domingo, 28 de diciembre de 2025

El origen de los mercadillos de Navidad

2018 Wiener Christkindlmarkt, foto de Dan Sadler
El origen de los mercadillos de Navidad

Se considera que el primer mercado navideño es el Dezembermarkt de Viena, que data de 1296, aunque es Alemania el país donde los mercados navideños tienen más tradición, dinamismo y fama en la actualidad.

Los mercadillos estacionales de invierno comienzan a celebrarse en la época medieval en numerosas ciudades del Sacro Imperio Romano Germánico, que ocupaba una gran extensión de Europa central.

Uno de los mercados más longevos, propiamente de Navidad, es el de Dresde (Striezelmarkt), que se celebró por primera vez en la Nochebuena de 1432. La primera evidencia del mercado navideño de Núremberg data de 1628, aunque algunos estudiosos afirman que se remonta hasta 1530.


Núremberg, mercado navideño el Día de
Santo Tomás (21 de diciembre).
Talla en madera de Pius Ferdinand Messerschmitt
Los primeros mercadillos no se celebraban con motivo de la Navidad, sino que se realizaban de manera habitual en las fiestas religiosas durante todo el año y los mercados de invierno solían ser los más grandes, con artesanos que vendían sus productos de madera, metal y cuero, dulces, productos de panadería y carne.

Poco a poco, comenzaron a ser una oferta comercial esperada durante todo el año por su variedad, novedad y distintas procedencias de los productos, y cada vez más comerciantes ponían sus tiendas durante esas fechas de invierno, hasta convertirlos en mercadillos navideños, habitualmente en las llamadas plazas del mercado, y se fueron asimilando a las tradiciones cristianas.



Friedrich Wilhelm III y la reina Luisa en el mercado navideño de Berlín, tallado en madera por Richard Knötel
La entrada en la edad moderna

Durante la Revolución Industrial del siglo XVIII, con la producción en masa de productos y la ampliación de los mercados mundiales, tuvieron un gran crecimiento.

A finales del siglo XIX, los mercadillos tuvieron su época más gris, pues los pujantes centros comerciales en las grandes ciudades de Europa central ejercieron su influencia para llevarlos a las afueras de las ciudades para evitar su competencia en la venta de productos.





Niños de las Juventudes Hitlerianas vendiendo
juguetes hechos por ellos mismos en un
mercadillo navideño en diciembre de 1943,
Berlín. Fotoarchiv für Zeitgeschichte
El impulso de los mercadillos de Navidad por la acción política

Con el advenimiento del III Reich en 1933, se decidió volver a darles importancia a los mercadillos navideños devolviéndolos al centro de las ciudades. El partido político único transformó la forma en la que se vivía la Navidad en Alemania, convirtiéndola en una fiesta nacionalista que ensalzaba la herencia alemana.

El crecimiento de la economía impulsó y rejuveneció también los mercadillos navideños en esa época. Además, el nuevo gobierno alemán estandarizó la decoración de los puestos y los artículos que se podían vender. Y así, en 1934 el mercadillo navideño de Berlín alcanzó los 1,5 millones de visitantes. Dos años después logró los 2 millones, generando una prosperidad económica que terminó con la Segunda Guerra Mundial.

El gobierno nacionalsocialista pretendió transferir su ideología a las costumbres navideñas alemanas. El objetivo era establecer la Navidad del Pueblo Alemán y así promover una actitud positiva hacia las organizaciones de masas nazis, y también reducir la influencia de la fe cristiana en la comunidad nacional alemana.

Mercadillo de Navidad en Berlín, 1936-38
Inmediatamente después de la toma del poder, se llevaron a cabo anualmente más de 30.000 celebraciones por las organizaciones gubernamentales, incluyendo la entrega de regalos y comidas para ciudadanos necesitados en espacios públicos. A partir de 1934 estos eventos se trasladaron a grandes salones. 

A pesar de todos los esfuerzos, no fue posible desplazar la tradicional celebración cristiana de la Navidad en gran parte de la población alemana.




Mercadillo de Navidad en Erfurt
La renovación de los mercadillos de Navidad

Durante los años ochenta y noventa, con la recuperación económica alemana de la posguerra y una percepción más favorable de Alemania en el Mundo, los tradicionales mercados navideños, ya despojados de intencionalidad política, eran tan apreciados que se exportaron a muchos países de fuera de Europa: Estados Unidos, Japón, India, Australia… Además, los adoptaron al estilo alemán, con salchichas, vino caliente, luces parpadeantes y villancicos. Tras su éxito, poco a poco se fueron adaptando a la tradición y a las costumbres de cada país.



Mercadillo de Navidad en South Brisbane, Australia
En otros países de Europa, esos mercadillos tradicionales preexistentes también incrementaron su impacto y afluencia de público viendo el éxito comercial en Alemania, y comenzaron a adaptar esta tradición a sus costumbres y rasgos particulares. De esta forma, a finales del siglo XX las grandes ciudades europeas instalaron mercadillos navideños al estilo alemán por todo el viejo continente, aunque muchas de ellas ya lo hacían cuando formaban parte del territorio del Sacro Imperio Romano Germánico.


Mercadillo de Navidad en Kauppatori, Helsinki, 2024



Mercado de Navidad en Madrid, 1836
El primer mercadillo navideño de Madrid

Pese a que la tradición alemana tuvo una gran influencia en otros países de manera más tardía, en Madrid el primer acercamiento a esta forma comercial data ya del siglo XVII, bajo el gobierno de los Habsburgo, cuando surgió en la Plaza de Santa Cruz un pequeño mercado navideño con hortalizas, frutas, adornos, flores y regalos.

En el siglo XIX, bajo el reinado de Isabel II de Borbón, surge la primera normativa para regular la venta, ubicación y precios de los mercadillos, instaurando la tradición del mercadillo navideño en la Plaza Mayor para la venta de pavos, turrones y dulces, mientras que la Plaza de Santa Cruz se dedicaba a la venta de figuras del belén, zambombas y juguetes.

Puesto de panderetas en la Plaza Mayor, 1945
En 1944, cuando el auge de los mercadillos navideños alemanes era conocido por el gobierno español a través de los soldados españoles que volvían de Alemania, ambos mercados se fusionaron en una misma ubicación: la Plaza Mayor.

En 1950, los toldos característicos fueron sustituidos por casetas, generando un salto cualitativo en su imagen que ha permanecido hasta la actualidad, y también muy necesitada de una renovación de aspecto y de concepto, pues no se venden alimentos ni bebidas y está dedicado a figuritas para belenes, una afición con cada vez menos usuarios, y artículos de broma y disfraces.



Puesto navideño, Plaza Mayor, 1953

El exterior de algunas de las arcadas de la Plaza Mayor se llena de un maremágnum de ramas de pinos, abetos trasplantados, acebos y muérdagos que le confieren un aspecto manifiestamente cutre, acrecentado por el odioso pavimento de adoquines que, además de feo a rabiar, es incómodo hasta para transitar en zapatillas de deporte, y que acumula mierda a paladas, especialmente en las fiestas navideñas.




Una situación paradójica

A pesar de tener un mercadillo navideño en Madrid de bastante tradición, su aspecto decadente y casposo producía el rechazo de las personas de gusto más refinado, o mejor dicho, no tan populachero, por ser carente de cualquier estilo y calidez navideños. Palabra de honor, para los que no lo conocen ... Y generó en cierto público una búsqueda de mercadillos a la usanza alemana que prácticamente no existían en Madrid.

Puestos navideños en la Plaza Mayor, 1963
Por eso el mercadillo de la Iglesia Alemana Evangélica del Paseo de la Castellana empezó a ser el más frecuentado por aquellos madrileños a los que les gustan los mercadillos de Navidad más auténticos, es decir, los de tradición alemana, popularizado por los alumnos y familiares y amigos del Colegio Alemán de Madrid, al menos desde hace 25 años.

Un mercadillo pequeño de parroquia, con vino caliente, dulces alemanes, salchichas y un rastro para ayudar a los más necesitados es todo lo que le hizo falta para convertirse en el mejor mercadillo navideño de Madrid durante prácticamente dos décadas.


Los otros mercadillos de Madrid
Patio de la Friedenkirche, foto: Beatriz García Alcalde

Las largas colas para entrar a ese mercadillo, de los que buscaban la esencia navideña que habían conocido en otras ciudades europeas y españolas, hizo despertar del letargo a las autoridades municipales, con mucha lentitud, hay que decirlo, para que, junto con la iniciativa privada, se montasen pequeños mercadillos navideños en pequeñas plazas a través de las juntas de distrito.

Era una idea que ponía casetas estandarizadas pintadas de blanco no muy atractivas donde se vendían regalos y bisutería, pero donde no había comida, ni bebidas, apenas una caseta de dulces árabes o frutos secos, … en fin una idea artificiosa, políticamente correcta y ramplonamente navideña, simplemente para cumplir, con las faltas de estilo y buen gusto características de los regidores madrileños y sin ningún nexo con las tradiciones madrileñas, ni siquiera cristianas.

Otros mercadillos como el de la Iglesia Católica Alemana de Santa María, el de la Iglesia Anglicana de San Jorge y el de la Asociación las Damas Suizas son pequeñas islas generadoras de ideas, y son cada vez más populares porque son auténticos y surgen de la iniciativa de parroquias y asociaciones, y no de la política ni de la ingeniaría social laicas. Porque, no lo olvidemos, la Navidad es una fiesta religiosa cristiana.

Mercadillo de Navidad de El Corte Inglés, Madrid
Diremos, en descargo de la ciudad de Madrid, que los mercadillos de El Corte Inglés de Castellana, el de la Plaza de Colón y el de La Navideña en la Plaza de España contienen elementos que los convierten en algo parecido a mercadillos navideños, con comida -el del Corte Inglés lamentablemente huele a fritanga y es excesivamente comercial- pistas de hielo, vino caliente y regalos, aunque nada que recuerde a la Navidad, excepto el belén del de El Corte Inglés.

Diremos, además, que el complejo de inferioridad laicizante, globalizador, desarraigado y seguidista del partido que gobierna el Ayuntamiento de Madrid -el Partido Popular- de nombre más del tipo de la República Popular de la China comunista que del conservadurismo español que la gente cree que es, nos ha puesto mercadillos castrados de cualquier esencia cristiana, para no molestar a sus amos – que son los mismos que los del PSOE-, que con la lejía de una ingeniería social preconfigurada quiere imponer la nueva religión a la aún católica España.

Para muestra, veamos la iluminación “navideña” de la mayor parte de los barrios de Madrid, que se está inventando hasta los supuestos motivos “navideños” para evitar la cristiandad que ha configurado a España y a Europa y de la que ahora huyen acobardados y acomplejados todos los regidores municipales que ha tenido Madrid desde Álvarez del Manzano (1991-2003). Durante el mandato de su sucesor, Alberto Ruiz-Gallardón, los tradicionales adornos de luces con bolas, árboles de Navidad o belenes desaparecieron y fueron sustituidos por palabras como "serpiente", "resaca", "canalla", "estupro", "nido", "lujuria" o "saña" en el Paseo de Recoletos.


Notas sobre los mercadillos de Navidad

Mercadillo de Augustplatz, Leipzig
Alemania, Leipzig

Según la Asociación Alemana de Feriantes, en 2017 se celebraron en Alemania más de 2.500 mercados navideños, de los cuales 1.500 eran mercados grandes.

El Mercado Navideño de Leipzig, ubicado en la plaza del mercado, Augustusplatz, y sus calles aledañas, es uno de los mercados navideños más grandes de Alemania, con aproximadamente 250 puestos. Según una fuente de 1714, su historia se remonta a 1458, lo que lo convierte en uno de los mercados navideños más antiguos del mundo germanoparlante. Entre sus atracciones especiales se incluyen un calendario de Adviento de 857 m² y un carrusel histórico de dos pisos.


Austria, Viena

En 1296, el duque Alberto I concedió el privilegio de celebrar un mercado en diciembre. El Mercado de Santa Catalina, que duraba 14 días antes y 14 días después del 25 de noviembre, se celebró a partir de 1382.

El Mercado Navideño de Viena moderno data de 1764. A lo largo de los siglos, cambió de ubicación con frecuencia, ya que inicialmente competía con las ferias anuales tradicionales. Se trasladó de Freyung a la plaza Am Hof, y también se ubicaba en Neubaugürtel y frente al Messepalast (Palacio de Exposiciones ). Finalmente, en 1975, tuvo que trasladarse al Rathauspark (Parque del Ayuntamiento) debido a la construcción de un aparcamiento subterráneo. 


Mercadillo navideño de la Plaza Mayor de Madrid

El mercado de Navidad de Madrid

Este mercado ocupa la parte central de la centenaria Plaza Mayor donde se pueden comprar figuritas para belenes, instrumentos musicales navideños, juguetes y artículos de broma. Estas Navidades el mercado podrá visitarse del 27 de noviembre al 31 de diciembre de 2025, que a su vez incluye la exposición de un Belén Artesanal, pero ningún tipo de comida o bebida, no sabemos si para no molestar a los hosteleros; esto le resta cualquier tipo de interés navideño, y además se ha convertido en un basurero de papeluchos con la juventud más hortera y simplona que se pone gorros ridículos, y que también forma parte de la celebración más popular de la Navidad en Madrid.


Historia del mercadillo navideño de la Plaza Mayor de Madrid

La historia de la futura Plaza Mayor de Madrid y de su mercadillo navideño comenzó a mediados del siglo XIV, cuando el Rey de Castilla Enrique IV autorizó el primer mercado franco en Madrid. Para tal fin, se escogieron dos lugares, uno intramuros, en la plaza de San Salvador (la actual Plaza de la Villa), y otro extramuros, en la plaza del Arrabal, situada en una explanada de carros en la que confluían mercaderes y mercancías procedentes de los caminos de Toledo y Atocha.

Nochebuena de 1861 en la Plaza Mayor de Madrid
El siguiente hito de esta historia se produjo en 1580, cuando Felipe II encargó al arquitecto Juan de Herrera un plan urbanístico muy ambicioso para ennoblecer el aspecto de la Villa, convertida por el mismo rey en sede de la Corte en 1561.

En ese tiempo la plaza del Arrabal ya había desplazado a San Salvador como principal plaza de mercado de Madrid, pero su verdadera importancia aconteció en 1619, cuando concluyeron las obras de remodelación de la Plaza Mayor, el nuevo nombre de la plaza del Arrabal, en pleno reinado de Felipe III y bajo la dirección de Juan Gómez de Mora.

Gracias a estas obras, enmarcadas en el citado plan urbanístico de Felipe II, Madrid se acababa de dotar de un lugar amplio y delimitado permanentemente para instalar el mercado semanal y para celebrar todo tipo de acontecimientos sociales, como batallas carnavalescas, corridas de toros, autos de fe de la Inquisición e incluso ejecuciones públicas en el patíbulo que se instalaba al efecto.

Mercado navideño de la Plaza Santa Cruz, 1869
Fue también en siglo XVII cuando comenzó a funcionar en la vecina Plaza de Santa Cruz, frente a la actual sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, un mercadillo de Navidad en el que se vendían alimentos (carnes, verduras o frutas), animales vivos (pavos y pollos), flores, adornos y regalos.

Con el tiempo, el mercadillo de Navidad fue extendiéndose a las Cavas, Puerta Cerrada, Calle de Toledo, Calle del Arenal y a la propia Plaza Mayor, tal como recogió en 1765 el dramaturgo Ramón de la Cruz, uno de los padres del casticismo madrileño, en su sainete "La Plaza Mayor por Navidad".

Fue tal el éxito del mercadillo, que las autoridades decidieron poner orden al totum revolutum y también sacar beneficio económico. En el siglo XIX el Ayuntamiento dictó una normativa reguladora que obligaba a todos los comerciantes navideños a solicitar su licencia de venta, previo abono de una tasa de cinco pesetas por “cada metro cuadrado o fracción en la Plaza Mayor, calle de Ciudad Rodrigo, Zaragoza y Plaza de Santa Cruz”.

Mercadillo de Navidad, Plaza Mayor de Madrid, 1901
En 1860 el Ayuntamiento trasladó definitivamente el mercadillo navideño a la Plaza Mayor. Desde entonces, y sobre todo desde principios del siglo XX, los mercaderes de la plaza empezaron a incorporar nuevos productos a sus puestos de venta, desde turrones y mazapanes a zambombas y artículos de broma y, por supuesto, figuras para belenes y árboles de Navidad.

Tras el paréntesis por la Guerra Civil, el Ayuntamiento de Madrid prohibió en 1944 que se siguieran vendiendo productos alimenticios en la Plaza Mayor y ordenó que las casetas se limitasen a los artículos de broma y a los adornos navideños.

En 1960 se interrumpió el mercadillo navideño de la Plaza Mayor por las obras del aparcamiento, trasladándose momentáneamente a la Plaza de Santa Ana. 

En la actualidad el mercadillo reúne un centenar de casetas de madera que desde los años ochenta sustituyeron a las tradicionales de toldo, gestionadas por una cincuentena de familias y dentro de la organización de la Asociación del Mercado Navideño de la Plaza Mayor.



Enlaces

The Changing Face of German Christmas Markets

Weihnachtsmarkt

Nationalsozialistischer Weihnachtskult

Weihnachten unterm Hakenkreuz

Weihnachtsmärkte in Deutschland: Helle Lichter, dunkle Geschichte

Mercadillos de Madrid

Historia del mercadillo de Navidad en la Plaza Mayor de Madrid

Mercado de Navidad de la Plaza Mayor

Gallardón ilumina la Navidad madrileña con palabras como escoria, saña o resaca



Artículos de Navidad en El Zenobita


Navidad en Madrid, y eso que estamos en noviembre



Mercadillos Navideños en Madrid 2021-2022

https://zenobita.blogspot.com/2022/01/mercadillos-navidenos-en-madrid-2021.html

 

Los cutres mercadillos de Navidad de Madrid

https://zenobita.blogspot.com/2024/12/los-cutres-mercadillos-de-navidad-de.html


Navidad en Madrid: NAVISURA

https://zenobita.blogspot.com/2019/12/navidad-en-madrid-navisura.html

 

Navidad en Valladolid

https://zenobita.blogspot.com/2019/12/navidad-en-valladolid.html

 

Aculturación: El mercadillo 'navideño' de Las Rozas.

https://zenobita.blogspot.com/2019/12/navidad-en-las-rozas.html

 

El yihadismo y el Nuevo Orden Mundial en Nochevieja

https://zenobita.blogspot.com/2018/01/el-yihadismo-y-el-nuevo-orden-mundial.html

 

El declive de la Navidad en Madrid

https://zenobita.blogspot.com/2017/12/el-declive-de-la-navidad-en-madrid.html


Un vin chaud en Montmartre

https://zenobita.blogspot.com/2016/12/un-vin-chaud-en-montmartre.html


Cabalgata de 2015 en la sufrida Villa de Madrid

https://zenobita.blogspot.com/2015/01/cabalgata-de-reyes-2015-en-la-sufrida.html

 

Cortylandia, la Navidad de El Corte Inglés

https://zenobita.blogspot.com/2014/01/cortylandia-la-navidad-de-el-corte.html

 

La Navidad en Madrid, Mercadillo de Navidad en Majadahonda

https://zenobita.blogspot.com/2013/12/la-navidad-en-madrid.html


Cabalgata 2013 y Roscón de Reyes

https://zenobita.blogspot.com/2013/01/cabalgata-2013-y-roscon-de-reyes.html


Decoración navideña laica en Madrid

https://zenobita.blogspot.com/2012/12/decoracion-navidena-laica-en-madrid.html

 

Cabalgata de Reyes en Valladolid 2012

https://zenobita.blogspot.com/2012/01/cabalgata-de-reyes-en-c-miguel-iscar.html



















martes, 16 de diciembre de 2025

Expresionismo alemán en el cine, en la Fundación Canal

Nervios, de Robert Reinert
Esta fantástica exposición titulada «Expresionismo, un arte de cine» es de lo más nutritivo que se puede visitar estos días de Navidades en Madrid, hasta el 4 de enero de 2026.

Se encuentra en los sótanos de la Fundación Canal, Mateo Inurria, 2.

Producida por la Fundación Canal, y con la colaboración del Friedrich Wilhelm Murnau Stiftung (Wiesbaden) y el Institut für Kulturaustausch (Tubinga).


El trauma de la guerra como impulsor del arte

Los gobernantes llevan a los estados por la senda de sus intereses, y puede surgir la crisis por su ineficacia o ambiciones desmedidas. Las crisis de los estados llevan aparejadas crisis en sus ciudadanos, sobre todo si lo que se produce es un fracaso en la identidad nacional.

El fin de la Primera Guerra Mundial (1918) llevó a la población de Alemania a una crisis profunda: inestabilidad política con el fin del Imperio Alemán y el advenimiento de la República de Weimar; enormes pérdidas territoriales del 13% en  Europa y la totalidad de sus colonias en África, Asia y Oceanía, y pérdida de vidas humanas (10% de población); imposición de severas reparaciones económicas a favor de los aliados, que causaron hiperinflación y desempleo masivo; y, sobre todo, un profundo trauma social alimentado por la humillación de las condiciones de la derrota, la culpa de las consecuencias la guerra y la creencia en la llamada "Puñalada por la espalda", creando un terreno fértil para extremismos de izquierda y el ascenso del nazismo. 

Dolchstoßlegende
cartel electoral del DNVP, 1924 
La frase "la puñalada por la espalda" (Dolchstoßlegende) era una creencia de los alemanes con la que se culpaba a los políticos socialdemócratas y judíos de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, exculpando al ejército alemán en el campo de batalla. Muchos historiadores modernos la consideran una teoría de la conspiración.

La creencia de que el ejército alemán fue traicionado por el gobierno socialdemócrata que se formó en noviembre de 1918 para firmar el Armisticio, fue creado por las críticas en la prensa alemana, que supuestamente tergiversó el libro del general británico Frederick Maurice, The Last Four Months: «Ludendorff hizo uso de las críticas para convencer a Hindenburg.» 

En una audiencia ante el Comité de Investigación de la Asamblea Nacional el 18 de noviembre de 1919, un año después del final de la guerra, Hindenburg declaró: «Como un general inglés ha dicho realmente, el ejército alemán fue 'apuñalado por la espalda'.»


Postal austríaca de propaganda antijudía, 1919



La crisis identitaria, la humillación y la rabia

El Expresionismo alemán fue una respuesta artística a la devastación psicológica y social de la derrota en la Primera Guerra Mundial, reflejando la angustia, el pesimismo y la incertidumbre de la posguerra en la República de Weimar. 

Mediante la distorsión artística de la realidad se querían expresar emociones intensas, temas de alienación, miseria y crítica social, lo que se vio claramente en la pintura, la literatura y especialmente en el cine con sus escenarios angulosos y deformados, sus contrastes dramáticos y su temática oscura. 

Este pesimismo alemán es fundamental en la explicación del Expresionismo, reflejando los artistas la angustia existencial, la alienación y la desilusión ante una sociedad moderna e industrializada que intervino en la guerra y fracasó, canalizado ese pesimismo a través de la distorsión de la realidad para expresar sus emociones interiores. Esto encuentra su justificación en la filosofía de Schopenhauer y el concepto de la vida como sufrimiento.


Von Morgens bis Mitternachts (1920),
Karl Heinz Martin
Para Schopenhauer, el sufrimiento es la condición fundamental de la vida, originado por la Voluntad (una fuerza metafísica irracional) que nos impulsa a desear. El deseo constante, al ser una falta, genera dolor; su satisfacción es momentánea y da paso al tedio (aburrimiento) o a nuevos deseos, creando un péndulo eterno entre dolor y tedio. 

La felicidad es solo la ausencia temporal de dolor, mientras que la vida es una lucha constante, y la única forma de alivio real es la negación de esta voluntad a través del ascetismo, el arte y la compasión, culminando en la no reproducción para no perpetuar el ciclo. Schopenhauer dedicó 40 años de su vida a la obra Die Welt als Wille und Vorstellung (ediciones de 1819 y 1844).

Este pesimismo existencial se manifestó en la temática de la soledad y la miseria, dando forma a la visión fragmentada y turbulenta del mundo en obras pictóricas, literarias y cinematográficas. 


La guerra y la pintura
Strasse in Soest, de Christian Rohlfs

Sin duda uno de los detonantes de la constitución del Expresionismo alemán, fue el comienzo de la Primera Guerra Mundial, donde ya varios artistas, en el afán de intentar plasmar de la mejor manera este trágico evento, se involucraron personalmente en el frente de trincheras. Esta misión voluntaria tenía como fin buscar una nueva y mejor sociedad, debido a que la guerra destruiría la sociedad anterior.

Así fue como pintores como Otto Dix, Max Ernst y Oskar Schlemmer participaron en la guerra como soldados, y luego plasmaron los horrores vividos en primera persona.

El pavoroso acontecimiento impulsó el movimiento expresionista, apalancado por la visión pesimista del mundo, que quería reflejar las cosas más allá de la apariencia externa, enfocándose en la tensión entre lo interior (expresión) y lo que esto despertaba en el espectador (representación).


“La forma en que uno ve depende también de un estado emocional de la mente. Esta es la razón por la que el motivo puede ser visto de muchas maneras, y esto es lo que hace que el arte sea tan interesante”. (Münch, E, 1863)


El cine y la cultura de masas
Nosfertatu, de F. W. Murnau

Uno de los elementos de representación o artes que se abrieron paso a esta nueva forma de comprender el mundo fue el cine. Esta evolución del cine durante la República de Weimar (1918-1933) tomó impulso deformando la realidad hasta el extremo de la locura.

Los directores buscaban plasmar el estado de ánimo de los personajes mediante el trabajo con la luz, los decorados y desde las distintas tomas de picado y contrapicado.

Nosferatu
Así es como en el cine las sombras cobran vida, el miedo de la representación visibiliza los problemas de la gente, su realidad y la miseria de lo cotidiano. Esta realidad plasmada en la pantalla grande, permite también definir al cine como el nuevo arte de masas del siglo XX al reunir en una sala centenares de espectadores de una sola vez.

El Expresionismo en el cine dio paso no solo a mostrar la depresiva Alemania de posguerra, sino que, como reacción, también ayudó a fortalecer la identidad supremacista de muchos alemanes, como lo fue en la obra de Fritz Lang El vampiro de Dusseldorf, donde se interioriza la locura que asesina a los débiles y justifica sus delitos con el argumento de mantener a los fuertes. De esta manera, según algunos críticos, la figura del vampiro representa la supuesta identidad maligna nacionalsocialista de muchos alemanes.




TEXTO DE LOS PANELES DE LA EXPOSICIÓN



SUEÑO Y TRAUMA

El arte y el cine expresionistas fueron espejos de los miedos y los deseos reprimidos de una sociedad devastada por la Primera Guerra Mundial. El trauma de la posguerra generó un individuo marcado por la neurosis y la locura, que se transformó en el centro de una producción estética destinada a hacer visible el malestar invisible.

Con trazos deformados, rostros crispados y atmósferas opresivas, el movimiento plasmó la angustia colectiva y la fractura interior.

En sintonía con las teorías del psicoanálisis, el Expresionismo sostuvo que la vida psíquica excede lo racional. El inconsciente, los sueños y las pulsiones reprimidas emergieron en narrativas que parecían ilustrar las teorías de Sigmund Freud.

Así, el arte se orientó hacia la exploración del inconsciente, mientras que el cine proyectó traumas y fantasmas colectivos a través de imágenes de pesadilla. 

Películas como «Misterios de un alma» (G. W. Pabst, 1926) ejemplifican esta conexión, al mostrar la neurosis de un profesor atrapado en fobias y deseos homicidas tras un hecho traumático.

Máscaras, de Josef Scharl
Otro hito fundamental es «El gabinete del Dr. Caligari» (Robert Wiene, 1920), donde Cesare, el sonámbulo, encarna la pérdida de voluntad y la manipulación psíquica, mientras Francis, el protagonista, revela la confusión entre delirio y realidad, sueño y vigilia.

La mujer ocupa un papel central en este universo. En una Alemania que experimentaba transformaciones sociales -con el acceso femenino al voto, a la educación y a la esfera pública- el Expresionismo contó con creadoras notables como las pintoras Käthe Kollwitz y Paula Modersohn-Becker o la guionista Thea von Harbou. Sin embargo, en la representación artística y cinematográfica, la mujer siguió apareciendo como figura ambivalente: frágil y víctima, pero también objeto de deseo o amenaza. Su iconografía osciló entre la "mujer frágil"-inocente y dominada-, la "mujer fatal" -independiente y seductora- y la "madre doliente", símbolo de sacrificio y duelo.

Käthe Kollwitz, Max Kaus y Frans Masereel plasmaron mujeres atravesadas por el dolor, muchas veces despojadas de belleza idealizada, incluso con rasgos andróginos. En el cine, la ambivalencia se intensifica: Jane en «El gabinete del Dr. Caligari» es víctima pasiva de la manipulación, Ellen en «Nosferatu» se sacrifica para salvar a su ciudad de la destrucción que ha traído consigo el Conde Orlok y María en «Metrópolis» encarna tanto la figura angelical como su doble mecánico erótico. Todas ellas catalizan los miedos y obsesiones masculinas, convirtiéndose en claves simbólicas para comprender la dimensión psíquica y traumática del Expresionismo alemán.


FORMA / DEFORMACIÓN

La distorsión de las formas exteriores como expresión de crisis interiores -ya sean psicológicas, sociales o existenciales- constituye una de las características fundamentales del Expresionismo. Calles, paisajes, rostros y figuras … nada escapa a la deformación expresiva de los artistas alemanes del período de entreguerras, como puede observarse tanto en las artes plásticas como en el cine de la época.

La ciudad aparece representada como un ente devorador que absorbe a sus habitantes en un entorno mecánico y opresivo. Esta visión se aprecia en películas como «El Golem» (Paul Wegener, 1920), cuyos escenarios, diseñados por Hans Poelzig, recrean el gueto judío de Praga con casas torcidas y muros inclinados que evocan un mundo siniestro.

Algo similar ocurre en obras pictóricas como «La vieja fábrica» (1920) de Walter Dexel y «Viaducto» (1924) de Erich Drechsler, o en estampas como «Calle en Soest» (1911) de Christian Rohlfs, donde la ciudad adquiere formas angulosas y caóticas.

La deformación también se aplica a la figura humana, despojada de la armonía clásica para proyectar el malestar interior, en sintonía con las teorías psicoanalíticas de la época. En «Nosferatu: una sinfonía del horror» (F. W. Murnau, 1921), el Conde Orlok, con su cuerpo demacrado y sus rasgos monstruosos, encarna pulsiones destructivas y miedos reprimidos. En el «Gabinete del Dr. Caligari» (Robert Wiene, 1920), la escenografía distorsionada refleja la locura, mientras que en «Dr. Mabuse: el gran jugador» (Fritz Lang, 1922) la deformación visual subraya la manipulación psicológica ejercida sobre los personajes hipnotizados, como metáfora de la vulnerabilidad social.

Im Aufzug, de Carry Hauser
Otro rasgo esencial del Expresionismo es la influencia del desarrollo tecnológico y la industrialización que transformaban Europa en esas décadas. La figura humana deja de concebirse como una unidad armónica y pasa a entenderse como un simple engranaje. Esta abstracción -hombre convertido en máquina- funciona como analogía de la instrumentalización del ser humano dentro de una sociedad sometida a fuerzas impersonales, como la disciplina militar o el trabajo fabril.

En «Metrópolis» (Fritz Lang, 1927), los obreros, con movimientos repetitivos, aparecen como extensiones de la maquinaria, mientras que el robot María, híbrido de lo humano y lo mecánico, encarna el temor a la deshumanización propia del Expresionismo alemán.

Esa misma idea se encuentra en la escultura «Formas orgánicas, hombre caminando» (1921) de Rudolf Belling, que propone un nuevo tipo de ser humano artificial y robótico, evocando, como si del monstruo de Frankenstein se tratara, el horror ante la modernidad.


Nosferatu
EL MONSTRUO

En el arte y el cine expresionistas, el monstruo surge como metáfora de la fragilidad humana y de los traumas colectivos provocados por la guerra, la derrota y la inestabilidad política de la posguerra. Su figura encarna la descomposición de un mundo moderno en crisis, reflejando tanto la muerte como la locura, la enfermedad, el desgarramiento interior y la dualidad moral.

El Expresionismo convierte lo demoníaco en un recurso estético y simbólico para explorar la tensión entre materialidad y deseo, entre lo real y lo soñado, mostrando cómo el mal seduce y escinde al individuo.

El cine expandió este imaginario con una galería monstruosa: el sonámbulo Cesare en «El gabinete del Dr. Caligari», el gólem en la película del mismo nombre, el robot María de «Metrópolis» y, sobre todo, «Nosferatu».

El Golem, de Paul Wegener
Esta última figura se erige como el monstruo expresionista por excelencia: no solo es un vampiro, sino también un símbolo del miedo colectivo, de la peste y de la irrupción de lo irracional en la vida cotidiana. Su cuerpo alargado, su sombra desmesurada y su rostro cadavérico condensan el terror a la descomposición física y espiritual.

Nosferatu es más que un depredador sobrenatural: representa la amenaza invisible que invade la comunidad, el mal que acecha desde lo externo pero que refleja los propios temores internos de la sociedad derrotada.

Junto a los monstruos físicos, el expresionismo también cultivó al monstruo psicológico: la ambición desmedida, la corrupción moral o la demencia, visibles en películas como «Dr. Mabuse: El gran jugador» (1922). Sin embargo, es en Nosferatu donde se condensa con mayor potencia la esencia expresionista: el mal como sombra omnipresente y espejo de la vulnerabilidad humana.


Rudolf Klein-Rogge en Dr. Mabuse



Enlaces

Die Dolchstoßlegende

Expresionismo Alemán: Revolución de un movimiento en tres tiempos

Exposición del Expresionismo en el cine alemán, Fundación Canal
















lunes, 17 de noviembre de 2025

Navidad en Madrid, y eso que estamos en noviembre

El mercadillo de Navidad de El Corte Inglés en 2025
Madrid no es París, ni Londres, afortunadamente: ciudades masivas, multiculturales, inhumanas, sucias, caras y con zonas vetadas al común de los mortales si no estás en su lista o posees una cuenta corriente de 6 cifras ...

¡Oh, espera! Madrid es ya un hervidero de inmigrantes sin cualificar y de turistas baratos, masificada, con los transportes públicos saturados, con una oferta internacionalizada que ha sepultado los usos propios en la cocina y el ocio, cada día más sucia por la acumulación de basura, con peores servicios y espacios públicos y, sí, los precios cada vez más caros, lo que ha expulsado a decenas de miles de habitantes a la periferia y provincias limítrofes para seguir trabajando en Madrid. 

Los inmigrantes aún están contentos viviendo en pisos-pateras, pero ya verán, ya.


Entre la estulticia y la avaricia

La instalación de multinacionales, esas que tanto favorece el gobierno de la Comunidad de Madrid, ha incrementado la presencia de salarios altos en la ciudad y todos los establecimientos pujan por esos trabajadores, dejando inasequible la oferta de ocio a las clases medias (hoy clases bajas) o limitándoselo a unos pocos días al mes o a las actividades gratuitas del Ayuntamiento y el gobierno regional.

Hoy el ocio en el centro de Madrid ya no son los bares para tomarse un café, un vino o una cerveza con un aperitivo mientras cambiabas de bares, sacándole el jugo al sueldo. Hoy se va a cenar o a tomarse unas cervezas sin cambiar de sitio, de una manera cansina, aburrida y estática, por las modas, pero sobre todo por lo inabordable de salir a tomar algo en Madrid sin que te sajen la cartera.

Los hosteleros ya no son propietarios y tenderos, que se encargaban de atender al público. Hoy los camareros son mayoritariamente extranjeros de República Dominicana, otros países americanos y de Marruecos, la mayoría sin una formación mínima en hostelería, escasa en cortesía y muy alejados de la cultura previa hostelera de esta ciudad, que están cambiando gracias a los propietarios que los contratan, la mayoría españoles, todo hay que decirlo. Unos propietarios ávidos de enriquecerse rápidamente, a los que les importa una mierda el cliente, porque Madrid, no lo olvidemos, es una ciudad para ganar dinero -o fenecer en el intento- no para vivir.


El mercadillo de Navidad de El Corte Inglés
Una llamada de atención de un consumidor bastante harto

Oye, hostelero, ¿crees que un empleado temporal infra-cualificado podrá atender adecuadamente a tu clientela cuando un cliente tiene que explicarle lo que es un café con hielo, un cortado o un simple y jodido bocadillo de queso?

Visitando hoy el circo de El Corte Inglés de Castellana llamado pretenciosamente "mercado de Navidad", y que no es más que los departamentos de dicha cadena sacados a la calle con un montón de locales de restauración rápida, vi los precios:

Comida cutre a precio de cojón de mico: 17 euros por un bocadillo, 16 por una hamburguesa del cutre-pretencioso Dabid Muñoz y cifras por estilo; muy adecuadas para que, los que sólo se acercan una vez al año al centro de Madrid en Navidad, se fundan la paga extra, y para los que salimos a tomar algo casi cada día se nos pongan los dientes largos.

Para cojón, digo botón, una muestra:

Agotada la paciencia para tomar algo decente, asequible y reconfortante, pues empieza a hacer frío, nos marchamos del miercadillo navideño con el olor a fritanga en el pelo y los abrigos, nada de entrañables olores navideños a bollería, vino caliente o chocolate, ¡fritanga! que por estos lares debe recordarles a las ferias donde aún se escaldan las gallinejas con aceite rancio, eso sí, cambiando el suelo de tierra llena de papeluchos por unas alfombrillas rojas y villancicos de Bing Crosby, tan típicos de España.


Secrets, city food, a precios de Londres
La experiencia en el Secrets, city food

Bueno, a lo que vamos, buscando un sitio recalamos cerca de la Torre Picasso, en un cafetería moderna y elegante, aunque nada lujosa, no os vayáis a creer, donde vi unos croasanes y unas magdalenas grandes en la vitrina, no tenían más. Y pedí dos cafés, esperando una hostia por ellos, digamos con un diferencial de 1 € con el precio medio, que ya está bien por un puto café.

Pero hete aquí, que se me antoja la magdalena gigante y la pido, corrigiéndome el botarate del camarero diciéndome que se llama "muffin". Bueno, a estas alturas de la película globalista, es como en el chiste: toda la vida pensando que se dice "película" y es que se dice "flim".

Cuando pido la cuenta, me casca 11,90 € por dos cafés normaluchos y la magdalenita llamada Muffin, ya que ahora las bautizan.

El cuerpo del delito
Uno, que se sabe esto de la repostería y sus costes, no rechistó, a pesar de ser una puta estafa, que representa unas 2.000 pesetas de las de antes, tanto ha subido el "coste de la vida" y el ansia de estafa de los hosteleros madrileños.

La cuestión es que el precio no estaba puesto y el susto fue de aúpa, y quizá una pequeña venganza del inconsciente colectivo hostelero madrileño, roñoso en cuanto al servicio y avaro en cuanto al precio.

Hosteleros madrileños, empresarios todos, acordaos de esto: cuando los pocos pijos progres y empleados de multinacionales varias pasen a jubilarse, y no van a tener casi descendientes españoles (los demás se van), sólo quedarán los hijos de los camareros extranjeros que os sustentan para poder pagar vuestros abusivos precios, y creedme que no van a cobran tanto y os vais a comer un mojón. Y os lo tendréis merecido.

¡Ah! cuánto se va pareciendo ya Madrid a París y Londres.