jueves, 16 de enero de 2014

Estampas de la Segunda Movida

Chicago Hot Dog
Un hot perro entre cañas

El Chicago Hot Dogs, un clásico de la calle Hortaleza, ahora en Corredera Alta de San Pablo, en pleno corazón de la marcha de cañas de Malasaña. Como en un renacimiento de nuestra Movida.

Un bonito local estilo retro, para vivir la ilusión de los años 50 en Madrid. Hay unas pocas mesas por si quieres tomarlo allí mismo, aunque el take away es el santo y seña. Y si te aburres, puedes echar un partidillo de fútbol-dedo con una pelotita de alumnio en la mesa con césped.

Hot Dog Clásico
El perrito clásico por 2'50, con su salchicha, su pan suave de siempre, mostaza, ketchup y cebolla frita, en definitiva, un perrito de toda la vida más la cebolla. Los he probado mejores, ya os diré dónde; pero mientras no lo sepáis, es una de las mejores opciones, sobre todo destacable en el mar de pizzerías italianas y empanadas resecas chilenas que se estilan ahora por la zona.

¡Esta calle se está poniendo interesante!

Malasaña me mata .... porque no llego a fin de mes ...


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Dónde comer esos perritos

Chicago Hot Dogs
Corredera Alta de San Pablo, 2
Madrid












La misteriosa inscripción de Bat Creek


Inscripción de Bat Creek en la revista Garbo
Después de una reciente visita a la embajada de Estados Unidos en Madrid, decidí tomarme un respiro en una de las cafeterías que hay enfrente.

Mientras me pedía un desayuno madrileño -café con leche y churros- me dispuse a leer la prensa que tuvieran, y descubrí colgado de una reja un viejo ejemplar de la famosísima revista Garbo.

En la portada aparecía un lúbrico Luis Miguel Dominguín con una de sus novias en actitud -se decía entonces- procaz. Era una portada más que atrevida para la época, e incluso para ésta, dado el sector al que iba dirigida la publicación. 

En su interior, abundaban los anuncios de sostenes, cremas, tampones y avances médicos de belleza, además de horóscopos con varios errores de montaje.

Mirando la sección de noticias breves leí una noticia que a continuación reproduzco:

Según Cyrus H. Gordon, de la Universidad de Brandeis (EE.UU.), los judíos descubrieron América mil años antes que Colón.

En 1885 se descubrió en Bat Creek (Tennessee) la prueba de esto que decía Gordon: una piedra con la inscripción "De la tierra de Judáh". Según él, los judíos marcharon al Oeste huyendo de la presión de los romanos.

Noticia y fotografía aparecían en la revista española Garbo, nº 921, del 28/10/1970.


Otros datos

En otra fuente, se indica que la inscripción de Bat Creek fue descubierta en 1889 e inicialmente catalogada como de origen cherokee, pero Cyrus H. Gordon indicó que podría tratarse de paleo-hebreo.

Sin embargo, Mainfort y Kwas publicaron un completo artículo en American Antiquity en 2004, aportando su descubrimiento de una ilustración en un diccionario masónico de 1870, por lo que bien pudo ser copiada, resultando la inscripción de Bat Creek un clamoroso fraude.


Enlaces




La piedra de Bat Creek










domingo, 12 de enero de 2014

Humanos y móviles, la convivencia que desgasta.

Selfie en mi HTC
Mi relación con el HTC de mis sueños

Llevo desde el verano con mi teléfono HTC WP 8X y ya han surgido roces de convivencia.

Al principio de conocernos me encantó su look serio y elegante, su tacto suave, su discreción y, sobre todo, su ... digamos ... parte de atrás ... suave, delicado, tan diferente a otros. Aunque no aguantara dos asaltos ... 

Siempre había que enchufarlo al cabo de unas pocas horas de trote porque se quedaba exhausto.

Ahora, después de seis meses, hablar con él más de cinco minutos me produce un terrible dolor de cabeza, y creo que además es muy peligroso para mi cerebro.

Ya casi ni hablamos y sólo nos contemplamos mutuamente con amor comedido.

Su botoncito se activa continuamente al menor roce, dejándome en evidencia ... me refiero al de la cámara, y no encuentro complementos con qué vestirlo de lo raro que es.

Sin embargo, cogerlo en la palma de la mano desde atrás sigue siendo un placer, mientras yace frente a mí con su fantástica pantalla mirándome fijamente. Y es que, a pesar de todo, todavía no deseo a ningún otro.



Experiencia de usuario con el HTC Windows Phone 8X*


HTC WP 8X
  • Me produce un fuerte dolor de cabeza cuando hablo con él más de 5 minutos, posiblemente debido a un excesivo Ratio de Absorción Específica (RAE) o SAR (Specific absorption rate), 0,59 W/kg para la cabeza, según normas de Estados Unidos.
  • No encuentro fundas ni protectores de pantalla de su medida.
  • El botón de encendido es poco preciso e incómodo de pulsar.
  • La batería mejora si desconectas el wifi cuando no estés en casa o sin cobertura wifi y mantienes desactivados el NFC y el Bluetooh. Dura unas 24 h. Yo siempre lo recargo por la noche y me dura todo el día si no me paso con la navegación y los videojuegos.
  • El botón de la cámara siempre estorba y se activa continuamente cuando quieres agarrar con seguridad el teléfono, por ejemplo en una aglomeración a la entrada y salida de los vagones de metro.
  • También se activa el buscador de Bing sin darte cuenta al pasar la mano por encima de la lupa.
  • Otro hándicap es lo microscópico de sus números de teléfono en el listín, que casi no ves si quieres copiar a mano un número o hacer una marcación en otro terminal.


* HTC Windows Phone 8X. Antes también conocido como HTC Accord



Enlace

Evaluación y experiencia de usuario del HTC WP 8X


















sábado, 11 de enero de 2014

Un bar donde te atienden como a un culo

Bar muy cutre
De pinchos y tapas cutres en Valladolid

Me dedico a eso que llaman “atención al cliente”. De hecho, de una u otra manera, lo hago profesionalmente desde hace más de 20 años. Pero llevo bastantes más siendo cliente, un cliente activo, por cierto.

Ser un cliente activo implica ofrecer retrolimentación al vendedor: si está bien el proceso de venta, hacérselo saber, y si está mal, pues también.

El conflicto surge cuando cliente y vendedor discrepan. Por ejemplo, un cliente no satisfecho con la venta de un servicio o producto se lo hace saber al vendedor, o se queja, o protesta …

Estas Navidades estuve en Valladolid degustando sus afamados pinchos. Me muevo a gusto por esa ciudad, conozco sus mejores lugares desde hace muchos años y frecuento casi siempre los mismos templos de la pequeña cocina.

Así que, con pocas horas de ocio urbano, fui a tiro hecho: Villa Paramesa, una tasca ubicada en la calle Calixto Fernández de la Torre, junto a la Plaza Mayor. Este bar pertenece a la empresa La Pequeña Villa 2008 S.L.

El motivo de la visita es que anteriormente estaba allí La Tasquita, de grato recuerdo para mí y para muchos vallisoletanos, donde siempre se me atendió bien y donde pasé grandes tardes degustando su pincho de solomillo al roquefort y otras muchas maravillas sobre pan crujiente.

La factura del delito
Cuando ya no era La Tasquita volví varias veces a visitar el sitio y me llevé una buena impresión de su cocina creativa. Finalmente el 5 de enero aterricé de nuevo; pero algo había cambiado.

Nada más entrar noté una atmósfera diferente. Pedí dos riberas, una croqueta de bacalao, una mini-hamburguesa de solomillo y un buñuelo de manillas de lechazo, todo de nombre muy sugerente y correcta presentación. Total 10 €, un precio correcto, aunque en absoluto barato. Recordemos, esto no es Suecia.

La rubia de bote que me atendió tal vez me recuerde. Me sirvió de un gran botellón las escurrajas y luego completó con otra botella. ¡Vaya! Pero no soy de protestar …

Acodado en la barra estaba un señor elegante de medianas estatura y edad, bien afeitado, con su camisa azul abierta y su cara chaqueta desabotonada. Sonreía al sol de las lámparas y diríase que estaba en una gran felicidad con Baco. Fue mi testigo …

Veamos, todo bien con la croqueta, la mini-hamburguesa correcta -aunque excesivamente generosa en pan-, el vino cuasi-regular, … pero el buñuelo de los cojones fue otro cantar.

El primer bocado es para mi acompañante más cercana, que se lleva la parte noble, aunque la rechaza por gelatinosa. Es lo que tienen las manillas, … cuestión de gustos … Así que le hinco el diente a ese buñuelo en forma de dado y noto algo … ¡joder, qué gelatina más densa! Mi excesiva cultura gastronómica me hace imaginar que se trata de una hebra de puerro mal cocinada, pero mi otra acompañante, a la sazón una señora bella, elegante, experta cocinera y mejor clienta, tira de un extremo y dice: un pelo y ¿qué es esto? visiblemente asqueada.

Despedazo la porción maldita y la echo en la papelera de encima del mostrador, bajo la mirada de la rubia de bote, que me la indica con su dedo de mesonera, como si yo estuviera a punto de deshacerme de la servilleta que envolvía el cuerpo del delito tirándola al suelo …

El perdón anidó en mi corazón ¿a quién no se le ha escapado un pelo en su cocina? Así que continúo mascando la composición, intentando descifrar los sabores … Pero el tacto pastoso y peludo de consistencia lanosa de un cuerpo extraño vuelve a asomar desde mis labios, ¿qué cojones … ?

Cojo una servilleta de papel y vuelco todo el contenido de ese alimento-trapo sobre ella, en un ademán observado por el borrachín, que no dice ni pío, casi divertido, casi insensible a la tragedia … con el vano intento de que no parezca una egestión.

Le digo entonces a la mesonera tosca que el buñuelo referido tenía un trozo de lana dentro … y me contesta que vale, pero que ya me lo había comido …

La estulticia de la sirve-vinos me acusa tácitamente de querer otro pincho gratis …

Cagándome internamente en las deidades más a mano, dejo a salvo sólo a la Virgen María, y comento la jugada con mis acompañantes, que indignadas, se comprometen a no poner más sus pies en aquel chigre de bordes y guarretes.

Pienso ahora que debí meter la mano en la dichosa papelera, sacar los pringosos y masticados trozos de buñuelo sujetos por su cordaje lanoso y mostrarlo al respetable como si fuera a poner unas banderillas, aseteándole en los morros a la palurda como prueba fehaciente de lo marrano de su chef y de su ofensiva respuesta a mi queja.


Como la sangre no llegó al río porque preferí bombearla a presión a mis sienes, les dejo a Uds./vosotros mis impresiones de cliente insatisfecho, con la esperanza en la resurrección de los que han muerto atragantados con un trozo de estropajo metido dentro de un pincho.



Nota del 28/01/2014

Esta tarde he recibido en mi casa la notificación de la DGT que ese mismo día 5 de enero, yendo a Valladolid, me pusieron una multa de 100 € por haber sobrepasado el límite de velocidad en 20 km/h. Me cazó un radar nuevo, tal vez en algún cruce de reducción rápida. Los Reyes Magos de Valladolid me han querido "premiar" por algo que he hecho mal el pasado año ¿Será por quejarme tanto?












jueves, 2 de enero de 2014

Cortylandia, la Navidad de El Corte Inglés

Cortylandia en Preciados, 2013-2014
Un estilo navideño que languidece.


Que la Navidad en España es cosa de El Corte Inglés es algo que muchos tenemos asumido.

Los Reyes Magos y Papá Noél están presentes cada año, en sus versiones reales o sucedáneas, para ayudarnos a consumir en esos grandes almacenes.


Las guirnaldas, las luces y las bolas brillantes de colores iluminan cada año escaparates y fachadas en las ciudades donde tienen la suerte de contar con El Corte Inglés y han contagiado durante décadas a algunos ayuntamientos, que han copiado ese estilo capitalista y lujoso de celebrar la Navidad.

Cortylandia es un ejemplo único de espectáculo en Madrid. Este año, unos ositos mecánicos tocan música para los niños en los aledaños de la Puerta del Sol, en una función que dura 15 minutos.

No es que los motivos sean muy navideños, aunque sí lo son invernales y musicales, y algunos son verdaderas obras de arte efímero.

Compite con la Cabalgata de Reyes en el fervor de los niños y es de las pocas cosas que congrega año tras año, en una ya tradición propiamente de la ciudad, a chicos y grandes.

Y como éste es un blog de crítica, no desaprovecharemos la oportunidad para decir que quiten de en medio ese molesto estorbo en forma de farola o soporte de focos y que mejoren la megafonía. ¡Los niños quieren cantar! y no se entiende ni jota.

Que los Reyes Magos traigan ánimo y nueva inspiración a El Corte Inglés y no sucumba a las modas y al cutrerío generalizado.

Todavía podréis disfrutarlo hasta el 5 de enero.


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