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jueves, 7 de noviembre de 2013

La huelga de basuras de Madrid, noviembre 2013

Puerta del Sol, Madrid. Huelga de basuras nov 2013
Una imagen del Madrid de hoy

Madrid es el centro político y económico de España, un espejo donde se miran otras ciudades españolas, tanto para envidiar como para consolarse con su día a día.

También es un destino para los inversores, para ejecutivos extranjeros y para cientos de miles de turistas, muchos de los cuáles jamás volverán a pisar una ciudad española por sus circunstancias personales, ... pero también porque se les han quitado las ganas.

Calle Montera
Desde que Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón abandonaron la política madrileña, muchas cosas han pasado en Madrid. Para empezar ocuparon sus puestos dos políticos de perfil bajísimo, uno por su carisma negativo: Ignacio González–ni siquiera es fácil recordar un nombre que se confunde con el de su opositor Tomás Gómez y al que se le parece físicamente- y la otra por lo incapacitada que está para ocupar una alcaldía como la de Madrid, Ana Botella.

Acción de piquetes
La realidad manda, y la penosa realidad del Metro de Madrid, con sus escaleras mecánicas a medio funcionar para -posiblemente- ahorrar electricidad, la crisis con la tragedia del Madrid Arena, Eurovegas y el fiasco de los Juegos Olímpicos, han dejado a la ciudad de Madrid convertida en un lugar incómodo, inseguro, sucio y sin un futuro esperanzador.

Ahora se le une a ésto la huelga indefinida de los trabajadores del sector de la limpieza y jardinería del Ayuntamiento de Madrid, llamados a una huelga indefinida como protesta por el anuncio del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que afectaría a 1.143 trabajadores. Además de que las empresas concesionarias tienen previsto la reducción de un 43% del salario para al resto de la plantilla.

Acción de piquetes
en Cibeles
Madrid se está convirtiendo en un lugar inhóspito para vivir, por obra y gracia de unos gestores inútiles y perjudiciales, más preocupados por engordar sus cuentas bancarias personales que por dar servicio a los madrileños, les hayan votado o no. Pero también por la insolidaridad de los trabajadores.

Contemplar la Puerta del Sol -centro neurálgico del Estado y de la nación misma- plagada de vendedores ambulantes de imitaciones, rodeados de papeluchos, basura y chifladores de juguetes volantes ... es todo un espectáculo como para pasar la escoba sobre todos ellos y sobre los gobiernos municipal y regional del PP. Y todo esto delante de la sede del gobierno regional y ante la costosísima sede del ayuntamiento, un regalito envenenado del Gallardón más megalómano e irreal.


Aledaños de Sol
La imagen hoy de Madrid es de espanto, de un lugar del tercer mundo, con inversiones en pavimentos y plazas carísimas, pero con un ineficaz servicio de limpieza que hace que todo lo demás no merezca la pena. Y lo que es peor, nos mortifica a diario con toneladas de mierda de perro, contenedores sucios y papeleras llenas, que deberían costarle a estos gestores de pacotilla no sólo sus puestos sino una querella por responsabilidades incumplidas.


Puerta del Sol, 6 de noviembre

Calle Montera, 6 de noviembre
Aledaños de Sol, 6 de noviembre

Puerta del Sol, a diario

Calle La Sal, a diario

Starbucks en Callao, a diario












sábado, 9 de febrero de 2013

Madrid apesta a pipí

El ahorro y la corrección política nos llevará a comer m ...

Vivir en la capital de España nunca ha sido fácil, excepto en ciertos tiempos y para algunas personas; y aún así, salir a la calle ha supuesto siempre un ejercicio de paciencia y autocontrol.

Algo de esto me ha pasado estos últimos días. Ayer, por ejemplo me acerqué a mi querido pero no siempre bien cuidado coche a ver si estaba entero, porque temo por los rayones y los espejos. Iba a colocarle una batería recién comprada, como un nuevo corazón que lo despertase del largo sueño de diez días sin energía.


Pero al llegar, vi que le habían arrancado los tapacubos traseros, con tal saña que se llevaron el plomillo de una de las ruedas.

Sentí en la fealdad desnuda de sus llantas, negras y sucias,  la misma sensación que leyendo el Príncipe Feliz de Wilde, cuando era poco a poco despojado de sus joyas y hojas de oro por su amada golondrina, sólo que esta vez fueron los cuervos los saqueadores.



Un poco más allá salía de su casa un tipo con su perra sin atar, la cuál se despatarró sobre el asfalto y vertió sus escurrajas sobre el negro alquitrán, corriendo calle abajo en un reguero interminable. El susodicho sujeto, a la sazón un trabajador “normal” por su atuendo, no prestó atención, de tan “normal” que lo veía. Porque realmente le importaba tres cojones lo que yo opinara.



Y otra más: la semana pasada, sin ir mucho más allá, mi admirado panadero llevaba suelto a su carísimo can y le dejó miccionar sobre las ruedas de un lujoso coche aparcado. También un ejercicio de civismo extremo, porque él mismo no se bajó los pantalones; algo que sí hacen los suramericanos –no seré cínicamente correcto- de mi calle, sin girarse siquiera de cara a la pared, apestando a cerveza y hablando en una jerga tan incomprensible como sus actos.

La basura se ha adueñado de la calle, los olores de las alcantarillas se escapan por los orificios de las tapas. Hasta el desagüe de mi casa apesta, tal vez por la dejadez de los colectores, porque estoy harto de limpiar las tuberías.

Las ratas han hecho su aparición, atropelladas por los coches, y a las vivas se las intuye.

No es sorprendente que el Ayuntamiento apeste cuando lo hacen las propias entrañas de la ciudad.




¡Baldea ya de una puta vez las alcantarillas y el consistorio, Botella!