viernes, 18 de noviembre de 2016

Hitchcock en Madrid, después de muerto

Exposición Hitchcock, más allá del suspense
Una vez traduje libremente el apellido Hitchcock a un pequeño entusiasta de sus películas y nos pasamos una mañana de risas.

Por azar conocía un significado de la palabra inglesa “hitch” (remangar) y también el de “cock” en su acepción más extendida y menos vulgar: gallo. Así que, permitiéndome una licencia de tiempos verbales, la traduje como “gallo remangao” (Hitched cock). Y ciertamente podía imaginarme los pliegues de su papada enrollándose en su oronda cabeza, coronada por una cresta roja.

De esto ya hace bastantes meses, y no le di más importancia a mi ocurrencia ni la contrasté.

Volví incluso a reírme con una parodia filmada por mi pequeño amigo de la celebérrima Psicosis, donde dos peluches protagonizaban la espeluznante escena de la bañera, con una Marion Crane bastante peluda ...





Y así, con esos buenos precedentes me decidí a ver la exposición de Hitchcock en la Fundación Telefónica, de acertado diseño, muy instructiva y de visita obligada para cualquier interesado en la cultura del siglo XX.



Policía patrullero de autopista, Psicosis




Agonía, en Psicosis
Hitchcock, más allá del suspense

El maestro del suspense puede considerarse un genio o no, eso es lo de menos, porque lo importante es que fue un innovador que influyó en el cine que vino después, fuese de terror o no.

También es un eslabón que enlaza las técnicas del cine mudo con las del sonoro, pues trabajó en ambos, pero no traicionó la expresividad del cine no sonoro; absorbió, además, el expresionismo alemán de los 20 y los 30, un comienzo espectacular del cine que se vio truncado por la irrupción del cine sonoro y los avatares políticos de Europa.

Hay mucho de cine alemán en Hitchcock, pero también su socarronería es muy británica, y ambas características las trasladó a EE.UU., donde realmente había mercado para sus películas y para las de muchos otros que emigraron antes que él.


El ojo muerto, Psicosis
La época dorada de Hitchcock coincidió, no por casualidad, con la aceptación estética de las vanguardias pictóricas, la eclosión de la moda femenina de la posguerra y la influencia de algunos españoles famosos en su obra, el cubista Picasso, Buñuel -¡cuánto me recuerda el ojo muerto de Psicosis al de Un perro andaluz! - el surrealista Dalí y el excelso diseñador Balenciaga.


Un perro andaluz, de Buñuel
Hitchcock nos demostró que un hombre feo, hijo de polleros, acomplejado y católico en un país protestante puede generar una corriente de elegancia, humor y terror capaz de hacernos ver que los grandes hombres son casi siempre inquietos por atormentados, creativos por necesidad e imperfectos en su vida privada, pero sublimes en su trabajo.

Seguramente Hitchcock nunca podría haber nacido en EE.UU. ni en otro país que no fuera Gran Bretaña, ni tampoco hubiera existido sin esa influencia del cine alemán, que alimentó sus inquietudes tempranas.

Mi opinión sobre si realmente era un genio tampoco importa, pero creo que no es ésa una de sus características. Sus obras tempranas adolecen de la capacidad para dejarnos boquiabiertos, y muestran la construcción de su personalidad como autor que experimenta con varios géneros, que se introduce en el misterio, muchas veces como al estilo de las novelas de Agatha Christie. 

Con el tiempo, empero, se van afilando su ingenio y su técnica, y ya pasa a expresar lo que realmente quiere.


Tippi Hedren en Los pájaros
Su mente torturada y en ocasiones cruel (por sus complejos, su fatuidad británica y una abyección propia de un personaje psicopatológico) gracias al cine no quedó varada en la estupefacción, el ostracismo, la ilegalidad o la demencia.

Estoy seguro de que Hitchcock disfrutó asesinando en la pantalla a estereotipos humanos que no fue capaz de aniquilar en la realidad. Sublime arte éste, el cine, que encarrila en la sociedad a los marginados que expulsó antes de sus vías.

Su gran sentido estético y la calidad de ejecución y terminación de sus obras las coloca en el terreno de la pintura, la literatura y el teatro, por lo que su cine basta como muestra por sí solo para que esa actividad sea reconocida como arte.


Cartel de Psycho
Psicosis

El título original de la película “Psycho” es mucho más ambiguo que el de la traducción española: Psicosis, y también más clarificador.

Porque “Psycho” es un psicótico, pero además un psicópata e incluso se puede traducir por “morboso” un significado que, tal vez, casa más con el espíritu del cineasta.








Dónde y cuándo

Espacio Fundación Telefónica
C/Fuencarral, 3. Madrid

Del 5 de octubre de 2016 al 5 de febrero de 2017


Enlaces

Exposición de Hitchcock en Fundación Telefónica


Apéndice


El apellido Hitchcock

Un apellido aparentemente tan sencillo como éste es difícil de pronunciar correctamente para un hispanohablante, y aún más escribirlo sin comernos una letra.

Y desentrañar su significado se torna aún más peliagudo.


Hick en inglés es un paleto, un pueblerino, un palurdo o un cateto y cock es un gilipollas, y también un capullo. Seguro que a más de una se le pasó por la cabeza regalar a Alfred esos calificativos.

O también imaginaron la acepción más vulgar de cock, no sin cierta aprensión. 

O incluso adivinaron su deseo de crear un corral con sus rubias gallinitas actrices. Al fin y al cabo, en una comida con Truffaut había dicho que los actores eran ganado.

El apellido tiene significados más siniestros, como el de amartillar un arma (cock), pero el origen del apellido Hitchcock es mucho más inocente y pueril, tal vez para disgusto de quien se relamía deseando rubias delgadas, serias y estilosas, las asesinaba vicariamente en siniestras casas o les lanzaba feroces gaviotas a la cara con riesgo de que les picotearan los ojos.

Realmente el apellido Hitchcock refiere el nombre de un ascendiente: “el hijo de Richard”.

Hitch es un antiguo hipocorístico infantil de Richard y Cock es su diminutivo más común.

Y es que Hick, Hitch o Nick es una antigua forma alterada para expresar afecto o familiaridad del nombre Richard. La R inicial pasó a convertirse en H, como por ejemplo en Hodge por Roger, o en Hob por Robert.

Y cock es un sufijo diminutivo medieval, así que “el pequeño Ricardito” podría ser una de las traducciones literales más acertadas que, libremente, podríamos traducir por el "retoño de Ricardito".

Un inocentísimo apellido para quien ha sido el mayor intrigante del cine del siglo XX.










martes, 11 de octubre de 2016

Los árboles viejos frente a los pinos de repoblación

Tejo milenario de Barondillo, en Guadarrama
Fuente: Internet
Con la muerte de las personas ocurre diferente que con la muerte de los árboles: el que mata a un niño es el más execrable de los criminales, y algo parecido ocurre con los árboles longevos, al contrario que con el arboricida de pequeños plantones. Y esto tiene su lógica.

La majestuosidad de un árbol añoso, su vigor y la comunidad faunística, vegetal y fúngica asociada a sus ramas, hojas, raíces y corteza forman un ecosistema en sí mismo, que sobrevive incluso al árbol en sus huecos, en su materia inerte. 

Por eso es un crimen acabar con un gran ejemplar, máxime si los hombres además lo han dotado de significado cultural, mágico, e incluso viven de él.

El Roblón de la Pernía (Palencia)
Fuente: Internet
Los gigantescos roblones de nuestras sierras, las grandes encinas, los castaños y olmos enormes, los tejos viejísimos, los centenarios olivos y las sabinas eternas son patrimonio cultural de todos los españoles, porque estaban allí antes incluso de que sus dueños o sus abuelos pisaran esas tierras.

Los dueños de esas tierras que los talan y las administraciones que los destruyen en aras del "progreso" son criminales, porque un crimen es una acción voluntaria de matar o herir gravemente a alguien -o a algo vivo, añadiría yo- y es también una acción indebida o reprensible, aunque no sea un delito grave porque no lo quieren las autoridades.

A los criminales que matan árboles longevos, les diré que además de gentes sin escrúpulos son idiotas, porque aquel árbol que plantan joven en su lugar nunca lo verán crecer tanto como el que han talado, y arrebatan a los demás las sensaciones más místicas y sublimes que pueden tenerse con la mera contemplación de un ser vivo, testigo de los avatares del tiempo y de los hombres.

Olivera Grossa de Villajoyosa
Fuente: Internet
¿Para qué entrar más en el deterioro ecológico que supone, si su propia idiotez les ciega el entendimiento para comprenderlo?

Tampoco me parece defendible la tala de árboles, cualesquiera que sea su edad. He plantado decenas de árboles en los montes y llanos de Castilla y Extremadura, algunos de ellos en la culta ciudad de Valladolid, que lo es para tener facultades universitarias, pero zafia en mantener sus árboles y arbustos en los jardines, porque los sucesivos ayuntamientos me los han talado, siendo algunos de ellos de varios metros de altura.

Uno era un excelente ejemplar de 5 metros y 10 cm de diámetro de Ulmus minor, fuerte y vigoroso como no había otro en toda la desdichada capital, afectada por la grafiosis hasta en las meninges de sus jardineros-taladores.

Y también otros, como un recio y juvenil pino piñonero que molestaba al actual concejal de medio ambiente, muy de izquierdas para piarla, pero tan iletrado como los otros.

Mentecatos estúpidos esos jardineros y los alcaldes que lo permitieron, nombrando concejales paleolíticos.


Los árboles más viejos

Encina de Tres Patas, de Mendaza (Navarra)
Fuente: Internet
Poder determinar la edad de un árbol vivo es difícil y siempre tendemos a equivocarnos, porque las condiciones naturales dan crecimientos muy diferentes para las mismas especies y no siempre se puede usar la barrena pressler, un instrumento que es peligroso para el árbol.

España es pródiga en árboles añosísimos por la abundancia de montañas poco accesibles a las talas y por las características de varias de sus especies autóctonas: sabinas, tejos y encinas, y de especies que algunos consideran importadas en tiempos pretéritos, como los olmos, los castaños y los olivos.

Teniendo en cuenta ésto y que a todos nos encanta tirar por lo alto, incluyo una serie de enlaces de árboles muy viejos en España; algunos ya vivían antes de que los romanos pisaran España. Y todos mucho antes de que la caterva de necios que nos gobierna y se hincha los bolsillos con sus talas legales e incendios no perseguidos saliera de la caverna de la inopia.


Encina milenaria de Mota del Cuervo
Fuente: Internet
La Encina de Mota del Cuervo (Cuenca), posiblemente un ejemplar doble. Es considerada una de las encinas más grandes de Europa.

La Encina de Tres Patas de Mendaza (Navarra) posiblemente sea también un ejemplar doble. Se le calcula una edad de 1200 años.

Pero según otros, la encina más vieja de Europa está en Sant Joan de Labritja, Ibiza, y se le calcula unos 500 años de edad.


Recuerdo una gran encina en Salamanca a la que le habían estimado unos 800 años de edad, como su universidad, símbolo también del escudo de la ciudad. Se encontraba detrás de la Catedral y según leí en el periódico local de la época, unos pintores que estaban de reformas vertieron pintura en una alcantarilla al pie del árbol y murió envenenado.

Triste y sonrojante final para un ser vivo con el que no pudieron ni terremotos ni invasiones pero sí un cubo de pintura vertido por personas sin educación ecológica.

Afortunadamente la protección de esos viejísimos seres está cambiado, y hasta hay concursos para fomentar su conservación en Europa.

Los candidatos españoles a Árbol Europeo del Año 2016 fueron:

La Gran Carrasca de El Pedregal un impresionante ejemplar de trece metros de altura y 4,70 metros de perímetro, de al menos 400 años. Este árbol compitió con la Olma de Guadarrama (Madrid), la Matasequoia del Centro de Investigación Forestal de Lourizán (Pontevedra), el Tejo de Bermiego (Asturias), los Olmos del Parque de los Príncipes en Sax (Alicante), el Pino-roble de Canicosa (Burgos) y el Fresno El Abuelo de la Dehesa de Moralzarzal (Madrid).

El pino-roble de Canicosa nos representó en esta edición, quedando en un magnífico quinto puesto de quince candidatos europeos.


Enlaces









Flora autóctona frente a flora repoblada

Frente a la existencia de una gran variedad de especies arbóreas en España, la repoblación de los montes españoles se ha realizado en el siglo XX con algunas pocas especies de rápido crecimiento y de fácil aprovechamiento, en parte para combatir la erosión, pero también para generar un beneficio a corto plazo sin pensar en las necesidades ecológicas de los montes españoles.

Eucaliptos y pinos foráneos, otras coníferas españolas fuera de contexto y estirpes homogéneas han constituido durante décadas el castigo de nuestros reductos biológicos más valiosos. 

Con todo, evitar la erosión y favorecer un dosel protector a las frondosas para su recuperación se nos antoja al menos suficiente éxito, aunque tenemos mucho trabajo por delante para restaurar los montes españoles como pudieron estar antes de las grandes talas históricas por las administraciones y los particulares.



Mapa de distribución de Pinus pinaster en España y Sur de Europa
Fuente: www.euforgen.org
El pino negral, el rey de las repoblaciones

El Pinus pinaster o pino negral es la segunda* especie arbórea en extensión superficial en España, donde ocupa en masas monoespecíficas una superficie próxima a 1.060.000 ha, aunque está presente mezclada con otras especies en 620.000 ha adicionales.


Esa cifra total está constituida tanto por pinares naturales como por repoblaciones, ya que se trata de la especie con la que se ha reforestado una mayor superficie en España; desde 1940 hasta 1983 se estima la repoblación de unas 800.000 ha (Solís, 2003), parte de las cuales sin embargo se han perdido por incendios.

Se puede decir que es la única especie forestal presente, en mayor o menor medida, en todas las provincias españolas, exceptuando las islas. El centro de diseminación de Pinus pinaster parece situarse en la Serranía de Cuenca (Gil, 1991), desde donde se expandió siguiendo las líneas montañosas.

Su expansión, lo mismo que su extinción reciente en diversas áreas, parece estar muy unida a la actividad humana y, en concreto, a la frecuencia de incendios (Alcalde et al., 2004). Se considera que esta especie tienen un importante papel serial en la vegetación española, como fase previa a la instalación de frondosas, si bien en determinadas circunstancias puede tener un carácter climácico, sobre todo en zonas con limitaciones de sustrato, como las dolomías o areniscas del sur peninsular, o las arenas de gran potencia de la Meseta castellana.


Macrorrestos encontrados en el yacimiento de Hontalbilla (Segovia) aportan importante información sobre el carácter autóctono del pino negral en el manto de arenas del sector meridional de la cuenca del Duero, lo que induce a pensar que el pino negral es una especie integrante del paisaje vegetal de la Meseta en el Holoceno.

Desde una perspectiva selvícola es útil considerar dos subespecies, reconocibles por su localización y morfología: la subespecie atlantica (pino marítimo) y la subespecie mesogeensis (pino resinero, negral o rodeno).

Pinus pinaster es la especie española del género que se adapta mejor al aprovechamiento resinero, particularmente en Soria, Cuenca, León, Guadalajara o Albacete.


*El Pinus sylvestris es la especie de pino en España con mayor cantidad de pies adultos y el Pinus halepensis la que mayor superficie ocupa.


Fuentes

La superficie forestal española en cifras


Silvicultura de Pinus pinaster








jueves, 6 de octubre de 2016

La Vereda y la Sierra de Ayllón

Pico Ocejón, en la Sierra de Ayllón
desde las proximidades de La Vereda
Localización geofísica
y política de La Vereda

La Sierra de Ayllón es una de las regiones montañosas con el índice demográfico más bajo de la Unión Europea.

La localidad de La Vereda se encuentra en las estribaciones de esta sierra, Comarca de la Serranía, subcomarca de Tierra de Colmenar-Montesclaros, una zona aún más despoblada por la expropiación de tierras a la que fue sometida para construir un pantano y repoblar forestalmente.

Barranco de pizarra y pinos
Hablamos de una extensión pizarrosa y agreste modelada por el río Jarama, sus afluentes y el pantano construido en los años 50, en la que encontramos vegetación de ribera, manchas de robles y encinas, grandes extensiones de repoblación (Pinus uncinata, P. sylvestris, P. pinaster, P. nigra subsp. austriaca, P. pinea) y matorral mediterráneo en las solanas más expuestas. 

De todos estos pinares, sólo se consideran autóctonos los pinares de pino albar (P. sylvestris) de la Sierra de Alto Rey.


La Vereda, plaza
La aldea de la Vereda, el despoblamiento

La Vereda es una aldea semiabandonada de los Pueblos Negros situada a 1080 m. de altitud y rodeada de bosques de pinos. En el censo de 2009 contaba con 4 habitantes y ahora está en proceso de reconstrucción y repoblación. 

Actualmente pertenece al municipio de Campillo de Ranas. E históricamente formaba parte del Concejo de El Vado, que estaba constituido por las aldeas de La Vereda, Matallana y la propia localidad de El Vado. Éste sería evacuado en 1954 para ejecutar el llenado del embalse de su mismo nombre y desaparece como entidad.

Iglesia-ermita de La Vereda dedicada a
Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción
Con la desaparición prevista de El Vado, el ayuntamiento del Concejo pasa en 1950 a La Vereda, y la Parroquia pasa a la ermita de San Juan en Matallana. Con este motivo los vecinos construyen en La Vereda la nueva Casa de la Villa y edificios públicos, como la Casa del Secretario, Escuelas, Fragua y Molino.

En 1972 el municipio de La Vereda pasó a depender del Ayuntamiento de Campillo de Ranas, al ejecutarse la expropiación forzosa de la mayor parte de su territorio por parte del Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA), siendo desde 1983 propiedad del gobierno regional de Castilla-La Mancha.

El objetivo no era otro que poder repoblar con coníferas las partes altas de la sierra para evitar la erosión y la colmatación del vaso del embalse por los productos de la escorrentía.


Trillado tradicional del cereal en La Vereda
Fuente: Internet
Historia humana de La Vereda

La zona fue habitada desde los tiempos paleolíticos, existiendo yacimientos en diversas cuevas de Matallana y La Vereda.

Con la llegada violenta de los musulmanes en el siglo VIII, queda prácticamente despoblada por la huida hacia el norte, iniciándose una repoblación con colonos bereberes de ocupaciones pastoriles, que se asienta en estas tierras improductivas para la agricultura junto con la escasa población hispano visigoda restante.

En el siglo XI, Alfonso VI la reconquista para Castilla, iniciándose el periodo repoblador cristiano formado fundamentalmente por leoneses, castellanos, gallegos y asturianos.

Hacia 1759 aumenta rápidamente la población y se amplía y mejora la antigua ermita de La Vereda, de la cual hay constancia desde 1544 -dedicada antaño a San Bartolomé- y se bendice para poder celebrar los Sacramentos.

El Río Jarama embalsado
Durante la Guerra Civil de 1936, en El Vado, La Vereda y Matallana, se inicia un periodo de destrucción de los edificios eclesiásticos por las fuerzas republicanas, afectando gravemente a la organización tradicional de sus habitantes.

Después de la guerra, se proyecta el embalse de El Vado para abastecer de agua a Madrid, lo que supone el golpe definitivo para la desaparición de los núcleos poblados.

El anegamiento por las aguas embalsadas del río Jarama provocó el corte de la carretera que comunicaba a través de la Cañada Real los núcleos de La Vereda y Matallana con el exterior.

En 1950 se inicia también por parte de ICONA la repoblación forestal de la finca Montesclaros. Así, sin accesos asfaltados y dedicados casi en exclusiva a la ganadería de subsistencia, interferida por la repoblación con pinos, la emigración aumenta en la década de los años 60.

Finalmente, en 1972, se produce la expropiación forzosa de todo el término municipal de La Vereda, Matallana y El Vado, ante la declaración de utilidad pública por los trabajos de repoblación forestal que se realizan.


La rehabilitación de La Vereda es continua

La recuperación de los pueblos negros de la comarca


Corre el año 1976, con cambio de régimen político, cuando un grupo de arquitectos de Guadalajara y Madrid, evitan que ICONA derribe todos los edificios de La Vereda y Matallana para proseguir con la reforestación; de este modo se logra preservar la integridad de estos pueblos.

Es entonces cuando comienza un movimiento social interesado en recuperar las viviendas de sus padres, y se inicia la reconstrucción de las casas deterioradas por el abandono. Muros, tejados, calles e interiores van recobrando el aspecto que tenían cuando la ocupación humana del pueblo lo mantenía vivo.


Restauración de muros
Una vez que finalizan las obras de la primera fase de restauración de la iglesia, que promueve el Obispado de Sigüenza-Guadalajara y patrocina la Diputación de Guadalajara y la Asociación Cultural Hijos de La Vereda, la Iglesia-Ermita de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción se reabre al culto el 24 de junio de 2007. Actualmente es el único edificio social representativo de La Vereda.




Ventana en La Vereda
La arquitectura de La Vereda

La primera impresión que se tiene al conocer un pueblo negro es sobrecogimiento. El mimetismo con el entorno es tal, que podemos decir que parecen cuevas aéreas. Su integración con el medio es absoluta.

Sus tejados y perfiles bajos son producto del material con el que se construyen: lajas de quebradiza pizarra oscura, que no permite estructuras sólidas para construir más de dos pisos con seguridad.

Las vigas, dinteles y jambas son fundamentalmente de madera de roble y encina y no existen los arcos ni las bóvedas estructurales. Tampoco es nada fácil excavar sótanos en un suelo tan duro como el clima que soportan.

En el exterior de las viviendas se pueden encontrar pequeños corrales, normalmente enlosados. En las casas sólo destacan las grandes chimeneas y los hornos semicirculares, con los dinteles de las puertas y ventanas realizados con un madero horizontal.
Chimenea en La Vereda

Los accesos de las viviendas tienen pequeños tejadillos. Dichos tejadillos se solían encalar, al igual que el exterior de las puertas y ventanas y todo el interior de la vivienda, con el doble objeto de evitar los insectos y por su propio enlucido.

Una de las características de la arquitectura de La Vereda es la utilización de cantos rodados entre la mampostería de pizarra, que son utilizados para remarcar las plantas de la vivienda mediante alineaciones, para reflejar iniciales de los autores o recreando cruces protectoras del hogar.

Es paradójico pensar que si no se hubiera construido el embalse y no hubieran quedado aislados estos pueblos, la carretera habría llevado hasta ellos el deleznable cemento y la teja de barro, las antenas de televisión y también el agua corriente y la electricidad ...


Muchos pueblos españoles del interior sólo conocieron todas esas comodidades a partir de los años 60 del siglo XX, sin haber pasado por estados intermedios. El destino que le tenían reservado los agentes del gobierno a La Vereda pasaba por su destrucción, no por invertir una sola peseta en ellos.

Sólo el tesón, el sentido estético y el amor a los antepasados ha rescatado desde el túnel del tiempo ese maravilloso deleite para los sentidos y esta manera de vivir ancestral de levantarse con el sol y acostarse cuando se pone, plegándose a los ciclos biológicos y al tiempo, en sintonía con la Naturaleza extremada de estas inhóspitas sierras

Barrio alto, despoblado

Barrio junto a la plaza


El Arroyo de Vallosera y el Barranco de Roblemarina


Buitre leonado despegando de
un cantil fluvial del Río Jarama
El nombre del arroyo de Vallosera o Ballosera, se encuentra ya en los Libros de Cuentas del Concejo de El Vado del siglo XVI, donde se indicaba el arriendo de la pesca de dicho arroyo, así como el mantenimiento que requería el puente de La Vereda que cruza el arroyo Vallosera en el camino entre La Vereda y Valdesotos.

Se traduce su nombre como "valle de los osos", seguramente por la presencia de los mismos en aquella época y también presentes antiguamente en los cercanos montes de Madrid.

En todo su cauce discurre encajonado entre formaciones pizarrosas muy abruptas, tales como el recorvo de las Pilas de las Covachas o la Pozalloso, en el término de La Vereda, y la Peña Bandoria, ya junto al cerro donde se sitúa la iglesia de Santa María del Vado y donde desemboca, en el embalse de El Vado.
Meandro del Río Jarama

El Pilón es una gran poza en el Barranco de Roblemarina, con poyetes tallados en el lateral y agua templada en invierno, que servía a las mujeres de lavadero. Hoy está cubierta por la maleza y el cieno.

Tal vez el nombre del barranco tenga que ver con las talas de grandes robles destinados a la construcción de los buques de guerra, en los tiempos en los que los concejos colaboraban forzosamente con el sostenimiento de la Armada Real, si bien se preferían los robledales litorales para estos menesteres por la facilidad de transporte de los troncos.



El Vado, el pueblo engullido por las aguas


Restos de la iglesia de El Vado
La iglesia de Nuestra Señora La Blanca es de lo poco que se salvó cuando las aguas inundaron el pueblo de El Vado, como consecuencia de la construcción de la presa cercana.

También el cementerio del pueblo quedó emergido. El resto de la localidad serrana sucumbió al irregular nivel de las aguas del Río Jarama.

La parroquia fue trasladada por ese motivo a la ermita de San Juan en Matallana.



Fotos: El Zenobita

Enlaces

La Vereda en Wikipedia

Pueblos deshabitados de España, La Vereda

Asociación Cultural La Vereda

El pueblo abandonado de La Vereda en Guadalajara

Ruta de senderismo La Vereda - El Vado

Blog de La Vereda, Matallana y El Vado

Un paseo por La Vereda

Asociación Cultural La Vereda / características del medio físico

Arquitectura negra en Guadalajara

Los nombres Arriaca, Alcarria y Guadalajara: etimología y significado

Los pueblos de arquitectura negra

Elementos singulares de la arquitectura de La Vereda

El Monasterio de Bonaval en Retiendas

Excursiones otoñales en Desnivel

La estrategia de vuelo de los pájaros planeadores terrestres 

El buitre leonado sobre las sabinas milenarias del Río Arlanza












El Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara

Campos del noroeste de Guadalajara de amanecida, cuando los corzos salen a comer el cereal caído


Guadalajara es una tierra de Castilla que no es La Mancha, tan olvidada que a duras penas podemos citar su miel de La Alcarria y el Doncel de Sigüenza como sus referentes, pero que posee entre sus montes norteños toda la fuerza de la Iberia más salvaje y agreste, llena de sorpresas botánicas en sus pliegues, de pueblos que han resistido increíblemente al desarrollismo y a la planificación, a las puertas mismas de su destrucción.




Ruta desde el pantano de El Vado a La Vereda

Pueblo negro de La Vereda en octubre de 2016
02/10/16

Inicio mis excursiones de otoño con la vista puesta en las lluvias, y en salir con algún grupo de compañeros seteros expertos con los que compartir unos hongos suculentos a los vahos de un buen puchero.

Mientras tanto, me conformo con las excursiones multitudinarias de los grupos de Facebook, una excelente manera de conocer sitios sin gastar tiempo y poder contrastar los conocimientos que sobre lo natural tienen los madrileños urbanitas.

No me preparé nada, excepto comida y agua. Pero imaginé un terreno quebrado, duro y pizarroso que luego resultó ser un cómodo paseo de 18 km. por pistas y un sendero bastante llano, tapizado de pinocha y bien preparado con lajas de pizarra.

Desayunamos en Humanes, en el bar Sinagoga, porque en Retiendas el bar no abre hasta las 10 de la mañana. Después nos juntamos en el monolito de entrada a este pueblo para acercarnos hasta la presa de El Vado, sobre el irregular e imprevisible río Jarama, que lo mismo viene seco que generoso.


Parque Natural
Sierra Norte de Guadalajara




Localización de La Vereda


Presa de El Vado
Cruzamos el pantano dos veces, atravesando el túnel excavado en la roca y llegamos hasta una pequeña explanada donde caben unos 6 ó 7 vehículos. Allí sale una pista hacia la aldea semiabandonada de La Vereda, y digo aldea pero sin fundamento, pues cuando El Vado fue sepultado bajo las aguas del pantano, La Vereda se hizo con el ayuntamiento.

No seguimos la pista hasta el pueblo, sino que serpenteamos por un sendero estrecho más abajo y más cerca del pantano, a media ladera y dejando muy abajo el río encajonado y embalsado, con muy poco nivel de agua en estas fechas.

Buitres leonados en cantiles del río Jarama
En unos cantiles rocosos vimos una decena de buitres leonados, que emprendieron el vuelo asustados y remontaron las tenues térmicas matutinas provenientes del fondo del valle.

La escasez de aves es notoria, tal vez por ir un grupo de casi 50 personas, pero sí que hay una interesante variedad vegetal relicta bajo el dosel omnipresente de pinos repoblados, que posiblemente sean pinaster y sylvestris.

El Jarama próximo a la presa de El Vado
Entre ellos crecen dos especies de brezos sin florecer, jara pringosa muy común, estepa, escaramujo con las bayas comestibles pero todavía inmaduras, algunos espinos albares sin fruto, zarzamoras de polidrupas pequeñas pero muy dulces, cantueso sin flores, grandes cerezos solitarios, algún almendro, fresnos y alisos en los cauces de los arroyos, encinas y robles melojos dispersos y hasta nogales en los núcleos urbanos. En general, una vegetación agreste subyacente y típica de esta parte de Guadalajara.

En las cercanías de La Vereda, a unos 15 minutos de llegar, se encuentra una gigantesca encina del tamaño de un roble albar muy grande. Le calculo más de 400 años y creo que es más añosa que la encina de Boadilla del Monte (M) cercana al observatorio de aves.


La Vereda, antes del despoblamiento. Trillando.
Fuente: Internet
La Vereda, aldea

La Vereda es un pueblo con 4 habitantes, según el censo de 2009. Después de la creación del embalse, asumió las funciones administrativas de El Vado, pero la falta de infraestructuras y comunicaciones lo llevó al abandono en los años 70.

Es uno de esos pueblos de arquitectura negra que se mimetizan con el paisaje y el mejor conservado que conozco. Actualmente lo gestiona una asociación que lo está recuperando, manteniendo toda su esencia tradicional, en la que no caben ni la electricidad ni el agua corriente.

Tiene dos barrios, una iglesia y un mirador colgando sobre un despeñadero, donde reponer fuerzas con un bocadillo tierno de embutido y un buen chorro de vino tinto en bota.


Ruta El Vado - La Vereda
Fuente: Internet




De vuelta todo fue más fácil por el camino, el premio había sido contemplar un pueblo como los que vieron los bisabuelos de muchos de nosotros y como lo vivieron los padres de algunos de los restauradores y moradores eventuales de esta joya de la arquitectura y la cultura españolas. Un ejemplo de tesón y de amor a nuestros antepasados.

Un viento fresco aliviaba nuestros sudores en estos octubres calurosos que estamos disfrutando y padeciendo últimamente. A nuestra izquierda de nuevo el Jarama encajonado y domesticado, de fondo la enorme mole del monte Ocejón, y a su sombra, el esqueleto de la iglesia de Nuestra Señora de la Blanca, único testigo de la destrucción a la que someten el medio humano y natural las infraestructuras de abastecimiento de las grandes aglomeraciones humanas como Madrid.


Entorno de El Vado, 1979
Fuente: Internet


Entorno de El Vado, 2016



Restos de la iglesia de El Vado
Nuestra Señora de la Blanca



Más información: La Vereda y la Sierra de Ayllón

Fotos: El Zenobita