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jueves, 15 de octubre de 2015

La prudencia de José Herrero, léase

La Prudencia de José Herrero
Dos son compañía, tres son multitud

La región de la mente donde anidan los malos pensamientos es la misma en la que convergen los malvados y los tontos.

Margarita y Trinidad, dos asustadas envidiosas cacarean sobre sus miedos y sus manías sobre una mesa de Fin de Año, entre lucecitas y copas de cava rebosantes. Fuera sucede lo amenazante.

La hipocondría de una de ellas es mayor que la de la otra, que la supera en estupidez, pero sólo a ratos. El amargo dulzor de las pequeñas burbujas se les va subiendo a sus ya alocadas cabezas, para urdir, insidiosa e inadvertidamente, una complicidad contra una tercera mujer, que falta por acudir a la reunión.

Trinidad Cruz
Detrás de la puerta, una desconsolada Nina ansía unirse al dúo, pero con excusas peregrinas basadas en la fantasía de lo amenazante, fingen no conocerla, le niegan la entrada, exponiéndola al peligro, en el ejercicio de un juicio sumarísimo in absentia. Finalmente la dejan entrar.

La discusión se torna entonces violenta entre las tres, tomando a la agredida por agresora, victimizándose Margarita y Trinidad, en un bocamanga paradójico.

Y casi sin quererlo, se produce el desenlace más consecutivo al paroxismo. Pero el silencio revela un mensaje, que Nina lleva prendido de su inocente vestido de tul.

La realidad de esa noche cobra entonces su verdadera dimensión de certeza, cuando durante toda la noche no había sido sino un ejercicio de autosugestión debido al miedo de haber perdido la seguridad, por pavor a lo desconocido.

Nina Ikonen
Se inicia ahora una angustiosa espera, que proporciona a sus protagonistas un motivo real de preocupación, situándolas del lado ominoso, consumando el esperpento de su actuación, que no es más angustiosa que la imaginaria espera, si no fuera porque ahora lo de fuera ya está dentro, y quien está más allá vendrá por los de más acá.

Margarita es Melissa Cardona, Trinidad es Trinidad Cruz y Nina es Nina Ikonen. Melissa  y Trinidad entablan un memorable diálogo de locas coherentes en el que están magníficas.

Tal vez un mayor grado de histrionismo hizo aflorar una actuación más lustrada en la colombiana Melissa, a la que la dicción le desaparece como por ensalmo, coronada por un gorro de fiesta perteneciente al rococó de Río de Janeiro, un gran acierto del director, tan atento a la vanguardia escénica como al clasicismo formal de sus textos.

Nina Ikonen vuelve a repetir papel de víctima, como ya lo hiciera en la excelente Runar y Kyllikki, del mismo director, y está convincente y resuelta.

José Herrero ha adaptado los textos de La Prudencia, la exitosa y breve tragicomedia de 60’ del argentino Claudio Gotbeter, ambientada en la Argentina de la inseguridad ciudadana real, pero acechada por los miedos imaginarios.

La Prudencia es una obra bien enmarcada en su tiempo argentino por su autor, pero que la adaptación de Herrero no da la suficiente sensación de peligro externo, tal vez porque el espectador es otro.

O quizá no ha querido trasladar las circunstancias a este tiempo español, donde las inquietudes van más por la inseguridad laboral y de valores que por los miedos a ser robado y asesinado.

Sin embargo dota a esta singular obra de una agilidad en los textos que la hace divertida y extravagante, y a tenor de algún público, que permaneció en sus butacas largo tiempo después de su conclusión, supo a poco.

Tal vez Don Claudio se anime a continuarla ambientando la segunda parte en una noche de Halloween.

Obra:
La Prudencia, de Claudio Gotbeter

Dirección:
José Herrero

Actrices:
Melissa Cardona como Margarita
Trinidad Cruz como Trinidad
Nina Ikonen como Nina

Lugar:
La Casa del Reloj, Matadero de Madrid
Sábado, 3 de octubre de 2015












viernes, 27 de marzo de 2015

Crítica a El Procedimiento: la Copa del Rey en TVE

El oficio de director de teatro es más creativo que el de crítico, porque el primero crea o recrea y el segundo opina desde fuera, pero esto no debe llevar a sacralizar el primero de estos oficios y denostar el segundo, porque el crítico no deja de ser el objeto para el que se realiza el teatro: el público.

Dentro del calendario de Madrid Activa, se representó el pasado 20 de marzo la obra “El procedimiento” dirigida por Luis Miguel González en el Centro Cultural Eduardo Úrculo, del distrito de Tetuán.

Con la publicidad a base de octavillas con la que se anunciaba “El procedimiento” sorprende el llenazo del teatro, porque ni siquiera aparecen el lugar y la fecha de la representación.

Un escenario muy parco
“El procedimiento” es una obra plana, monocorde, con un elenco descompensado, en el que un actor grita y el otro susurra, en el que el traje de corbata de uno parece más un atuendo de becario que de otra cosa y el del otro casi de carpintero tramoyista, no aportando visualmente una ayuda para identificar a los dos personajes como los directores de sus departamentos respectivos en TVE que son.

Y también es una obra oscura, en la que el fárrago de su entramado de problemática laboral lo emborrona todo para el espectador no avisado. Tal vez el conocimiento de las entrañas de TVE por parte del director le haya provocado un chaparrón de ideas.

Aún así, ni el director ni el guionista se atreven a entrar a fondo y con claridad en la cuestión política y de corrupción moral, dando por resultado una obra opaca, confusa y aburrida, que se hace larga en exceso y en la que ni siquiera los papeles de ambos actores quedan claros.

El principal error es haber elegido un tema tan específico y polémico, de alta política, que se niegan a abordar en su aspecto más interesante, entrando más a fondo en la trama independentista y de discusión de la monarquía parlamentaria, por ejemplo; y se queda en una boutade, en una mueca a medias con exabruptos para llamar la atención, como una broma homosexual de dudosa pertinencia y un par de accesos violentos que no convencen a nadie.

El procedimiento, de González Cruz
Como espectador no puedo negar el posible interés del tema, polémico también en esta próxima Copa del Rey de 2015, pero me permito sugerir al viento el acortamiento de la obra, su mejora en el vestuario y el mobiliario, la simplificación de los diálogos y el uso de frases más cortas.

La intervención de Chema Ruiz es de un gris muy poco convincente, y la de Daniel Martos la eclipsa por barroca y sobreactuada, si bien despliega un notable esfuerzo memorístico y de dicción que pienso que es lo único rescatable de toda la representación.

En la platea, algunas voces revolucionarias se enardecieron con la menor oportunidad de criticar al Jefe del Estado, otras abandonaron discretamente la sala y algunos hacíamos esfuerzos sobrehumanos para no quedarnos traspuestos.

Felicidades, al menos, a quien supo llenar la sala –a rebosar- y al público ávido de teatro, que merece algo de más calidad y más interesante para que le queden ganas de seguir acudiendo a esta magnífica instalación.


Enlaces




lunes, 6 de octubre de 2014

The Phantom of the Fringe, teatro alternativo

Teatro para el otoño de Madrid

Óscar Guedas es el autor de The Phantom of the Fringe, una obra sobre una fantasma del teatro alternativo.

Sinopsis

Sobre una idea original de Carmen  García Lorca, Óscar Guedas monta la historia sobre una gran actriz, que ofrece su última interpretación a un público expectante por ver un fantasma de verdad. Repasando los amores y desamores de su carrera, así como los altibajos que ha sufrido, el "fantasma" se enfrenta a su propia realidad e intenta aceptarla.

Con su historia se puede llegar a hilvanar la historia reciente del teatro, y descubrir la fuerza y la necesidad de las Artes Escénicas. Grandes nombres como Chéjov, Stanislavski, Calderón de la Barca o Beckett, se dan cita en un montaje en el que el público es la última frontera. Una tragicomedia unipersonal en busca de la verdad.

Tras ser visto en Edimburgo (UK) y Sarajevo (BIH), The Phantom of the Fringe podrá verse ahora en Madrid.


Nota de prensa de The Phantom of the Fringe


The Phantom of the Fringe, dirigida por Andrés del Bosque


Dónde

Off de la Latina, C/ Mancebos, 4 - Madrid


Funciones

Miércoles 8 y 22 de octubre a las 20.30h




Enlaces a críticas











jueves, 19 de junio de 2014

Lo que se acaba ... y lo que está por venir ...

Lo que se acaba
“LA TIERRA NO ME QUIERE” / crítica de teatro

El espacio en que vivimos y soporta nuestro peso condiciona nuestro sentir y nuestro pensar, y crea un vínculo afectivo que nos resistimos a perder si las circunstancias nos obligan a movernos.

Estos tiempos de cambio, en los que nada es igual de un día para otro, excepto las cifras del paro, nos obligan a tomar decisiones, y así lo hace Genoveva, que debe marcharse a otro país europeo a buscar mejores oportunidades laborales. Pero por otro lado está Veronika, que busca en el Mediodía europeo un soplo de aire cálido: inspirador, espiritual.

Genoveva y Veronika protagonizan un perfomance inusual, que es un grito de protesta contra la falta de trabajo y que obliga a la primera a emigrar, y también un agradecimiento de la segunda, que se convierte en inmigrante.

El flujo de artistas que salen y que entran en el país tiene un testigo casi mudo de la alegría de Veronika y la rabia de Genoveva; es Paula, la artista que permanece en la tierra que anhelan quien se va y quien viene.

Danza contemporánea, poesía en español y en checo, con las suaves dicciones de ambas en sus lenguas vernáculas … Un violín que llora y tortura a Genoveva …

La simbología son un barreño de zinc con agua telúrica, en el que Genoveva grita su desdicha y su esperanza, y la maleta viajera de Veronika. De fondo, quien marca el tempo y la emoción es lo inmutable: Paula, con su insensibilidad por ambas viajeras, es atacada para que sienta sus reacciones, y no responde.

Las proyecciones de vídeo sobre unos tules opacados nos clarifican el discurso de Geno y Vero, las dos caras de la migración en España: la amarga y la amable. Una denuncia social teatralizada, en la que el culmen lo proporciona la espalda desnuda de la Verónica, al modo de Jesús en la Vía Dolorosa, en la cuál se proyectan dermografías de amor en una escritura bellísima, sin duda un gran acierto escénico éste de David Orrico sobre una idea de Ugne Dievaityte.


Dónde:

Lo que se acaba - Pomíjivost
De V. Pospíšilová y G. Santiago
Espacio Labruc La Palma 18, Madrid
Del  01/06 al 29/06/2014
A las 20 h.



Enlace:





sábado, 26 de abril de 2014

Semínka, una obra genuinamente checa en Madrid

Paula Ruiz en el papel de Blanka
CRÍTICA A SEMÍNKA (Semillas),
de 
Veronika Pospíšilová


El jueves 24 de abril tuvo lugar en Espacio Labruc la cuarta representación del drama familiar Semínka, de la autora checa Veronika Pospíšilová.

Digamos que, para muchos, ir a ver dramones a una sala de teatro requiere de mucha voluntad y ciertas dosis de masoquismo. Sin embargo, para otros, es una práctica necesaria para sentir que sus corazones palpitan.

En realidad, la vida parece una tragicomedia. Hay tantas situaciones angustiosas e hilarantes, que empaquetar la tristeza con el papelón de un drama sería injusto con la vida misma y un ejercicio de mortal aburrimiento.

Semínka no llega a ser una tragicomedia, pero sí un drama realista con humor, que se explaya en las vicisitudes de una familia checa de clase media durante la fiesta de celebración de la mayoría de edad de una joven hipersensible.

La fiesta de cumpleaños
Blanka es esa joven, una adolescente amargada por el peso de un secreto que guarda. Falsedad e hipocresía frente al anhelo ingenuo de vivir la verdad.

El resto de personajes son su alcoholizada madre, un padre tacaño en paro, un hermano hippie estudiante de filosofía, una tiíta cañón de clase pudiente y un mugriento artista de indudable atractivo para las señoras.

En esta obrita redonda de algo más de una hora, cada personaje tiene su momentazo de monólogo profundo. Blanka la vegetariana sermonea a su despreciada familia desde la seguridad de su nueva fe católica, a la que sus familiares de base socialista ven con desconfianza y preocupación.

Hasta  el hermano que la quiere –Martin- la tienta con Schopenhauer y ella se resiste. Hay mucho del mismo Arthur Schopenhauer en Martin, un pesimismo profundo, que contrasta con Blanka, casi una alter ego de la Adele del filósofo.

Sin embargo, es la misma Blanka la que practica la “voluntad de vivir” de su propio yo, frente al abúlico y fumeta, aunque bienintencionado, Martin.

Un extraño personaje que llega
La autora de esta obra, Veronika Pospíšilová ha hecho recaer todo el peso de la máxima schopenhaueriana “toda vida es esencialmente sufrimiento” en la desdichada madre de Blanka –Helena- una maruja histriónica y aficionada a la vodka, con la que algunos espectadores pueden sentirse especialmente catárticos.

El personaje de Helena es de una dimensión descomunal, con un inicio titubeante de la actriz que va ganando dimensión en la escena, pero que pierde intensidad, muriendo a la orilla misma del final de la obra debido a la necesidad de apremio del desenlace, cuando Vladímir irrumpe sensual e irresistible, con su embriagadora dicción de dandy pictórico.

El papá de Blanka es Jan, un vulgar, comedido y afable padre de familia que se encara con las aficiones caras de su mujer. Ésta envidia a la escultural tiíta Tereza, solterona a causa de su desmedida afición a cazar hombres que no le hacen caso.

Seis personajes unidos por un destino que sufren de las desatenciones de los demás, aunque se deseen o se quieran por una necesidad vital, donde los papeles masculinos salen mucho mejor parados en la obra que los femeninos, inmersos éstos en las necesidades monetarias, sexuales, espirituales y amorosas de una manera mucho más intensa, perversa y compleja. Un padre corriente, un adolescente atormentado y un bohemio enamorado, revestidos todos de gran honestidad.


Los actores

El exiguo escenario de Espacio Labruc se presta fácilmente a la interacción de los actores con el público, apenas esbozada por Blanka cuando busca invitar a los espectadores a su cumpleaños. Paula Ruiz está muy correcta en su papel, tan frágil y mística, pero de una gran fortaleza y, en ocasiones, de conmovedora problemática.

Paula Ruiz
Laura Fernández se esfuerza notablemente en dotar de toda su energía a un personaje muy exigente que necesita de mayor peso dramático y de un maquillaje más exagerado, en consonancia con la descomposición interna de Helena, por la que no llegamos a sentir pena ninguna a pesar de ser el núcleo de todos los pesares.

Jan es Yan Angosse, el padre comparsa, ajustado a un papel de poco recorrido y necesariamente eclipsado por su histriónica esposa. Echamos de menos en el libreto alguna reacción de angustia al recibir el mazazo emocional y un porte menos aristocrático que nos acercara a un hombre corriente de su entorno social.
El hijo hippie le queda muy bien a Mario García, tanto, que dudamos que fuera del escenario se dedique a otra cosa que no sea fumar porros, rasgar la guitarra y leer libros de Filosofía. Una gran aportación que impregna la obra y dota al personaje de la mayor unidad y coherencia de todos ellos.

El pintor Vladímir es la magnífica y sensual voz de Yan Nazca, suficiente para desmayar a cualquier señora de 15 años para arriba. Su rol es necesariamente limitado y hace saltar chispas entre él y la tiíta, pero falta química con Helena, a la que realmente ama.

Roberta Pasquinucci (i)
Dejaré para el final a la extraña Roberta Pasquinucci, la frívola tía* Tereza, todo un descubrimiento interpretativo. Eva Ruzickova ha hecho un gran trabajo con su vestuario. Representa fielmente el carácter perverso de una envidiosa autosuficiente, pero fracasada en el amor.

Su sentido del humor, sus expresiones comprometidas con cada escena, aunque no hable, sus desplazamientos ocupando todo el escenario y la complejidad conferida a su personaje me hicieron disfrutar y preguntarme si ese papel no ha sido uno de los más trabajados en sus textos y dramaturgia. El relato del culo del ciclista es realmente memorable.


La sala y la obra

Función del 24 de abril
La sala en L de Labruc no es un espacio amable para el actor, obligado a situarse y mirar de vez en cuando a su lateral izquierdo. Tampoco lo es para el espectador que ocupa esa zona, que se siente ignorado y se pierde los rostros en muchas ocasiones. Alguno de los focos deslumbra en esa zona y la iluminación es muy mejorable. Con todo, 7 asientos vacíos nada más quedaron esa noche.

Semínka es una obra corta pero intensa. Crear diálogos para seis papeles tan diversos y dotarlos de una acción coherente no está al alcance de todos los directores. Es cierto que contar con buenos actores como los criticados ayuda mucho, pero modular sus deseos y desdenes tiene mucho de dirección de orquesta, para que los timbales no eclipsen los violines, ni los fagotes al contrabajo, y para que lo que se oiga sea música.

La familia conoce el secreto de Blanka
Pospíšilová ha creado una obra de problemática familiar genuinamente checa y actual, donde muchos jóvenes regresan a la fe de sus abuelos, donde el divorcio se ve todavía mal y los matrimonios viven en la hipocresía más cruel para salvaguardar las comodidades. Y el alcohol, … esa vaselina de socialización que lo impregna todo.

Pero también es una problemática muy occidental, donde la envidia, la búsqueda del amor, la crisis de valores y los fantasmas antiguos que salen de los armarios nos amargan la escena.

Tereza se enfrenta a Martin
Las semillas de la espiritualidad y la genética están presentes en esta obra como su trasfondo y su mensaje. La semilla cultural de la abuela católica que germina en Blanka tras un paréntesis social ateo, la semilla genética de la pintura que la delata … 

Pero por encima de todo ello se yergue la necesidad del amor y de la familia, por lo que finalmente triunfan la cultura adquirida, la socialización y la necesidad de protección sobre todo lo demás. Felicidades.



Fe de errores


*La aclamada tía Tereza no es tal, pues su parentesco con la familia problema es inexistente. No se trata más que de la amiga íntima de Helena. Seguro que mi subconsciente me jugó una mala pasada.


Enlace

Entrevista a Veronika Pospíšilová, directora de Semínka


Dónde ver la obra

Semínka en Espacio Labruc, Madrid
Escrita y dirigida por Veronika Pospisilova








viernes, 15 de marzo de 2013

Crítica a La lengua en pedazos, de Juan Mayorga

Teresa de Ávila
Teatro Fernán Gómez
Compañía: La Loca de la Casa

Entre pucheros anda Dios

Por primera vez, Juan Mayorga se atreve a asumir la dirección de un texto propio, basándose en la figura de Santa Teresa de Jesús y de sus escritos El libro de la vida y Cartas.


La obra se representa en un escenario oscuro rodeado de tres cuerpos de asientos, con un asfixiante techo de poca altura, bajo el que se abre una mesa frugal, donde Teresa corta cadenciosamente una pobre patata.

Juan Mayorga
La actriz pelirroja casa muy bien con el concepto medieval y renacentista de la meretriz y aún de la bruja. En el Malleus Maleficarun –el manual de persecución de brujas por excelencia- se señala que el pelo rojo y los ojos verdes eran los signos externos de las brujas, los hombres lobos y los vampiros. Pero es que también era pelirroja María Magdalena.

El color es el de la piel de la vulpeja (zorra), que es la mezcla del rojo de la tentación y el diablo; y el amarillo el de la traición y la herejía, y ambas acusaciones penden sobre Teresa.

Un inquisidor se acerca hasta la cocina del convento donde Teresa prepara la comida 
“... entre pucheros anda el Señor”, y bien podría ser el cubil de una hechicera;  así lo siente el enviado de la Iglesia, que primero temeroso, y después firme, quiere imponer a Teresa sus argumentos y el de sus superiores, con la razón y la fuerza, con amenazas incluso de muerte para que abandone el convento de San José, creado por ella y alejado de la norma.

En la época se atribuían tres vicios generales que tienen un especial dominio entre las mujeres: la infidelidad, la ambición y la lujuria. Y los tres los repasa el inquisidor, pues habla de Teresa como infiel a la Iglesia; la acusa también de ambición por querer tener su propia congregación y hasta de lujuria, cuando le recuerda -infructuosamente- su juventud apartada de Cristo hasta antes de entrar a tomar los votos.

Pedro Miguel Martínez, como inquisidor, pondera el personaje sin exponerlo a extremos que lo ridiculizarían, situándolo más en la representación de la razón y los convencionalismos que en la retórica más estereotipada de la institución represora en esa época.

Se enfrenta a una Clara Sanchís –Teresa de Ávila- que coquetea a la vez con la locura y con una gran claridad de ideas . Es Teresa un hueso duro de roer para el inquisidor, porque es una mujer muy cultivada y prudente, sabedora de su lugar en la sociedad y en la Iglesia, por su condición de mujer, pero que no renuncia a hacer prevalecer sus ideas, con apoyo de personajes poderosos de su tiempo.

Transverberación de Santa Teresa
El algún momento sospecha el inquisidor de la condición de aliada del diablo de Teresa, pero en otras la experiencia de Cristo de ésta lo convence, pues él también ha tenido dudas. 

Está en la transverberación o transfixión del corazón la verdadera esencia del poder místico de Teresa, en la cual su corazón es traspasado por una dardo ardiente de oro que le provoca un grandísimo dolor y amor de Dios.

Durante toda la obra, la corrección prosística de Pedro Miguel es encomiable, sin equivocaciones, marcando el ritmo, porque Clara tiene altibajos, dando una imagen de pobre mujer a la defensiva que no se corresponde –creemos- con la rotunda fuerza de Teresa de Cepeda para enfrentarse a las más duras pruebas imaginables. Su valor está en su técnica, aunque los manierismos místicos deberían ser trabajados con algún asesor.

El conjunto es el de una representación soberbia, sólida, de temática difícil y de la que sales completamente nutrido teatralmente, porque a pesar de sus carencias y de lo aparentemente poco atractivo del tema, envueltos en una ola anticristiana preocupante como estamos, capta la atención y el corazón de los públicos más abiertos y también más conservadores, sin irreverencias, pero sin noñerías.

Y concluyo: es una de las obras más reconfortantes y sustanciosas que he visto en los últimos dos años en Madrid, sobre todo después de haber padecido el harlem-shake-bodrio de El Café en el teatro de la Abadía hace tres semanas.


Nota de noviembre de 2013


El dramaturgo Juan Mayorga obtiene el Premio Nacional de Literatura Dramática por La Lengua en Pedazos.

Juan Mayorga, Premio Nacional de Literatura Dramática 2013






lunes, 25 de febrero de 2013

Cuando Fassbinder eructó en la cafetería.



Crítica a El Café,

de R. W. Fassbinder


El antiteatro, esa forma destructiva de teatralizar y atacar al espectador, se presentó brutal y descarada en el ensayo público de El Café, una revisión de Rainer Werner Fassbinder sobre la obra cómica de Goldoni (1707-93).

La acción transcurre en Venecia, en un 68 berlinés, y toma las formas filosóficas alemanas heredadas de un Pirandello que sentó las bases de poner en duda las identidades de los sujetos y hasta la idea misma del teatro. Hoy Fassbinder se inspira en otro italiano –Goldoni- para realizar un ejercicio de circo y comicidad donde los actores son máscaras exageradas de personajes arquetípicos, pero amontonados en un café-casino como si fuera un zoo desnaturalizado y artificioso.

El café virtuoso de Goldoni, donde se habla, y su contrapunto el casino, donde uno se corrompe, son sublimados y amalgamados en un solo espacio, pero donde el casino es mucho más protagonista, tal vez por la atracción de Fassbinder por la vida disoluta y noctámbula.

Esta última obra de teatro, antes de dedicarse al cine, dio carpetazo a su antiteater, un taller de experimentación que entre 1968 y 1971 aglutinó intérpretes hasta de la talla de Hanna Schygulla.

Dan Jemmett es el director inglés de esta obra infumable, de un trabajo intenso realizado por actores de gran capacidad y talento, pero cuyo resultado, bajo su dirección, inquieta y es una bofetada a la inteligencia.

Durante toda la obra se dan puntadas sin hilo. Los actores conversan entre ellos pero no se miran, dirigiendo sus ojos hacia el espectador, pero sin establecer interacción alguna. Hay vacíos constantes e intencionados.

El decorado lo constituyen 7 máquinas tragaperras, donde los actores juegan dando la espalda a la platea, y una jukebox maravillosa, que emite melodías americanas de los años 50.


Demasiadas sensaciones para un solo cuerpo


La desazón durante toda la obra y al final de la misma, con un final trágico que sorprende por lo estridente y hasta por su incongruencia, sólo se explica por la posible génesis de la obra: “Fassbinder trabajaba muy rápido, se aislaba durante una semana, se drogaba y escribía como le salía” apunta el director.

Esta circunstancia sólo la he conocido después de ver la obra, pero casa perfectamente con mi apreciación ante mi compañero de butaca, tan perplejo como yo ante lo experimentado.

Esta obra es, sin duda, un ejercicio de desperdicio de talento y energías, de despilfarro de tiempo y de algunos dineros; pero también es un veneno intravenoso que perjudica la percepción del teatro y del arte en su totalidad. Y lo es sobre todo por su ausencia de mensaje.

Sé que hay amantes del antiarte y lo consideran arte per sé, pero lo mismo que la muerte no es vida, el antiteatro no es teatro, sino una muestra desesperada y descarnada de las angustias de sus autores para obtener una catarsis que los libere; algo así como la visión de una pornografía sórdida que se ve por necesidad perentoria, pero de la que se arrepiente uno después con un rictus de amargura en los labios.

Y después de esto, Fassbinder se dedicó al cine.




Estreno el 27 de febrero de 2013 en el Teatro La Abadía, Madrid