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martes, 10 de marzo de 2015

Señora Ébola, de Carlos Gómez, en El Cosaco

MONÓLOGO A TRES MANOS

Café El Cosaco
Las salas de teatro de Madrid pueden llegar a ser intimidantes para el público esporádico, para esas personas a las que no atrae el escenario grandilocuente, la oscuridad y el ceremonial atento que implica sentarse en una butaca.

Para esas personas se ha hecho el microteatro, e incluso mejor: el café teatro.

El Cosaco es uno de esos lugares, un semi escondido café retro en las cercanías de la Plaza de La Paja. Apenas una decena de mesas y un exiguo escenario, donde los actores casi se sientan en las rodillas de los clientes.

La escena es todo el café, con su aire decó de cristales cuadrados azules y amarillos, su ambiente tapizado de rojo, como un burdel, y un abyecto árbol de Navidad coronado por la decapitación de una muñeca sin ojos.

Al entrar ya vislumbro el moño altivo y la enorme presencia de una actriz de rojo que evoluciona alrededor de la barra y del que creo mi cuenco de gominolas.

Café El Cosaco
Su dicción es la de las chicas de clase media madrileña, borboteante y afectada, y modulada hasta la autocomplacencia.

Llena el patio de butacas de este espacio aterciopelado y oscuro, de donde surgen las facciones blancas y ojerosas de un músico macilento vestido de negro.

No estamos en Valaquia ante un ecce homo crucificado, pero lo parece. Ni tampoco en una casa de citas, pero de sexo y pasiones nos veremos enredados.

La Nochebuena de este año, la elegante mujer de rojo, tras sus gruesas gafas de sol, se acerca a la mesa de la inerme Natalia, una frágil-bella mujer-actriz con la que comparte secretos y amargores.

Durante unas largas vacaciones en la costa, la presencia de Natalia destapa la caja de Pandora de su vientre. Y esta Nochebuena quiere pactar para no perder.

Natalia calla, y quien calla otorga.

Acompañando a estas dos mujeres marionetas de sus pasiones, la música del muy conocido contrabajista Jirka Vaclavik. En su primera obra de teatro afina sus nuevos registros escénicos y luce apabullante.

Catarsis de la mujer de rojo
Hacia el final de esta breve obra, Natalia (Isabel Montijano), zarandeada y confusa, quiere interceder a través del teléfono en una memorable conversación que destila unas grandes dotes interpretativas, eclipsadas por el monólogo rotundo e incontestable del personaje encarnado por Cristina Galea, que soporta como el poste de una carpa toda la obra.


Aplausos sinceros a esta adaptación de Carlos Gómez de la obra de Strindberg “La más fuerte” (1888), pero con un nombre virulento: Señora Ébola, la cual extiende su ponzoña sobre todos nosotros, los puritanos y los infieles de palabra, obra y pensamiento.



El contrabajista









jueves, 19 de junio de 2014

Lo que se acaba ... y lo que está por venir ...

Lo que se acaba
“LA TIERRA NO ME QUIERE” / crítica de teatro

El espacio en que vivimos y soporta nuestro peso condiciona nuestro sentir y nuestro pensar, y crea un vínculo afectivo que nos resistimos a perder si las circunstancias nos obligan a movernos.

Estos tiempos de cambio, en los que nada es igual de un día para otro, excepto las cifras del paro, nos obligan a tomar decisiones, y así lo hace Genoveva, que debe marcharse a otro país europeo a buscar mejores oportunidades laborales. Pero por otro lado está Veronika, que busca en el Mediodía europeo un soplo de aire cálido: inspirador, espiritual.

Genoveva y Veronika protagonizan un perfomance inusual, que es un grito de protesta contra la falta de trabajo y que obliga a la primera a emigrar, y también un agradecimiento de la segunda, que se convierte en inmigrante.

El flujo de artistas que salen y que entran en el país tiene un testigo casi mudo de la alegría de Veronika y la rabia de Genoveva; es Paula, la artista que permanece en la tierra que anhelan quien se va y quien viene.

Danza contemporánea, poesía en español y en checo, con las suaves dicciones de ambas en sus lenguas vernáculas … Un violín que llora y tortura a Genoveva …

La simbología son un barreño de zinc con agua telúrica, en el que Genoveva grita su desdicha y su esperanza, y la maleta viajera de Veronika. De fondo, quien marca el tempo y la emoción es lo inmutable: Paula, con su insensibilidad por ambas viajeras, es atacada para que sienta sus reacciones, y no responde.

Las proyecciones de vídeo sobre unos tules opacados nos clarifican el discurso de Geno y Vero, las dos caras de la migración en España: la amarga y la amable. Una denuncia social teatralizada, en la que el culmen lo proporciona la espalda desnuda de la Verónica, al modo de Jesús en la Vía Dolorosa, en la cuál se proyectan dermografías de amor en una escritura bellísima, sin duda un gran acierto escénico éste de David Orrico sobre una idea de Ugne Dievaityte.


Dónde:

Lo que se acaba - Pomíjivost
De V. Pospíšilová y G. Santiago
Espacio Labruc La Palma 18, Madrid
Del  01/06 al 29/06/2014
A las 20 h.



Enlace:





sábado, 26 de abril de 2014

Semínka, una obra genuinamente checa en Madrid

Paula Ruiz en el papel de Blanka
CRÍTICA A SEMÍNKA (Semillas),
de 
Veronika Pospíšilová


El jueves 24 de abril tuvo lugar en Espacio Labruc la cuarta representación del drama familiar Semínka, de la autora checa Veronika Pospíšilová.

Digamos que, para muchos, ir a ver dramones a una sala de teatro requiere de mucha voluntad y ciertas dosis de masoquismo. Sin embargo, para otros, es una práctica necesaria para sentir que sus corazones palpitan.

En realidad, la vida parece una tragicomedia. Hay tantas situaciones angustiosas e hilarantes, que empaquetar la tristeza con el papelón de un drama sería injusto con la vida misma y un ejercicio de mortal aburrimiento.

Semínka no llega a ser una tragicomedia, pero sí un drama realista con humor, que se explaya en las vicisitudes de una familia checa de clase media durante la fiesta de celebración de la mayoría de edad de una joven hipersensible.

La fiesta de cumpleaños
Blanka es esa joven, una adolescente amargada por el peso de un secreto que guarda. Falsedad e hipocresía frente al anhelo ingenuo de vivir la verdad.

El resto de personajes son su alcoholizada madre, un padre tacaño en paro, un hermano hippie estudiante de filosofía, una tiíta cañón de clase pudiente y un mugriento artista de indudable atractivo para las señoras.

En esta obrita redonda de algo más de una hora, cada personaje tiene su momentazo de monólogo profundo. Blanka la vegetariana sermonea a su despreciada familia desde la seguridad de su nueva fe católica, a la que sus familiares de base socialista ven con desconfianza y preocupación.

Hasta  el hermano que la quiere –Martin- la tienta con Schopenhauer y ella se resiste. Hay mucho del mismo Arthur Schopenhauer en Martin, un pesimismo profundo, que contrasta con Blanka, casi una alter ego de la Adele del filósofo.

Sin embargo, es la misma Blanka la que practica la “voluntad de vivir” de su propio yo, frente al abúlico y fumeta, aunque bienintencionado, Martin.

Un extraño personaje que llega
La autora de esta obra, Veronika Pospíšilová ha hecho recaer todo el peso de la máxima schopenhaueriana “toda vida es esencialmente sufrimiento” en la desdichada madre de Blanka –Helena- una maruja histriónica y aficionada a la vodka, con la que algunos espectadores pueden sentirse especialmente catárticos.

El personaje de Helena es de una dimensión descomunal, con un inicio titubeante de la actriz que va ganando dimensión en la escena, pero que pierde intensidad, muriendo a la orilla misma del final de la obra debido a la necesidad de apremio del desenlace, cuando Vladímir irrumpe sensual e irresistible, con su embriagadora dicción de dandy pictórico.

El papá de Blanka es Jan, un vulgar, comedido y afable padre de familia que se encara con las aficiones caras de su mujer. Ésta envidia a la escultural tiíta Tereza, solterona a causa de su desmedida afición a cazar hombres que no le hacen caso.

Seis personajes unidos por un destino que sufren de las desatenciones de los demás, aunque se deseen o se quieran por una necesidad vital, donde los papeles masculinos salen mucho mejor parados en la obra que los femeninos, inmersos éstos en las necesidades monetarias, sexuales, espirituales y amorosas de una manera mucho más intensa, perversa y compleja. Un padre corriente, un adolescente atormentado y un bohemio enamorado, revestidos todos de gran honestidad.


Los actores

El exiguo escenario de Espacio Labruc se presta fácilmente a la interacción de los actores con el público, apenas esbozada por Blanka cuando busca invitar a los espectadores a su cumpleaños. Paula Ruiz está muy correcta en su papel, tan frágil y mística, pero de una gran fortaleza y, en ocasiones, de conmovedora problemática.

Paula Ruiz
Laura Fernández se esfuerza notablemente en dotar de toda su energía a un personaje muy exigente que necesita de mayor peso dramático y de un maquillaje más exagerado, en consonancia con la descomposición interna de Helena, por la que no llegamos a sentir pena ninguna a pesar de ser el núcleo de todos los pesares.

Jan es Yan Angosse, el padre comparsa, ajustado a un papel de poco recorrido y necesariamente eclipsado por su histriónica esposa. Echamos de menos en el libreto alguna reacción de angustia al recibir el mazazo emocional y un porte menos aristocrático que nos acercara a un hombre corriente de su entorno social.
El hijo hippie le queda muy bien a Mario García, tanto, que dudamos que fuera del escenario se dedique a otra cosa que no sea fumar porros, rasgar la guitarra y leer libros de Filosofía. Una gran aportación que impregna la obra y dota al personaje de la mayor unidad y coherencia de todos ellos.

El pintor Vladímir es la magnífica y sensual voz de Yan Nazca, suficiente para desmayar a cualquier señora de 15 años para arriba. Su rol es necesariamente limitado y hace saltar chispas entre él y la tiíta, pero falta química con Helena, a la que realmente ama.

Roberta Pasquinucci (i)
Dejaré para el final a la extraña Roberta Pasquinucci, la frívola tía* Tereza, todo un descubrimiento interpretativo. Eva Ruzickova ha hecho un gran trabajo con su vestuario. Representa fielmente el carácter perverso de una envidiosa autosuficiente, pero fracasada en el amor.

Su sentido del humor, sus expresiones comprometidas con cada escena, aunque no hable, sus desplazamientos ocupando todo el escenario y la complejidad conferida a su personaje me hicieron disfrutar y preguntarme si ese papel no ha sido uno de los más trabajados en sus textos y dramaturgia. El relato del culo del ciclista es realmente memorable.


La sala y la obra

Función del 24 de abril
La sala en L de Labruc no es un espacio amable para el actor, obligado a situarse y mirar de vez en cuando a su lateral izquierdo. Tampoco lo es para el espectador que ocupa esa zona, que se siente ignorado y se pierde los rostros en muchas ocasiones. Alguno de los focos deslumbra en esa zona y la iluminación es muy mejorable. Con todo, 7 asientos vacíos nada más quedaron esa noche.

Semínka es una obra corta pero intensa. Crear diálogos para seis papeles tan diversos y dotarlos de una acción coherente no está al alcance de todos los directores. Es cierto que contar con buenos actores como los criticados ayuda mucho, pero modular sus deseos y desdenes tiene mucho de dirección de orquesta, para que los timbales no eclipsen los violines, ni los fagotes al contrabajo, y para que lo que se oiga sea música.

La familia conoce el secreto de Blanka
Pospíšilová ha creado una obra de problemática familiar genuinamente checa y actual, donde muchos jóvenes regresan a la fe de sus abuelos, donde el divorcio se ve todavía mal y los matrimonios viven en la hipocresía más cruel para salvaguardar las comodidades. Y el alcohol, … esa vaselina de socialización que lo impregna todo.

Pero también es una problemática muy occidental, donde la envidia, la búsqueda del amor, la crisis de valores y los fantasmas antiguos que salen de los armarios nos amargan la escena.

Tereza se enfrenta a Martin
Las semillas de la espiritualidad y la genética están presentes en esta obra como su trasfondo y su mensaje. La semilla cultural de la abuela católica que germina en Blanka tras un paréntesis social ateo, la semilla genética de la pintura que la delata … 

Pero por encima de todo ello se yergue la necesidad del amor y de la familia, por lo que finalmente triunfan la cultura adquirida, la socialización y la necesidad de protección sobre todo lo demás. Felicidades.



Fe de errores


*La aclamada tía Tereza no es tal, pues su parentesco con la familia problema es inexistente. No se trata más que de la amiga íntima de Helena. Seguro que mi subconsciente me jugó una mala pasada.


Enlace

Entrevista a Veronika Pospíšilová, directora de Semínka


Dónde ver la obra

Semínka en Espacio Labruc, Madrid
Escrita y dirigida por Veronika Pospisilova