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martes, 20 de diciembre de 2016

Montmartre, un pueblo dentro de París

Bajada desde la casa de
Maurice Neumont
Montmartre es una colina de 130 metros de altura (m.s.n.m) situada en la orilla derecha del río Sena, en el XVIII Distrito de París, principalmente conocida por la cúpula blanca de la Basílica del Sacré Cœur ubicada en su cumbre.

Pero en Montmartre hay muchísimas más cosas interesantes que ver, como la plaza de Tertre o de los pintores, el cementerio del Calvario, las escalinatas del barrio sobre la colina, los restaurantes, la cripta de San Dionisio, los "últimos" viñedos de París ... 

... y algunas chorradas, como el tiovivo de Amelie, las tiendas de recuerdos, el funicular o el cercano Moulin Rouge.

El recorrido espontáneo nos deparó gratas e inesperadas experiencias superficiales.


Qué vimos en Montmartre

• Después de la experiencia nefasta del café Hardware Société en la calle Lamarck, nos internamos en las callejuelas animadas de la colina.

La misteriosa
Maison Neumont
• En la Place du Tertre se pueden ver muchos pintores pintando por diversión y para ganar algo de dinero con los turistas.

Algunos retratistas son realmente buenos, aunque proliferan como las palomas. Da la impresión de que con una palmada emprenderían el vuelo.

• La iglesia de Saint-Pierre, con sus 3 puertas de bronce y su mercadillo, fue un extraño encuentro, porque en principio la creí adosada a la basílica. En realidad se trata una iglesia muy singular y la más antigua de Montmartre en pie.

• La casa art decó de Maurice Neumont, en la Place du Calvaire, artista, pintor y litógrafo. Canta a la legua el mensaje que quería transmitir a los de su cuerda, con dos ojos oblícuos en su puerta, una mirilla de tela de araña y dos lechuzas en lo alto de la casa mirando en distintas direcciones.

Maurice Neumont
Journee du Poilu*
• El Espace Dalí, es un museo dedicado a las obras del artista surrealista, que no sé si tuvo algo que ver con el barrio.

• El busto de la cantante Dalida, con sus pechos abrillantados de tanto manoseo. Descubrimos en flagrante delito por qué nunca tienen polvo.

• Los muros de piedra de la Rue des Saules, con figuras aberrantes incrustadas. Circulando a su sombra experimentamos el frío que pueden llegar a dar unas cuantas piedras.

• Los viñedos de Clos-Montmartre, realmente bonitos y ubicados a solana en una cuesta encantadoramente de pueblo.

En Montmartre son una de las curiosidades más típicas para ver. Se les define como los únicos y últimos viñedos de París, que dan cuenta de su pasado agrario. Aunque ahora hay muchos más en París.


Bajando la Rue des Saules, al fondo Sacré Coeur
Son los restos de una zona que a principios del siglo XIX estaba todavía cubierta de viñas, chozas y unas decenas de molinos de viento.

En la década de 1930, un grupo de artistas locales decidió recuperar el cultivo de la uva, que languidecía en Montmartre, y pidieron al gobierno que les concediera tierra para ello.

Desde entonces, la dedicación de los trabajadores consigue producir 1.500 botellas de medio litro de las uvas gamay y pinot noir en 1.556 m², con cuya venta se financia el árbol de Navidad cada año.


Viñas de Clos-Montmartre
Si queremos visitar los viñedos existe la posibilidad de hacerlo el primer sábado de octubre, durante el festival de la cosecha o de la vendimia (Fête des Vendanges de Montmartre).

Se trata de una fiesta vinícola que se celebra desde el restablecimiento del viñedo en 1933, que incluye desfiles y actividades diversas.




Cara en Rue des Saules

La casa de Maurice Neumont


Muro en Rue des Saules


Notas

*Poilu es como se conocía al soldado francés de la Primera Guerra Mundial.


Enlaces
Montmartre, 1904

El viejo Montmartre en fotografías

Los últimos viñedos de Montmartre

Dalida en Montmartre

La Maison Neumont

El Moulin de la Galette, retratado por varios artistas

Los últimos molinos de Montmartre

El ilustrador Maurice Neumont

Espace Dalí



Colina de Montmartre durante la explotación
de las minas de yeso, postal de1804
Fuente: e-bay

Las canteras y los molinos

En los siglos XVIII y XIX hubo una gran cantidad de minas de yeso en Montmartre.

Un diente fósil encontrado en una de estas minas fue identificado por Georges Cuvier como un equino extinto, al que llamó Palaeotherium, el "animal antiguo". 

En la postal puede verse uno de los molinos típicos de Montmartre. Actualmente sólamente quedan dos de los molinos: el Radet y el Bute-Fin. Los molinos formaban con los jardines y la granja el famoso conjunto del Moulin de la Galette, conocido por el famoso y bello cuadro de Renoir, si bien era un lugar mucho más cutre de como lo retrató el pintor.



Plano de Montmartre

Ruta por Montmartre contenida en este artículo










miércoles, 7 de diciembre de 2016

Un café escatológico en Montmartre

Barricada en la calle de la Bonne, colina de Montmartre,
durante la Commune de Paris de 1871
Fuente: www.souslavouteetoilee.org
03/12/16
En Montmartre se instalaron los cañones comprados por el pueblo francés para defenderse de los prusianos en la época de la Comuna de París (1871), y ese sabor acre de la pólvora y la política ha debido de quedar desde entonces en el ambiente. 

Digo esto porque después de tomar el sol tibio del mediodía en las escaleras y de haberme confortado con el olor de los cirios de la Basílica del Sagrado Corazón de este frío día de diciembre, me apetecía un café noir, de esos tan franceses y tan gustosos, con su vasito de agua al lado.


Hardware Société con su suelo ajedrezado
Un petit café noir serait génial

Saliendo de la Basílica, a la izquierda, se abren unas escaleras que dan a la calle Lamarck, que lleva a no se sabe dónde, y encontré un café moderno, estiloso, al gusto nórdico, con maderas de pino pulidas y mesas de varios tamaños. 

Allí había una guapa camarera con un impresionante delantal de cuero falso y un depósito de café con la marca PADRE. Tan sorprendente y desconocido nombre anunciaba sensaciones novedosas … 

Me llegó el café en una bonita taza anaranjada con el borde dorado, magnífica presentación. Así que cerré los ojos, abrí las coanas nasales a tope y mi lengua se dispuso a paladear el néctar, dejando libre el área cerebral correspondiente (que no es otra que el extremo inferior de la circunvolución postcentral de la pared superior del surco lateral en el área adyacente de la ínsula) para disfrutar de las sensaciones plenamente … 

¡¡¡Agghsstxngg!?!! ¡qué asco! ¡Más azúcar! …. ¡aghsss! ¡ajco, aj! … más azúcar … ¡pszzschnngg!

La porquería que estaba sorbiendo era lo más parecido al agua de fregar unos lavabos una mañana de domingo en Malasaña.

Mi divertida amiga no acertaba con el sabor, pero apuntó en la dirección indonesia, la de no sé qué civeta que come semillas de café, las expulsa por el orificio final de su intestino y con ello se hace un famoso café de las islas.


Paul Hogan se chotea del personal
Hardware Société, un coffe shop à la mode de Melbourne

Fijándome en el posavasos delator leí: Melbourne-Paris. Inopinadamente, estaban unos australianos experimentando con la población parisina como los norteamericanos en Nagasaki.

Tal vez, ante la escasez de civetas, a algún avispado australiano tipo Paul Hogan se le había ocurrido hacer ingerir a unos canguros unas bolsas de café de Starbucks para hacer con los cagarros el café PADRE … 

Salimos cagando leches de allí, justo para enjuagar nuestros dientes con un vin chaud a 60ºC que nos desinfectase la cavidad oral, tan maltratada en ese bar de modernos parisinos muy jóvenes, que seguramente desconocían a lo que sabe un café de verdad.


En la calle Lamarck,
homenaje a Simone Jaffray

Una conspiración en toda regla

La zona está llena de sobresaltos: sobre una pared de la Rue de Lamarck cuelga una placa conmemorativa de una miembro de la Resistencia asesinada por la Gestapo en 1944. Un mal trago después de otro ...

A decir de algunos jacobinos, comunistas y anarquistas, el Sagrado Corazón es "una verruga construida sobre los cadáveres de los communards". Y es que a muchos les molesta sobremanera la omnipresencia de la basílica en lo más alto de París.

Después de visitar devotamente la basílica, se me antoja un intento de envenenamiento en un bar con un pavimento ajedrezado, de tanta raigambre en París.

Y con el sabor amargo a pólvora del XIX en las papilas y un sablazo en mi bolsillo de euros globalizados, fuimos en pos de un verdadero mercadillo de Navidad, junto a las tapias del Sacré Coeur, que nos devolviera los sabores y sensaciones de la Francia prerrevolucionaria.



Suelo de Notre Dame
y Corona de Jesús


Interior de una logia masónica


Suelo de la Iglesia de
San Pablo-San Luis




La vida es demasiado corta
como para beber una mierda de café