Crítica literaria
Bajo los rojos tejados rojos de la extensa biblioteca de este zenobio, hay anaqueles repletos de libros desiguales, lujosísimos los menos, viejos los más, en varias lenguas vivas y ninguna muerta, algunos pocos prohibidos o inencontrables y casi ninguno detestable, de los cuáles me resisto del todo a tirar por el hecho de ser pensamientos congelados en el espacio-tiempo.
Exceptuando dos opúsculos sobre momificación, un grueso tratado de Botánica y los recetarios de cocina de varias congregaciones, el resto ha cambiado de estante tantas veces ..., por aquello de acomodar los tamaños, y su espíritu fluye libre cada vez que ventilo las salas.
Abajo, en el sótano lóbrego de olores acres y persistentes, se encuentran los legajos manuscritos a tinta y carbón, las publicaciones periódicas subrayadas a la luz incandescente, de obsesiva y subyugante lectura, algunas con tenues manchas de cera roja, cuando las tormentas y los acreedores decidían descansar su látigo interruptor sobre los moradores de las partes más altas de esta biblioteca.
De cuando en cuando, después de reposado con viveza de la vorágine laboral, repaso los cantos de algunos libros olvidados adquiridos en los años pasados, habitualmente releídos y furtivamente estudiados en partes; aquellos que necesitan una segunda y tercera lecturas profundas, y completar unas pocas páginas aún ignotas.
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Madrid cutre, el cronicón de Madrid
Un escenario para el escarnio y la catarsis.
Cenobio para monjes solitarios, cenotafio para devotos de la noche.
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lunes, 6 de octubre de 2014
Literatura: crítica de libros
viernes, 28 de diciembre de 2007
Desde el interior
Resulta positivo extraer de las minas del interior, rascando las paredes, las luces de las ideas que iluminan el pensamiento hablado, las palabras, que por sí solas no significan, no evocan.
Si la luz de unos ojos como los tuyos traza su rayo añil y me atraviesa, entrándome por los huecos de mis pupilas, recorrerá las cavidades de mi mente, rebotando mansamente en sus paredes, hasta detenerse, hasta flotar y ser absorbido, poco a poco, convirtiendo la intensa luz de azul oscuro en un tenue espectro de color pálido, como tu sonrisa, como tu suave hálito vital.
Y si te digo "amor" acompañado de la palidez de la luz que absorbí indómita de tus ojos y que ahora se amansa dentro de mi ser, habré iluminado de candor una palabra, un ruido que amasaron mis labios para lanzarte fuego, pero que tú convertiste en una llamita azul, danzante en el hueco de mi pensamiento, alumbrando la caverna de mi ser, que perdió su luz ya muchos años.
Y si te digo "beso", seccionado mi corazón por una onda mortal de amor que proviene de tu pecho, tan escuálido que se transparenta, será encendiendo las cuatro letras de que consta, como cuatro saetas incendiarias que te penetran, que paladean tus labios tenues, tu lengua rosa, encondida detrás de tus dientes.
"Amor" y "beso", no es más que eso, y lo dije todo.
Si la luz de unos ojos como los tuyos traza su rayo añil y me atraviesa, entrándome por los huecos de mis pupilas, recorrerá las cavidades de mi mente, rebotando mansamente en sus paredes, hasta detenerse, hasta flotar y ser absorbido, poco a poco, convirtiendo la intensa luz de azul oscuro en un tenue espectro de color pálido, como tu sonrisa, como tu suave hálito vital.
Y si te digo "amor" acompañado de la palidez de la luz que absorbí indómita de tus ojos y que ahora se amansa dentro de mi ser, habré iluminado de candor una palabra, un ruido que amasaron mis labios para lanzarte fuego, pero que tú convertiste en una llamita azul, danzante en el hueco de mi pensamiento, alumbrando la caverna de mi ser, que perdió su luz ya muchos años.
Y si te digo "beso", seccionado mi corazón por una onda mortal de amor que proviene de tu pecho, tan escuálido que se transparenta, será encendiendo las cuatro letras de que consta, como cuatro saetas incendiarias que te penetran, que paladean tus labios tenues, tu lengua rosa, encondida detrás de tus dientes.
"Amor" y "beso", no es más que eso, y lo dije todo.
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