miércoles, 1 de abril de 2020

La receta de la anti tortilla


La famosa antitortilla Madrid,
 décimo quinto día de confinamiento
 por la cruel pandemia de virus de pangolín.


La famosa antitortilla de Madrid
No puedo recordar  una situación semejante a la vivida en estas semanas: 

Sin salir a la calle más que para sacar la basura a la esquina y comprar viandas y papel higiénico cada cinco días (ya no sé dónde meterlo).

Con mucho tiempo libre en casa, ahorrándome las dos horas largas de ida y vuelta al trabajo más las cañas que puedan caer.

Sin posibilidad de catar más vinos que las pocas botellas baratas de buen Ribera que quedaban, dejando solas en el botellero de celdas a los Alentejos, Abadías de Retuerta y Dehesas de los Canónigos que no abriré para no tener que desperdiciarlas en solitario, pues no se pueden recibir visitas y no es plan de abrirlas frente al Skype reuniendo a mis amigos cerveceros.

El teletrabajo me agota más que en directo, pero me da pie a pasar más horas sentado delante del ordenador, que no descansa, viendo Whatsapp web, tuiteando, leyendo "coronavirus" en cada noticia, ... y haciendo cursos de mindfulness para combatir la ansiedad, y de pandemias para contrarrestarlos.

Añoro el olor a fritanga rancia de los bares cutres de Madrid, ... de los que quedan, claro, fagocitados por compradores chinos de todo a cien reconvertidos en hosteleros; y las copas amplias de las pocas vinotecas, donde el caldo de uva resbala dejando lágrimas felices al trasluz de su transparencia.

En casa hay algunos libros, tantos que podría tapizar las paredes con ellos por completo con dos capas y así aislarme de los regatones y flamenqueos de mis vecinos exóticos y borderline, y me ha dado por hurgar en los lomos, portadas e índices de algunos.

Así, por ejemplo, he redescubierto un libro de guisos castellanos casi olvidado con una receta de crestas de gallo, también  que tenía libros de pescados nunca abiertos, recetas indonesias perdidas, ... y dos libros muy interesantes que hacía un lustro que no abría más que para hacer torrijas y sesos rebozados: La cocina de los conventos y La Cocina de los Monjes.

En la página 96 del segundo libro citado aparecía una breve receta de la tortilla de patatas que deseché enseguida por facilona. ¿Cómo era posible que a la joya gastronómica de los bares españoles le dedicaran apenas 10 líneas?

La razón tal vez es que, como en el caso de los expertos buscadores de setas que nunca revelan sus predios favoritos, los conventos y las amas de casa son los reservorios secretos del arte de la buena tortilla de patata.

De hecho, el jesuíta Carlos Conde, en su introducción del libro La Cocina de los monjes, alude a la famosa "tortilla de Orduña" con su tratamiento peculiar de la patata ... ¡sin decir cómo se hace!

Pero al abrir el primero, en un pliego bastante viejo de papel escrito a máquina y con manchas de grasa con los caracteres desiguales de tanto aporrear mal los macillos, descubrí una receta de tortilla de patata.

Pero ¿quién habría puesto allí aquella receta? ¿Se trataba de algún legado familiar de mi abuela María copiado a máquina con esmero adolescente? ¿O tal vez era la receta secreta de mi madre, inaccesible a su revelación por mi adolescencia montaraz y despreocupada?

No lo recordaba, pero por alguna buena razón estaba allí, esperando, como una obra de teatro redescubierta en legajos, ser interpretada de nuevo.

Era emocionante tener entre mis manos un testimonio del pasado, directamente de los tiempos en los que la tortilla de patatas sabía a tortilla.

Qué tiempo precioso había perdido probando la tortilla en las casas de los familiares políticos más variopintos, más ufanos y fatuos, que me decían "nunca has probado una tortilla igual".

Y salía siempre decepcionado, pues, o chorreaban huevo, destilaban aceite o las patatas estaban tan acartonadas o blandurrias como las dejan los que no saben que esto de la cocina va de tiempos, de temperaturas, de proporciones, como en la Alquimia, más que de volcar ingredientes al fuego.

Al fin, entonces, creía yo que había encontrado la receta de la Tortilla de Patatas a la antigua, como debe ser.

Y aquí dejo la receta tal y como me la encontré, y como tal, al pie de la letra la hice:



Anti Tortilla

Ingredientes

- 3 patatas medianas 
- 5 huevos
- 1 cebolla 
- Aceite de oliva (equivalente al volumen de 2 dedos en la sartén) 
- Sal y pimienta 


Instrucciones

Corta las patatas y la cebolla en pequeños trozos, vierte todo en una sartén con el aceite de oliva templado.

Después de añadir las patatas y la cebolla, mantener temperatura de la placa a fuego medio.

Tapamos la sartén y dejamos entre 4 y 5 minutos de cocción, destapamos, revolvemos y volvemos a tapar, esperamos 4 ó 5 minutos para destapar y otra vez revolver, repetiremos este ciclo hasta que las patatas estén tiernas.

Cocidas las patatas y la cebolla, las pasamos a un colador y dejamos escurrir el aceite.

Mientras batimos los huevos, salpimentamos y agregamos las patatas escurridas.

Mezclamos. Ponemos la sartén al fuego, si como en mi caso aún está mojada de aceite, no necesitarás poner más aceite, vierte la mezcla de patatas-huevo y cuaja a fuego medio durante 6 minutos de un lado, da vuelta la tortilla con una tapa o un plato y del otro lado, dejar cuajar 4 minutos. Si te gusta más desastre puedes variar los tiempos.


La antitortilla redescubierta en un domicilio de Tetuán
No han pasado ni 8 horas desde que acabé con los últimos restos de la antitortilla y ya la añoro.

Lejos quedan aquellos restos de las antitortillas que comí en un restaurante portugués de Hamburgo que decía ser español como si el atributo del frasco bastara para definir el perfume.

Lejos de aquellas en el bar Barcelona de Helsinki, con sus bonitas tapas de antitortilla tan cubistas que si te dicen que son croquetas te lo crees.

Esta es la verdadera antitortilla, que no es una deconstrucción de la misma, sino un prodigio de la Alquimia en el que con los mismos ingredientes no sabe a tortilla, ni a Bauernfrühstuck su alter ego alemán, pero es que tampoco a un revuelto de patatas con huevo o a huevos  revueltos con patatas, y eso la convierte en una receta nueva que merece la convocatoria inmediata de un concurso interbarrios en Madrid y una declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad al que la presidenta Ayuso debe aspirar antes de que los Juegos Pandémicos se celebren en Madrid y los chinos nos quiten la receta.

Por mi parte, guardaré esta receta primigenia de la anti tortilla como oro en paño para usarla en pandemias varias, actuales y por venir, con un vasito de vino de los caros frente al Skype para sugerir envidias en mis cada vez menos amigos (por eso de la distancia).

Y para no añorar demasiado la atmósfera de los bares, que son las verdaderas bibliotecas madrileñas, os dejo un enlace con música ambiente de bar, para que la pongáis en vuestras cocinas durante esta pandemia.


RUIDO DE BAR







martes, 10 de marzo de 2020

De la Hiruela a El Cardoso, Sierra del Rincón

Afloramiento de esquistos en el Puerto de La Hiruela
26/10/2019
Desde que existe la aplicación Wikiloc las cosas han cambiado enormemente en esto del excursionismo. La preparación de las salidas de antes, usando mapas del Servicio Geográfico del Ejército, comentarios vistos en revistas, por Internet u oídos en anteriores excursiones, unidos a la pericia, la orientación y la experiencia ya tienen poco valor. Con esta aplicación móvil seleccionas una ruta y por GPS te lleva por la misma con una precisión de escasos metros de error. Ahora los domingueros lo tienen de lujo para llegar a los sitios más recónditos de nuestra naturaleza.

En la sierra de Madrid me he encontrado tantos extranjeros y urbanitas en bici y a pie como antes lugareños y esforzados excursionistas y montañeros.

Esta es mi segunda experiencia con Wikiloc y lo que más claro me ha quedado es la facilidad extrema en “preparar” una excursión complicada por los vericuetos, cruzando caminos, carreteras e intersecciones … y que necesitas una batería auxiliar aunque tengas un teléfono con una batería de 4.000 mAh.

Ya había realizado una ruta similar sin GPS hace un par de años, subiendo desde La Hiruela hasta el helipuerto, por el barracón para el retén de bomberos y el apostadero de caza de palomas, pero esta vez giramos por el camino de la derecha una vez alcanzado el barracón. Esta ruta circular discurre a través de unos 16 km.

Matamoscas (Amanita muscaria) bajo los helechos
Caminamos unos centenares de metros y subimos la ladera a la izquierda para tratar de conseguir algunas setas. Había abundancia de especies pero pocas comestibles.

Tan sólo enormes nízcalos semienterrados brotando; muchas amanitas muscarias en diversas fases de crecimiento, unas descoloridas por la lluvia y otras pequeñas de rojo brillante y escamas blancas. Había también alguna macrolepiota, seta de los caballeros (Tricholoma equestre), bastantes setas de puerco (Suillus luteus) y otra Suillus muy babosas y saturadas de agua en la cuneta de la pista forestal, cuescos de lobo, rúsulas de varios tipos (rojas, moradas, blancas) y varias especies parásitas de la madera en putrefacción.

Tremella mesenterica
El ámbito forestal es el del pino silvestre, de piñas y acículas pequeñas; enebro rastrero y enebro común; algunos robles mejolos (Quercus pyrenaica), unos de gran porte; encinas y acebos jóvenes y dispersos, y abundante brezo y jara (Cistus laurifolius) en las solanas. Hay algunos nogales a la entrada de las poblaciones y vimos la pequeña haya que hay a la entrada de la Reserva de Montejo.

El bosque parece maduro aunque los árboles son jóvenes y no se ven más arbustos con fruto que rosales silvestres, majuelos y zarzamoras en las lindes más soleadas. Bajo el dosel de pinos apenas crecen más seres que la setas, los musgos y algunos helechos. Existen muchas ramas esparcidas, lo que dificulta la marcha por las laderas y es un peligro para la época seca, pero proporciona más microhábitats para vegetales, animales y hongos.

Como en toda la sierra cubierta de pinares, los animales de sangre caliente son escasos. Sí que hay huellas de haber hozado los jabalíes en las laderas próximas a La Hiruela, y también algunos excrementos frescos de corzo pero poco más.

El dosel de pinos impide que lleguen los rayos de sol, lo que favorece un ambiente húmedo con una pluviosidad relativamente escasa de 700 mm, pero no evita que existan grandes concentraciones de helechos secos desde el verano.

La ruta va desde La Hiruela, pasando por Cardoso de la Sierra y el Hayedo de Montejo hasta volver a La Hiruela y se efectúa principalmente por caminos bien cómodos. Nos tomamos unas hidromieles antes de empezar en el mercadillo que había ese día.

El recorrido no es difícil por los desniveles, pero puede resultar bastante cansado si has conseguido una cesta repleta de nízcalos al principio y acarreas con ella durante casi todo el recorrido, especialmente molesta es la bajada de El Cardoso al Hayedo y la posterior subida, aunque sin estorbos en las manos es realmente un paseo largo no muy exigente para quien esté acostumbrado a salir al campo al menos una vez al mes.


Peral centenario de La Hiruela (M)
Árboles notables

En la Hiruela hay un peral muy añoso del que se conoce hasta el autor de la plantación. Se trata de un Pyrus communis de 15 m de altura y es uno de los mayores de España.

Otros árboles notables son el Rebollo de la Dehesa, de 800 años y 25 m de altura y el Roble Bastián, de unos 300 años y 20 m de altura. Pero nosotros seguimos otra ruta distinta, hacia Cardoso de la Sierra.

En nuestro recorrido hacia la caseta del retén de bomberos divisamos un enorme rebollo solitario de más de 300 años que es necesario proteger plantando otros rebollos que lo defiendan de los vientos, porque con los vendavales que estamos padeciendo estos años puede romperse hasta morir.

Roble de 400 años en Las Eras (La Hiruela)




Contactamos con Miguel Ángel, de la oficina de turismo de La Hiruela, y nos comentó que ese árbol se encuentra en la zona de La Eras, llamada así porque es donde se cultivaban centeno y cebada. Los vecinos llevaban allí a las cerdas para que se alimentasen con las bellotas, así que plantaban robles. El roble de la foto tendrá unos 400 años.



Enlaces













Bloque de cuarzo lechoso
La Hiruela

Bar El Tino
Cardoso de la Sierra

Hayedo de Montejo de la Sierra

Retén de bomberos, La Hiruela

Seta de los caballeros
(Tricholoma equestre)

Camino de Cardoso de la Sierra
a La Hiruela













sábado, 22 de febrero de 2020

Crítica a Star Wars, el ascenso de Skywalker

Star Wars, el ascenso de Skywalker de J. J. Abrams
La manera realista de ver el espacio empezó en España en 1968, con el estreno de 2001, una odisea del espacio, que fue la última película de ambientación espacial antes de la llegada del hombre a la Luna (1969), por lo que ambos hitos se mezclaron en el imaginarium de los aficionados al cine de esa época.

Y hubo de esperarse hasta 1977 para que esa aburrida y tecnológica manera de acercamiento quedase modificada por la influencia brutal de La Guerra de las Galaxias, que construyó una épica espacial al alcance de todos, sin erudiciones.

La sagaz combinación de malos postnazis y buenos rebeldes anglosajones encarnados en el Imperio y la Alianza, con guiños a las películas de guerra de la SGM, de piratas, de caballeros cruzados, de samurais, de espadachines y de criaturas de peluche provocó un vuelco en la manera de hacer cine hasta entonces en todas sus modalidades, sobre todo por su sencillez, efectos especiales, altísimo presupuesto y efectos demoledores en taquilla.

Star Wars, una nueva esperanza
Muchos fuimos los que nos emocionamos y acabamos midiendo todo el cine por ese baremo. Pero a medida que han ido pasando estos 42 años, la cosa ha ido a peor en la saga fílmica surgida, pues excepto El Imperio contraataca (1980) y El retorno del Jedi (1983), dentro de las 3 trilogías, y Rogue One, una historia de Star Wars (2016), como spin-off, las películas de la saga Star Wars se han movido entre farragosas y decepcionantes, ... hasta la última de todas Star Wars, el ascenso de Skywalker de J. J. Abrams, que ya dirigió El despertar de la Fuerza (2015), otro truño de su cosecha que comentamos en su día.


El descenso a los infiernos de J. J. Abrams y de Disney

Star Wars, el ascenso de Skywalker es un fárrago insufrible, un lío de familias insuficientemente explicado y tan sorpresivo como confuso, sentimentaloide, mal  montado, abigarrado en la pantalla y un colofón donde Disney le ha querido dar muerte a la saga dejándonos un asqueroso sabor a decepción, en la que han desfilado casi todos los personajes, vinieran o no a cuento, como en un epitafio de merchandising infausto.


La flota secreta de destructores, como tiburones en una pecera
Como montón de cosas desordenadas y confusas da muestra el que no hay manera de seguir un supuesto hilo argumental, donde hasta Rey se hace descendiente de los Skywalker cuando realmente descubrimos que es una Palpatine con unos padres anodinos y tontorrones, pero con un abuelo dueño de las galaxias conocidas y de un poder como el de todos los Jedi juntos. Se ve que la genética de Palpatine sólo se ha reflejado en la nieta.

Como abigarrado, porque cuando Rey se desplaza a las Regiones Desconocidas y llega a Exegol, el extraño difunto vivo Palpatine y una curia de Sith la reciben en un escenario poco dramático y nada original para lo terrible del lugar. Incluso no se detalla nada de esa masa de miles de siths, notándose demasiado que es un burdo clonado de imágenes.

Sentimentaloide porque aparecen una Leia virtual e insustancial y una ristra de fantasmas, como Skywalker y Han Solo, que impulsan la acción de Rey y Kylo Ren, el cuál deviene al final en Ben Solo, previo paso por la ambición de hacerse dueño galáctico del Imperio.


Los apestosos ewoks vuelven a salir en Star Wars IX
Mercadotecnia infantiloide contra los frikis serios 
Saltan un par de ewoks, las escenas de batallas aéreas son escenas muy manidas desde la inicial de 1977 y aparece una tal Jannah que es la Tina Turner rediviva de Mad Max, más allá de la cúpula del trueno, enamorada de Finn y rechazada, pero que busca consuelo en un viejo baboso y supuestamente mujeriego como Lando Calrissian. Tanto este personaje como el insípido Poe Dameron sustituyen penosamente los registros de Han Solo como piloto del Halcón Milenario y galán guaperas, aunque Dameron monte un ala X como Skywalker.

A pesar del despropósito y del cacareado final de todas las batallas, lo cierto es que el CEO de Disney, Bob Iger, dijo que las películas de Star Wars tendrán un descanso de dos años, así que Disney seguirá dándonos el coñazo explotando la gallina de los huevos de oro. Y por si fuera poco, The Hollywood Reporter ha desvelado que ya se está trabajando en un largometraje con Matt Owen como guionista y ambientado en el planeta Exegol de los Sith, toda una amenaza en firme.


Zorii Bliss, con la que flirtea el patético Poe Dameron
No tengo mucho más que decir de esta película realmente desdeñable, excepto la seriedad con la que se toman sus papeles Kylo Ren y Rey, sin duda lo mejor, enfangados en un batiburrillo de imágenes multiplicadas (especialmente deprimente la cobertura del cielo por decenas de cruceros espaciales gigantescos a menos de 500 m de distancia), y escenas aberrantes y muy grotescas como la cabalgada de extraños jamelgos espaciales por la superficie de un crucero espacial. No sé si algunos marines orientales se habrán hecho el harakiri después de ver esas escenas tan poco marciales.

Lo siento chicos, pero tengo que dejaros momentáneamente por el acceso de una arcada que me sobreviene al recordar varias escenas.


Momentos estelares de la película

Cuando los soldados capturan a Chewbacca, éste se encuentra a sólo un centenar de metros de la nave que lo transportaba, situada en la cima de una colina y los soldados no la ven. Por si fuera poco, el peludo es embarcado en la única nave visible, en medio de un desierto, y es destruida por la acción antagónica de Rey y Kylo Ren, pero, sorpresa, había otra nave que fue la que se llevó a Chewbacca, y es que no podía morir el wookiee.

Es sorprendente lo que le cuesta escalar riscos a Rey cuando otras veces salta y vuela como en una película de chinos.


La Estrella de la Muerte estrellada en la luna oceánica
Kef Bir en Star Wars IX. Fuente: Internet
Los restos de una estrella de la Muerte están tan enteros y hundidos en un mar que da la impresión de que han aterrizado en vez de impactar como un asteroride atraído por un planeta. Pero es casi peor pensar en los miles de metros de profundidad de ese mar para albergar semejante satélite, que podría haber arrasado cualquier vestigio de vida en esa luna e incluso desplazarla de su órbita.

La grotesca "caballería" que aterriza sobre un crucero espacial lo hace sin protección contra el frío y sin oxígeno, obviando las mínimas normas de coherencia espacial.

La intuición de Finn para saber qué crucero ha tomado el mando de las operaciones cuando se desconecta la antena principal es realmente una solución  imaginativamente imbécil del guionista para un simple stormtrooper.

Al final de la película se incluye un beso de dos bolleras, en un guiño al Nuevo Putiferio Mundial, ... les ha faltado el Metoo, el montador se hizo un lío con tanto material.

Y para qué seguir ...



Enlaces

‘Star Wars’: Los Ewoks estarán de vuelta en ‘El ascenso de Skywalker’

Harrison Ford vuelve a mostrar su desprecio por Star Wars en una entrevista

Star Wars: se confirma nueva película sobre el planeta sith Exegol

Trailer de El Ascenso de Skywalker


Sugerencia de orden correcto para ver las películas de Star Wars

















domingo, 9 de febrero de 2020

Marcel Proust y una tarta de zanahoria de Singapur


Y del azar depende que nos encontremos con ese objeto antes de que nos llegue la muerte, o no lo encontremos nunca.

Marcel Proust en Por el camino de Swann


Tarta de zanahoria, fuente Internet
Uno de los pasajes literarios más bellos y evocadores que he leído, que nunca lo tuve en los anaqueles de mi biblioteca.

No recuerdo la cantidad exacta, pero llegamos a juntar en la casa de mis padres no menos de 3.000 libros, seguramente muchos más porque me cansé de contar. Y sin embargo no recuerdo ninguno de Marcel Proust.

En nuestra casa la literatura francesa estaba infrarrepresentada, pues si bien se leía desde Pierre Louÿs a Alejandro Dumas, lo francés nos parecía caduco, pervertido, chovinista y lejanamente sofisticado, además de manifiestamente antiespañol.

Tal vez tuvieron poco que ver las positivas experiencias de mi padre con la Legión Extranjera en el Sáhara y mi lejana ascendencia francesa por parte de madre y mucho las tensiones entre los dos países con los volcados de fresas, la cicatería en extraditar terroristas, la dificultades para entrar en la Comunidad Económica Europea, … y la historia conocida desde los conflictos en Italia en el XVI.

Marcel Proust
Cuando me convertí en estudiante la biblioteca aumentó profesionalmente, pero la literatura apenas incorporó más papel que algunos clásicos españoles para ambientarme en mi licenciosa vida salmantina. Una vez finalizada mi completa formación académica en las aulas y moral en las calles y sierras de Salamanca me mudé a la Villa y Corte, donde aprecié de veras tener espacio para mis libros, la mayoría de los cuáles viajaron conmigo.

Y fue en Madrid donde accedí al entretenidísimo ensayo Bravuconadas de los españoles de Pierre de Bourdeille y al libelo cuasianónimo de M.A.S. Contra los franceses o la nefasta influencia, el primero de ellos de divertido recuerdo y el segundo un amargo y largo trago que justificó mi sentencia sobre la literatura francesa de más arriba, y que, utilizando una frase de Pascal, puedo resumir:


Pretendían que tomásemos sus oscuridades por misterios
cuando sus claridades eran ridículas.


Y en esas estábamos cuando, abandonando por contagio toda esperanza en la literatura, me lancé en pos de los libros de viajes, retomando Darwin, Salgari y los exploradores españoles del mar de Joló.

Magdalenas de Commercy, como las de Proust
Me embarqué entonces hacia Singapur para experimentar algunas de las emociones de esos viajeros, y allí descubrí a Russell Wallace, cuyo Viaje al archipiélago malayo me abrió los ojos a las matanzas de especies en pro de la Ciencia y cómo se proveía a los fascinantes cuartos de maravillas y museos decimonónicos que tanto me gusta visitar.

Y sobre todo descubrí a Marcel Proust en un café cosmopolita y concurrido del aeropuerto internacional Changi metido en una tarta de zanahoria.

Han pasado 20 años y sigo evocando los sabores misteriosos de esa tarta irrepetible desde entonces. Fue mi primera comida en Asia y la última de aquel viaje de semanas por las islas malayas, como mixtura de Occidente y Oriente, pues lo que yo creía una receta nostálgica del Imperio Británico en aquel territorio ha resultado ser algo bastante más sofisticado.

Si a Proust sus extrañas magdalenas alargadas en forma de concha del peregrino mojadas en té le evocaron los más vívidos recuerdos de infancia con su tía Leoncia en Combray y una felicidad inesperada en su desmesura, a mí la tarta de zanahoria de ese café del aeropuerto me evocó las rosquillas fritas de mi abuela María de Ciudad Rodrigo, mis esencias patrias y mi apertura a los sabores nuevos y complejos de la Asia que estaba a punto de descubrir.

Hotel Inglaterra, Valladolid
Hoy mi abuela ya no está y el sabor especial de sus rosquillas ha desaparecido para siempre. Las rosquillas que hace mi madre están muy buenas, pero no saben igual, y yo ya no lo intento por lo costoso del proceso y la mediocridad del resultado.

He probado la tarta de zanahorias con café y té en España, Inglaterra, Alemania, Noruega y Finlandia y puede que en algún sitio más, pues siempre la busco, del mismo modo que pruebo el chorizo y el vino en cada pueblo de España que visito, pero ninguna como aquella de Singapur.

Recuerdo especialmente la del desaparecido Hotel Inglaterra de Valladolid, donde la probé por primera vez con té. También alguna otra en Göttingen en un café de viejas; la del café del Real, posiblemente la mejor de Madrid, y que he probado muchas veces; la interesante del Living in London que estaba en Alonso Martínez, pero no recuerdo especialmente ninguna de Inglaterra, la cuna de la tarta de zanahoria, donde seguramente no la encontré a mi gusto por el exceso de oferta y de turistas.

Salón de lecturas del Hotel Inglaterra, Valladolid
Las recuerdo esponjosas, o duras como bizcocho denso, en capas o simple, con trozos o sin ellos, con coberturas empalagosas con sabor a queso o mantequilla, dulzonas o insípidas, y muy pocas equilibradas en las partes críticas: esponjosidad, densidad, dulzor y cobertura. Las más acertadas lo conseguían en las tres primeras, pero naufragaban en la cobertura, que llegaban a intercalar en capas y se cargaban un buen bizcocho.

Sin embargo la rememorada tarta de Singapur conseguía la cuadratura del círculo: firme, esponjosa, con tropezones muy palatables, baja de dulzor y con una cobertura de crema densa que no mataba el bizcocho, sino que lo revivía, convirtiendo en un sacrilegio la separación de ambos, algo tan recurrido para salvar el tiempo de café que a veces ayuda a distinguir la personalidad del observado.

Terminal Jewel Changi en Singapur,
perfumada con té de orquídeas
Tal vez los ingleses no sepan mucho de cocina sofisticada, y los franceses sólo hablen de sí mismos en la literatura, al menos a ojos de este español más bien cultivado y algo convencional, pero el legado al arte culinario y a la literatura universales de su carrot cake y de Marcel Proust que conocí en aquella concurrida e impersonal cafetería en 2001 merecen ser exportados a la galaxia entera, y que en cada espacio puerto, con tu pedazo de tarta de zanahoria te adjunten un ejemplar de Por el camino de Swann, para que todos los extraterrestres sepan lo bien que se hacen algunas cosas en el planeta Tierra.

No tengo aún la receta de esa maravillosa tarta malaya, pero estoy en ello; mi pequeño equipo de investigación ha descubierto después de 20 años que aquél lugar sigue existiendo y es muy exitoso, y pronto tendréis noticias.


Enlaces

















jueves, 23 de enero de 2020

Hay vida en martes, pero puedes palmar de aburrimiento

Ilustración de portada del libro
Supernovas, una historia feminista
de la Ciencia Ficción Audiovisual
Supernovas, mujeres y Ciencia Ficción

Otra tertulia intrascendente en la Fundación Telefónica
21/01/2020 Madrid

Existe una expresión finlandesa muy esclarecedora para cuando escuchas a una persona que no dice nada a pesar de estar hablando todo el tiempo. Soy un gran fan de esa expresión y comparto la demanda de que si le dedicas tiempo a escuchar a alguien, que no te lo haga perder. En inglés es más expresivo, pero menos preciso, así que no ofenderé innecesariamente.

Si además de eso has de reservar entrada, pagar transporte, desplazarte dentro del atestado Madrid, renunciar a otras formas de ocio y prestar atención, al menos esperas que puedas sacar algún fruto de lo que escuchas, máxime si lo que van a presentar dos de cuatro sea un libro del que no puedes imaginar nada más allá del título si no te lo explican.

Desde la infancia que recuerdo me veo leyendo enormes pilas de tebeos (TBO, DDT, Din Dan, Mortadelo y Filemón, Tin Tin, … ), en la adolescencia cómics (Spiderman, Supermán, Dossier Negro, Zona 84, Creepy, …) y literatura romántica, fantástica y de terror (Bécquer, Goethe, Poe, Lovecraft, …) . En la adultez me di cuenta de que a eso lo llaman ahora novela gráfica y goticismo, y resulta que pertenezco al fandom de ambos, o mundo de los apasionados. No he construido mi vida alrededor de ello pero sí que he podido tener una idea muy aproximada de ese mundo y profundizar en mis aficiones, también opinando y divulgándolo.

Es por ello que soy un oyente y observador peligroso, porque no tengo mucha idea y sí un acendrado sentido crítico, que me hace repeler a los que ganan dinero criticando o escribiendo sobre ese mundo sin haberlo creado y se tienen por expertos. Si además desean pontificar sin explicar sus intenciones, la cosa se pone fea.

Cartel de la conferencia
Cuando en la entrada de una ponencia ves una mesa para vender un libro y el título de la ponencia es casi el mismo, uno se imagina que van a hablar de ese libro. Llamar a la ponencia con el título del libro y luego no hablar de él queda como muy feo, o más bien, desdeñoso … Y eso pasó hoy en Fundación Telefónica.

Pero cuando la presentadora te dice que se va a hablar de feminismo, creadoras gráficas y la mujer en el cómic y no se habla de nada de esto, te sientes encima burlado.


Cuando Jordi, Sergio, Carmen y Elisa divagaron y se encantaron de conocerse

Los auditorios merecen un respeto por su tiempo y los sujetos citados más arriba no lo tuvieron con quienes fuimos a escucharlos.

Puede haber malos ponentes, buenos y regulares, pero los peores son aquellos que no dicen nada.

Por ejemplo, Elisa McCausland, una de las autoras del libro, dio por supuesto que la conocíamos antes de ahora, y casi que habíamos leído su libro. Su fárrago discursivo versaba sobre palabrería hueca. Artefacto, complejidad, inclusivo, trending topic, arquetípico …, fueron sus palabras más recurridas, hasta media docena de veces cada una, como chorros de tinta de calamar para eludir entrar en materia, esto es: su libro y el feminismo, o de cómo su libro transita por esa idea.

Diego Salgado, su coautor, parecía absorto en su mundo y ni siquiera se afanó en darnos un trazo general de por dónde iban los tiros, él a lo suyo, chapoteando sobre divagaciones que tiene tan asumidas que ni se molesta en esbozarlas.

Los cuatro contertulios y la moderadora,
muy entregada al vacío cósmico
Carmen Méndez pasaba por allí y se quedó, en una tertulia en la que todos los ponentes parecían saber de lo que hablaban menos el auditorio.

Jordi Costa era el único conocido, al menos, por el que esto escribe, y se rindió –o mejor, ya venía rendido de casa- a la idea feminista, aunque no se desarrollara en absoluto, limitándose a asentir y a acompañar a Elisa con una sarta de pulp, fandom, distópico y utopía que dejó bien a las claras que no le apetecía tampoco entrar en materia, de lo mucho que se la sabía.

No deja de ser curioso que los que sabemos un “poco” de cómics no nos enteráramos de nada y escucháramos nombres tan bastante mal pronunciados que no éramos capaces ni de localizarlos en la Wikipedia.

Y todo sea dicho, la moderadora Laura Barrachina, naufragó en la conducción de la furgoneta distópica en la que se convirtió la ponencia.

Al final, por la pregunta de una de las personas presentes, nos enteramos de las preferencias de los contertulios:

Supernovas, una historia feminista
de la Ciencia Ficción Audiovisual
A Elisa le encanta Wonder Woman, su especialidad, a Diego las replicantes de Blade Runner, a Carmen las chicas moteras de William Gibson (suponemos que se refiere al padre del cyberpunk) y a Jordi, Dale Arden, novia de Flash Gordon y una tal Beck, o algo así, porque el acento de los ponentes nos tuvo tan torturados durante el acto que apenas sobreentendimos algunos nombres. Ni se acompañaron de un puñetero gráfico ni de una triste imagen, y eso que el rollo iba de cómics.

Para terminar, una petición: quienes acuden a una presentación de unas ideas pueden no conocer a los autores ni su trabajo, y tienen derecho, por deferencia, a que se haga una breve introducción de lo que va el tema. Eso favorece el intercambio de información.

Si a lo que que se va es a lucirse o hacer guiños a dos o tres del público, mejor que se queden en casa, o mejor aún, que avisen y nos quedamos el resto. Porque, como dicen los finlandeses puhun paska, o más cercano aún en la geografía: no es más que bullshit.