery

Conocí el viejo y cutre hotel Emperador en Gran Vía hace tanto como en 1998. Madrid entonces estaba pletórica, con un PIB que crecía al 4%, y seguía creciendo … Había pocos inmigrantes y los sueldos daban para dedicar un pellizco a eso del arte.

Me iniciaba en el coleccionismo por mero placer decorativo, y adquirí regularmente obras de pintoras españolas y del Este de Europa, mis favoritas, la mayor parte de las veces aún no consagradas, pero con una enorme calidad y originalidad. Existía ese superávit aludido, y otros muchos hacían lo mismo. 

Mucha gente vivía de la cosa artística y de las exposiciones, y a las galerías acudían tanto curiosos, entendidos, … como artistas y compradores. Aún la peste cultureta y hipster no había invadido las galerías masivamente con sus barbas clónicas recortadas y sus aprendices de It-girl. Y no es necesariamente malo, si no fuera porque la mayoría no ha cogido un pincel más que para rascarse el interior de la oreja o pintarse la raya del ojo.


Petardeo posmoderno y escalera pintada
Street Art: de los muros de Plasencia al sofá inglés

El Hotel Emperador se ha hecho consciente de que está situado en la Gran Vía madrileña (parece que no había reparado en ello), con una gran repercusión mediática si se decide a promocionar eventos. Misterpiro es un pintor de spray en la calle y un acuarelista de interiores acogido por la galería del hotel.

A la presentación de Misterpiro me invitó una consagrada fotógrafa de Chicago que está al tanto  -más que yo- de este tipo de eventos, que se convocan por Facebook y al que acuden ansiosos de salir en la foto muchos chicos y chicas muy por debajo de los 30.

Otros vamos a beber, comer y a ver arte del nuevo. Y algunos más se conforman con ir a ver qué se cuece. El encuentro fue masivo, muy sorprendente para el tipo de pintura, vista ya en exposiciones recientes de artistas también noveles, pero el cuidado catering, la coctelería y los escalones y sillones pintados por el artista dejaban bien a las claras la apuesta del hotel con este artista, que según la versión española de la revista Forbes “es uno de los jóvenes talentos más influyentes de España”.

Sofá ingles mordido
por la Reina Victoria
El coachsurfing más cutre
Como hace mucho tiempo que no me creo esto del márketing, y menos aún si viene de un think tank de fuera opinando sobre lo que “nos influye” o no por aquí, decidí quedarme varias horas para empacharme.

Ya dentro del vestíbulo llegué del brazo invisible de Christine, que me esperaba dentro, desesperada por la tardanza (el pluriempleo mata) y me condujo hasta un sofá inglés marrón desgastado con la esponjilla fuera, semi nuevo ya en 1998, cuando seguramente me había sentado antes para ese negocio extraño que nunca prosperó y que tal vez algún día cuente.

Nadie me explicó nada y me dediqué a observar, a pasear, a mirar a la gente, a hablar con mi amiga –que zampaba a dos carrillos- y también yo decidí atacar al sushi y las pequeñas viandas, evitando que el hambre se me notase. Como dije, observé con el estómago vacío, con él lleno … en silencio, solo, acompañado y comentando, acercando la nariz, oliendo, tocando en lo posible, … 

Estimulando todos los sentidos
Y no me enganchaba, … por lo que decidí cambiar de estado atizándome dos vinos blancos, un par de cócteles de scotch, un Martini blanco y rematé con un gin tónic a la antigua usanza, con los que te crece el pelo hasta en los empastes. 

En ese intento fallido de sublimación regresiva del espíritu llegó la madre del joven artista con un gran libro de firmas que me pasó orgullosa por las narices, y decidí firmar gustoso; si una madre está así de orgullosa de su hijo, el arte es bueno … ¡digo!

Salí de allí casi al final, sin haber cambiado de estado, y sin ver la supuesta genialidad aludida por Forbes. Pinceladas acrílicas y de chorreante acuarela muy coloridas y muy abstractas, nada pensadas, parecidas a las que había visto el día anterior en Marina Gadea, pero bastante menos estilosas las del Míster ese y más baratas, sea dicho de paso. Te podías llevar una buena pieza por 650€, cuando por ese dinero con Marina te habrías empaquetado la mitad de un cuadro y un chupa chups de regalo.

Eso sí, cómo catering nada que ver con las rajas de embutido y las patatas bravas presentadas en la inauguración de la Gadea, por lo que la tendencia subconsciente era revalorizar la obra. Aunque me resistía bravamente a que otras sensaciones concupiscentes me llevaran a caer en la trampa.


Busto coloreado
Misterpiro es un peligro en un museo
Concluyendo

Visto en la distancia y después de haberme preguntado un comisario en Hybrid si había visto la expo de Misterpiro, arqueé sólo una ceja y percibí de sopetón cuán especulativo es el arte y cómo depende del mercadeo: mil cosas había más valiosas, chulas y divertidas en Hybrid, sin embargo me preguntaban por él. 

Propender a sacar la pintura de los estrechos márgenes de un cuadro, pintarrajear infantilmente paredes, sillones y escaleras; colorear estatuas clásicas y montar un vídeo guay bien se merecen un cátering como aquél, una madre orgullosa, una animada reunión de desconocidos macizorros y una crítica en mi blog, pero no me jodas, decir que es un influencer a nivel nacional es para echarse a temblar del escroto para abajo.

Buenos postres
Animemos al muchacho diciendo que es bueno, que es estiloso, que es divertido y decorativo, pero que no se lo crea tanto, porque pintar esas cosas facilonas sobre metacrilatos superpuestos y estatuas ya se ha visto antes en otros lugares, en Hybrid en formato pequeño, sin ir más lejos. Que siga manteniendo esos precios asequibles y esa honestidad pictórica, y felicidades, estuvo muy chula la expo.

Por favor, señores del hotel, cambien ya ese sofá o pongan un parche con cinta aislante, es más kitsch. 




Cuándo fue

Miércoles, 21 de febrero de 2018
Hotel Emperador, Gran Vía de Madrid


Enlaces













jueves, 1 de marzo de 2018

Haenyeo, las zambullidoras de Jeju en Madrid

Blanesth explica su obra sobre las haenyeo
Llovía a cántaros rebosantes esta tarde en el centro de Madrid. Los taxis ni siquiera respetaban que había gente en las aceras y se lanzaban a coger al cliente desesperado y calado hasta los tuétanos, haciendo surf macarra sobre los enormes charcos de la calle.

Las olas que formaban llegaban hasta la distancia de 10 metros, tal era ya la profundidad de lo que no podían absorber las cegadas bocas de alcantarilla de la ciudad encharcada.

Mi visita de París acababa de llegar, huyendo del frío y la nieve, buscando de la misericordia del sol que no vendrá esta semana.

Dtor. del Centro Coreano de Madrid,
Sr. Chongyul Yi
Eran pasadas las siete de la tarde y llegamos justo a tiempo para que el director del Centro Coreano de Madrid, Sr. Chongyul Yi, presentara a la pintora de la noche.

Con un precario español y toda la amabilidad coreana dio paso a Blanesth, la artista, que emocionada, agradeció a las mujeres retratadas su esfuerzo, su avanzada edad y su vitalidad, a punto de extinguirse por los años y por no tener continuidad su esforzada dedicación.

Blanesth
Los colores estridentes de los cuadros de Blanesth reflejan la realidad, con esos intensísimos naranjas de los trajes de goma rústica, los verdes casi fosforescentes de las algas y los dorsos amarillos de las aletas de buceo. Brillantes al sol, oscuros en inmersión, en un mar negro como las conchas y erizos que extraen del fondo.

Las haenyeo son buceadoras en apnea que pescan algas y animales marinos, alcanzan hasta 20 metros de profundidad en inmersiones de hasta 2 minutos. Actualmente son ancianas de una media de 70 años, de una increíble vitalidad. La artista contactó con ellas en Gimnyeong, en la costa norte de la indescriptible y bellísima isla Jeju.

Boya de posición y red circular
Las boyas textiles flotaban en un mar negro de fondo volcánico, y ellas sacudían plácidamente sus aletas antes de sumergirse.

La infancia costera de la autora y unas fotos de inmersiones en un mar desolado y oscuro la llevaron a encontrarse con esas mujeres para querer contar su historia con pinceles. Allí en la Jeju de volcanes, con las fotografías de su hermano y sus apuntes al natural, trató de plasmar la extraña belleza de la actividad de subsistencia de esas mujeres flotando en superficie, a las que una embarcación abandona durante 4 horas con la única referencia de una boya en medio del gélido y tétrico mar coreano.

El arte de Blanesth es plenamente figurativo y expresionista, y en un primer momento nos parece también fauvista, por el aparente empleo provocativo de los colores: chillones, estridentes … cuando escuchamos de los propios labios de la artista que la realidad de esos colores estaba allí, hasta que la falta de luz de la zambullida los apagaba.

Blanesth
Antes de que las vidas de esas excelsas viejas zambullidoras se extinga, y con ellas ese patrimonio intangible de la Humanidad, las numerosas viejas que acudieron a la inauguración dieron cuenta del cava y de los pastelillos coreanos gangjeong (강정), un tipo de hangwa, del sabor de un delicada cartulina seca por capas, cubierta de gránulos e insípida como una funda de gafas. Es de agradecer la deferencia del Centro Coreano, pues se ofrecen en grandes ocasiones, como la vivida.

Una vieja amiga me dijo una vez que cuando las mujeres se hacen mayores pierden interés en el sexo y su mayor motivación es zampar en las exposiciones. Lo he visto en varios países, con mayor o menor discreción. Ya sabes: donde haya viejas, saca tu snack del bolsillo, te quedarás sin pastelillos …







El Centro Coreano de Madrid
Enlaces




Centro Cultural Coreano
Pso. de la Castellana, 15
28046 Madrid










viernes, 23 de febrero de 2018

Inauguración de Marina Gadea en Diferen-T

Marina Gadea en Madrid
Lo bueno de vivir en Madrid es que puedes subsistir todo un mes de lo que comes en las exposiciones. Hay tantas inauguraciones, que si llevas bien organizada la agenda, puedes pasarte de lunes a viernes zampando y pimplando gratis.

Ha habido una época de crisis momentánea en la que no ponían más que patatas fritas y rodajas de salchichón sin pan, y tuve que comer en casa, pero eso está cambiando poco a poco.

El ego de algunos que dicen sentirse artistas es tan grande que son capaces de pagar un ágape para dar a conocer sus obras, muchas de las cuáles suelen ser bodrios que sólo defienden sus propias madres en estado sobrio. Pero las expos con cóctel ¡han vuelto!

A uno lo invitan por diversos motivos: las más de las veces para que escriba algo, pero es un casi nunca lo hago, pues escribir a la fuerza es como cagar a pulso sin ganas. Otras porque amigos me llevan a rastras, y casi siempre me gustan; en otras ocasiones, exploro cosas nuevas, o simplemente tengo hambre.

Copias sobre las sillas
El caso de la exposición que visité el martes no fue excesivamente paradigmático, pues me invitaron a través de Facebook, la red que casi nunca uso pero que me reporta más satisfacciones. No sé quien lo hizo, porque aparecí solo por allí, a ver qué se cocía.

El restaurante Diferen-T es la Antigua Cervecería de Correos, y allí fue el sarao  relleno de culturetas, donde, a parte de las consabidas rajas de salchichón sin pan, había patatas con kétchup y un par de bocados sencillos de diseño: como un puré de patata con sabor a gamba y unas bolas fritas de algo irreconocible. El vino blanco era de los baratitos, pero correcto, no recuerdo la marca, para hostelería rondaría los 3 euros la botella.

A la entrada había unas bonitas reproducciones circulares en color de unas marinas abstractas: como de fotos del fondo del mar mediterráneo difuminadas. Se adivinaban corales, equinodermos, … y hasta calaveras de náufragos sumergidos, tales eran la pareidolias. A precio de 50 € la pieza en lonja, bien merecían un pared blanca en casa.

Marina Gadea, detalle
En el apartado de originales, los precios se inflaban hasta los 1600 € para la obra mayor, que parece excesivo para el caché de la autora, pero que si la disfrutamos de cerca, rebosante de colores, con buena técnica para el acrílico en lienzo, metacrilato o metal, con aspecto de laca, dominio de la paleta de colores y un excelente resultado estético, no nos parece ya tanto.

Desconozco si la autora practica el submarinismo, pero las sensaciones que he tenido son las de una día de buceo a 10 metros de profundidad en una pradera de posidonia con el sol del verano en todo lo alto.

Marina Gadea aspira a convertirse en una artista internacional, o al menos a vender su arte a los guiris, no sólo por aumentar el ámbito de sus ventas, sino también porque su temática submarina es elitista.

Poca concurrencia, ambiente soso.
El lugar elegido para la inauguración forma parte del área turística de Madrid, pero excepto dos despistadas e intrigadísimas asiáticas –que no probaron los embutidos- no había más que sonrientes jóvenes españoles, satisfechos consigo mismos de acudir a eventos culturales como aquél, pero casi ningún crítico, marchante, comisario o potencial comprador: el evento, mono, discreto y concurrido a medias, había fallado su target.

Aún así, valgan estas líneas para dar difusión a un gran trabajo estético, honesto, que logra crear emoción por sus colores, su técnica y su formato.



Falsos mejillones de espuma
de patata con sabor a marisco.
Realmente olvidables, aunque
muy conseguido el guiño.


La crisis no se ha ido
del todo, pero buen
embutido.


Bolas de algo sabroso,
la que falta acabó
en el gaznate.

Enlace

Marina Gadea, obra


Dónde

Colección Blue Inmersion
Restaurante Diferen-T
C/ Alcalá, 55
Madrid








jueves, 9 de mayo de 2013

Crítica a la expo de Nicolás González-Camino


Especulando con bodrios

La exposición acogida por la bonita galería Fernando Herencia me hizo entrar para ver qué congregaba allí a tantos jóvenes de cortas melenas rubias y saharianas, caracolillos engominados y faldas de vuelo con tacón:

Pues ... planchas de acero al ácido mal recortadas de un tiburón, de un bisonte y hasta de cabezas, que complementaban unos pequeños dibujos de mal trazo colgados de las paredes, tan bisoños e inexpresivos que avergüenza preguntarse por su motivación o significado.

En lo más profundo de la galería, en un rincón claustrofóbico, una serie de retratos de personajes nos asetea el rostro: Jimi Hendrix, lo que parecen un par de ayatolás, Camarón, Bob Marley y hasta un Papa irreconocible.

Y no es el trazo impreciso o la escasa estética vista lo que incomoda, sino la sobrevaloración de un arte truculento de hasta 3.200 euros la pieza. Tal vez el autor pensó que si Bacon puede vender sus cuadros por cifras astronómicas, a pesar de hacernos sentir que padecemos degeneración macular, él también podría.


Nicolás González-Camino se ha lucido especulando con sus capacidades artísticas y a tenor de lo visto, con notable éxito de público, aunque algunos estaban más pendientes de sus móviles, de sus relaciones sociales y de los pinchos de tortilla que de mirar de verdad lo que tenían ante ellos, porque al fin y al cabo, tampoco el arte era lo suyo.

Quizá el único mérito -además del descaro- de Nicolás sea el de agrupar de manera novedosa piezas metálicas y el alter ego pintado. Salvaremos de la hoguera de las vanidades al notable bisonte de acero, previo pulido de sus bordes peligrosos, tal vez para encabezar la cueva de Altamira o alguna cafetería de Cantabria, pero con una sustancial rebaja en el precio que no nos haga quedar como gilipollas.


Dónde:

Galería Fernando Herencia
Ruiz de Alarcón, 27 - Madrid











miércoles, 8 de mayo de 2013

Crítica a la obra de Kappeler en La Casa de Galicia


Kappeler junto a "Resignada"
Detlef de Galicia: 
De Stettin a Muxía.

Asistimos a la presentación de la obra del pintor alemán Detlef Kappeler por parte del embajador de Alemania en Madrid, Sr. Reinhard Silberberg. 

Los lienzos de Kappeler nos aparecen de lejos como abigarrados brochazos abstractos dados con violencia. Amarillos, rojos, negros, morados y cenizas disarmónicos cubriendo grandes superficies. Sin embargo, oscuridades y llamaradas, mensajes crípticos, técnicas mixtas y trazos difusos de personas surgen con una mirada detallada, como espectros leves que circulan por las violentísimas escenas informes de color.


Esta aparente abstracción no es sino un expresionismo* de colorido fauvista que Kappeler denomina “nuevo realismo dialéctico”, muy heredero de un romanticismo alemán que le inspira y del que podemos colegir al menos muerte y amor.

La biografía atormentada de Kappeler en su infancia le llevó a sentir el martilleo constante de sus meninges con el retumbar de las bombas rusas, su trémolo incesante, el flamear de banderas rojas y el zumbido de los cazas sobre la riada humana que huía hacia el Oeste.


A Schwerin, la aburrida y provinciana capital de Mecklemburgo, huyó y posteriormente se estableció en la vecina y dinámica Hamburgo, donde pudo pintar con Richter, Wunderlich y Jones. También pasó por Hannover, con un paréntesis de gran influencia en el París del 68 y las noticias de la Guerra de Vietnam, que determinaron su pacifismo y mensaje antibelicista.





El embajador Silberberg
De vuelta a Hannover experimentó en su cátedra con el color, la composición y el contenido en las obras pictóricas. Y de allí a Barcelona ... y en un continuo fluir hacia al Oeste se instala en Muxía, La Coruña, en los confines del mundo europeo, lo más lejos posible de las convulsas costas bálticas.

La pintura de Kappeler se ha presentado hoy como influida fuertemente por su estancia en La Costa de la Muerte gallega, pero es tal la fuerza de su pasado alemán mortificado que sólo unos pocos cuadros de los expuestos denotan dicha circunstancia.

La obra hoy expuesta son realmente guernicas bálticos, plenos del horror de un ser indefenso que huye, superpuestos fantasmas y espectros, miedos corporeizados.

Los intrincados senderos de la mente de Kappeler añaden virulentos naufragios, pero sólo como una influencia recientemente instalada en su psique, por la que circulan estrellas mironianas, miembros picassianos y en sus grafitos de blanco y negro asistimos a goyescos grabados.

Antón Castro, un crítico buen conocedor de la obra de Kappeler, habló en su presentación de “vómitos sobre el lienzo” para referirse a esas descarnadas pinceladas, sin embargo parece que es la misma materia gris del pintor la que se ha estrellado contra la superficie, marcando solamente lo más profundo de su inconsciente, de sus traumas infantiles rememorados.

Es Detlef Kappeler un pintor de gran valor por dejarnos ver su mensaje, sin más artificios que el de mitigar la brutalidad sufriente de su interior con una búsqueda de la belleza y de la armonía, que consigue con su maestría del color y, sobre todo, con su mensaje de amor y de paz, que él quiere que sea duradero y que sólo consigue por el horror plasmado magistralmente en sus pinturas pletóricas de color y de energía.


Texto y fotos: Zenobita


Dónde:

Casa de Galicia en Madrid, desde el 07/05 al 31/05
C/ Casado del Alisal, 8 - Madrid.


Enlace: