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lunes, 15 de mayo de 2017

Sábado Madrid Río, castillos hinchables y el viento

Tienda rota por el viento momentos antes
Madrid Río
Los que de niños hemos hecho aviones de papel, jugado con paracaidistas o soplado dientes de león sabemos de la fuerza del viento. Esa fuerza que puede arrancar tejados, tirar muros o arrebatar de las manos un paraguas.

No hace falta ser muy listo, pues, para imaginar lo que puede hacer el viento con una gran estructura hinchada de aire y llena de niños encima, apenas sujeta a los agujeros de unos ladrillos por unas cuerdas cutres de atar chorizos.

Pero hace falta ser muy imbécil y muy temerario como para confiar en que el viento no va a mover ese globo gigante con unos enanitos montados encima. 

Eso ha pasado recientemente en Gerona, con resultado de muerte; ha pasado en Collado Villalba, con heridos leves, y pudo pasar en Madrid Río este sábado, por la falta de profesionalidad de los montadores y comerciantes, y la desidia de la Policía Municipal de Madrid.

Acabábamos de comer en un restaurante de Madrid Río frente al Palacio Real y el feo zócalo de la Catedral, cuando unas fuertes ráfagas de viento aconsejaron empezar a plegar algunas sombrillas.

Salimos hacia una zona infantil aneja, con hinchables y un rocódromo, habilitados para las Fiestas de San Isidro.

Futbolín hinchable sin anclaje
Allí, un futbolín hinchable gigante aparecía con un exiguo anclaje por una de sus esquinas con una cuerda raquítica atada a un pequeño bloque hueco de cemento de unos pocos kilos de peso.

A su lado, un pequeño castillo hinchable estaba repleto de niños y también anclado de manera criminal, al libre albedrío del inconsciente de turno, experto en meteorología y prevención de riesgos infantiles.

Enfrente, una torre cuadrangular de escalada de unos seis metros de altura se apoyaba sobre sus cuatro patas, sin atornillar al suelo y sin un solo anclaje, como si la fuerza de voluntad del pensamiento humano bastara para evitar los efectos de la intensidad del viento.

Y a la derecha del rocódromo, un circuito de pequeñas bicis aparecía también sin anclar.

Pero lo más grave de todo fue que dos policías municipales se rascaban el cogote debajo de su gorra “supervisando” las instalaciones, mientras volaba delante de sus narices una tienda de aluminio que se despatarró volcada por la intensidad de un viento que a lo más que se atrevía era a arrancar globos de las manos de los niños.

Circuito hinchable sin anclaje
De la falta de anclajes ná de ná, a pesar del accidente mortal de Gerona acaecido días antes, en una demostración de deficiencia municipal que hace recordar los casi 2000 € que se embolsan al mes dichos servidores municipales y los más de 100.000 de la avejentada alcaldesa.

Prevenir es un verbo de escasa conjugación cuando los ayuntamientos de políticos aficionados se aventuran en esto del montaje de ferias e instalaciones provisionales.

Las fotos están tomadas ese día y de dos de las instalaciones citadas.





Enlaces


La estructura, de 4x5 metros, solo se sujetaba por dos de los seis anclajes de los que disponía 



domingo, 21 de febrero de 2016

Ratas y urracas de Madrid

LA TECNOLOGÍA QUE NOS ABANDONA

Madrid es una ciudad en la que no debes perder de vista una pelota de pádel, o tu perro o un móvil, porque no volverás a verlos.

Hoy por hoy, dependemos de la tecnología de un teléfono para movernos, para comunicarnos, para anotar nuestros pensamientos y llevar nuestros datos. La tecnología nos ayuda, pero también nos ha convertido en sus rehenes.


Ladrones de Madrid

Un ladrón es un sujeto que quita algo a otros y si ese ladrón roba un móvil, la catástrofe más cruda acontece en nuestra vidas: nos quedamos sin contacto con nuestros seres queridos, con nuestros amigos -en algunos casos para siempre- , nos crea dificultades para llegar al trabajo, para comunicar nuestros retrasos, para decir dónde estamos -especialmente en la gran ciudad- , preocupa a quienes nos esperaban, nos hace quedar mal …

Y también arruina nuestros trabajos artísticos almacenados, nuestros recuerdos más íntimos, nuestros esquemas de trabajo, los artículos que publicar … sin contar los daños desde el punto de vista económico y sentimental.

Es así, que el pequeño acto de un hijoputa que roba se convierte en la catástrofe de más arriba. Muchos proyectos ya no verán la luz y muchas bonitas relaciones se perderán. Y la confianza en los que te rodean se resquebraja, sobre todo cuando has dado mucho trabajando gratis para personas con dificultades.

Las grandes ciudades son el cubil de los amigos de lo ajeno, o sea, de esos seres envidiosos de lo de los demás, vagos para trabajar y de escasos principios morales, lo que los convierte en indeseables, totalmente prescindibles, peligrosos para la gente y encerrables a pan y agua.

Un tipo de ladrón al que la gente común disculpa es el “descuidero”, un ser vil que nos rodea a diario y que clava sus ojos sobre nuestras pertenencias, esperando que perdamos por un instante de vista las cosas más preciadas para abalanzarse sobre ellas como cirujano de trasplantes sobre tórax de muerto cerebral.

Son como los gorriones que nos hurtan las migajas que caen de nuestra mesa o mejor, como las putas gaviotas que te roban el sándwich en cuanto te descuidas. Urracas obsesionadas por lo ajeno, porque sí.


El ladrón de móviles

Ser ladrón de móviles es un oficio sucio para curiosos, además de para fisgonear la vida de los demás, sus fotos y vídeos, sus conversaciones, los trabajos que has realizado, sus notas, y además, si puedes, llamas a cualquiera en el Congo para hacer gasto y joder al otro, que es el que paga.

Ser un ladrón de móviles es una dolencia propia de hijoputas, por el daño infligido y por lo poco considerados. También meten sus porcinas narices en tus redes sociales, ponen comentarios soeces y cometen faltas de ortografía.

Luego están esos gilipollas que ven un móvil “suelto” y se lo llevan “porque sí”:

-”¡Coño, un móvil!”

Este tipo de personas, además de tener una tara antisocial en ciernes, son unos pringaos, porque ni siquiera saben robar y aprovechan la oportunidad para hacerse con la vida de los demás, a ver qué pasa. Como el chatarrero que recoge lo “inservible”.

Pero el daño en la vida de los otros es algo que hijoputas y pringaos que roban móviles no sospechan, entre otras cosas porque en sus móviles y microcéfalas calaveras poco tienen.

Grandes proyectos profesionales se han perdido para siempre porque ratas de dos patas secuestran esos pequeños ordenadores portátiles donde algunos tenemos la fea costumbre de llevar nuestra vida al dictado.

Vaya pues este mensaje con una dedicatoria especial a los que se quedan con lo que encuentran, porque la sociedad es más pobre gracias a ellos, y que tampoco se harán ricos con sus hallazgos, porque no sabrán qué hacer con los móviles, más que comerciar con sus extraviadas carcasas.



La legislación de Arabia Saudita prevé la pena de muerte para cualquiera que robe un banco. Vietnam estipula la medida para cualquier robo, fraude o malversación. China castiga con ejecución fraudes fiscales, corrupción y robo de tarjetas de crédito. Tailandia, la corrupción. En Singapur un robo menor puede resultar en cadena perpetua sin derecho a libertad condicional.

QUR’AN, SURA 5:38: “En cuanto al ladrón, hombre o mujer, cortar sus manos, como castigo por lo que han hecho: un castigo como ejemplo, por Alá, por el crimen: y Alá es grande en poder”.

Cortar las manos y pies es usado como castigo por robar en Arabia Saudita, los saudíes afirman que este tipo de castigos sirve como prevención para evitar futuros robos. Y al parecer funciona, pues Arabia Saudita es uno de los países con un índice de crimen más bajos del mundo.


¿Quemado yo? ¡Noo, qué va!


martes, 7 de mayo de 2013

Las gafas de Google, una oportunidad contra la privacidad

Las gafas Google: 
Modificaciones en el comportamiento humano

El uso de dispositivos de grabación discretos, como las gafas Google, representa un salto de los métodos del espionaje a las manos de cualquiera. El afán voyeur de muchas personas se verá potenciado por razón de grabar lo que ven y poder almacenarlo y compartirlo con otros.

Una de esas consecuencias es la de la privacidad: por cuestiones de sexualidad, estética o el propio derecho a la intimidad. Pero también están las cuestiones derivadas de la seguridad, por el mero espionaje de instalaciones oficiales o privadas (el espionaje industrial).

El hecho de poder ser observado y grabado modificará nuestros comportamientos y nuestras conversaciones, pero también nuestra vestimenta, nuestra forma de movernos. Los exhibicionistas estarán encantados, pues la Tierra se convertirá en un gigantesco plató. Los demás, no lo estaremos tanto y muchos tendremos que tomar medidas, en nuestros despachos, en nuestros lugares de trabajo y de transporte.

He aquí dos ejemplos de lo que digo en You Tube, uno parece una simulación, pero el otro parece un caso muy real.




http://www.youtube.com/watch?v=xxopnpgTvV8

http://www.youtube.com/watch?v=8OoLeJaTQdg






Enlaces:

Las gafas google